Opinión / Periodista y analista político.

Bien por Rajoy, mal por Hollande

Por Pedro Calvo Hernando 17 noviembre, 2015 - 22:51

Como recuerda Baltasar Garzón en "El País", han tenido que pasar 12 años "para que Tony Blair haya reconocido que la guerra de Irak está en la base de la generación del terrorismo del Estado Islámico que, sin aquella acción ilegal y sin justificación, nunca hubiera aparecido".

Y añade que ahora nos toca sufrir las consecuencias, incluso los que no tuvieron ninguna responsabilidad. Las atrocidades terroristas, como recuerda el juez, unas veces desencadenan guerras de gravísimas consecuencias y otras responden con el envío de tropas a las zonas de conflicto. Y se pregunta si nadie piensa en las consecuencias y en la reacción de la otra parte. Es claro que lo de Afganistán e Irak han tenido respuestas sostenidas en el tiempo, que se van a repetir ahora tras lo de París, a la vista de las primeras reacciones.

Por todo eso me han sorprendido mucho las locas prisas del presidente Hollande, que parece haber perdido toda la memoria de lo sucedido en los últimos años. Que eso les ocurra a personajes de cierta calaña se medio entiende. Pero no en el caso del presidente francés. Lo siento. Y no es preciso recordar que Aznar todavía no ha pedido perdón, ni siquiera después del reconocimiento de Blair. Deseo con toda mi alma que dentro de muy poco tiempo no tengamos que repetir las largas y penosas lamentaciones  y zozobras de los tiempos posteriores a la invasión de Irak.

De manera que las reacciones de intenso dolor tras los atentados de París, expresión de la bondad y la generosidad de las gentes, no deben servirnos de pantalla que nos oculte la tragedia posterior que supondría la cruel repetición de la historia que comenzó doce años atrás, con el bombardeo de las Torres Gemelas. Para locuras ya hemos tenido bastante. Sería necio y suicida repetir el pasado. Y olvidando que la lucha contra el terrorismo execrable debe comenzar por combatir con denuedo las causas que lo provocan o que contribuyen a su florecimiento. Y menos despreciar a Pablo Iglesias y los suyos por el delito de haber dado en el clavo al condenar resueltamente los atentados de París pero sin cerrar los ojos a las realidades injustas en las que el terrorismo puede buscar justificaciones o excusas. Tras el 11-M al Gobierno español no se le ocurrió ocupar ningún país  árabe ni bombardear nada, sino aplicarse bien en la búsqueda de los asesinos de Madrid y reflexionar sobre por qué los terroristas habían cometido aquellas salvajadas inenarrables. Y ahora parece que Mariano Rajoy es uno de los gobernantes occidentales más serenos y juiciosos ante la masacre parisina, lo cual me alegra y me reconforta, suponiendo que no cederá a presiones de Francia, Reino Unido, Rusia y compañía para embarcarse en aventuras disparatadas.


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