Opinión / Periodista y analista político.

No tembló la tierra el día de la filtración

Por Pedro Calvo Hernando 05 abril, 2016 - 20:15

La filtración de los "papeles de Panamá" ha sido uno de los golpes más duros de los últimos tiempos para quienes todavía siguen creyendo en aquello de la bondad

y la decencia y en la rectitud de los poderes y de los personajes públicos sin más precisiones ni distinciones. Estamos ante una terrorífica agresión a los fundamentos mismos de la moral, la ética y en su caso las leyes penales y tributarias. Pero la tarde de la gran filtración no se oscurecieron los cielos ni temblaron las entrañas de la Tierra y lo que comenzó es una sucesión de desmentidos, de expresiones de indignación superhipócrita e incluso de amenazas de denuncias ante los tribunales por parte de algunos de los más conocidos señalados en las listas.

No percibo una condena suficiente ni una radical exigencia de inmediatez y dureza en la persecución de los presuntos, a los que hay que designar así para evitar que te caigan encima con la inmensidad de su poder. Esta vez la cosa no se centra solo en personajes de los poderes políticos, aunque están bien presentes, sino que se extiende por el universo mundo de los poderosos del dinero, de la fama y de la vida privilegiada, que debe parecerles no tanto cuando se atreven a agredir de esa forma a la mayoritaria ciudadanía que lleva una vida normal o sacrificada y que cumple estrictamente con las ineludibles obligaciones fiscaltributarias.

En las listas tenemos incluso a unos cuantos presidentes de país o gobierno y a otros responsables políticos, a los que no se ha visto dimitir, cuando en el caso de que la cosa no fuera penal, desde luego es vergonzosa y lo más lejos imaginable de las más elementales normas de la decencia y la humanidad. En España no nos libramos de figurantes en las listas, algunos muy conocidos, incluso por sus lecciones de comportamiento cívico y de ejemplaridad. Lo obvio es exigir la mayor dureza y diligencia en la aclaración y persecución de los hechos, empresa también dificultada, como tantas otras, por la situación de impotencia política y la desgana en acometer con toda urgencia el retorno a la normalización de los poderes y del funcionamiento de las pautas democráticas.

Todavía tenemos que aguantar la sutil broma de ver cómo se convocan reuniones o cumbres de partidos que luego se suspenden o no sirven para nada. Y tenemos que ver negativas a un entendimiento incomprensibles y reprobables, como si no nos estuviéramos jugando nada. Me sorprende esa irresponsabilidad casi generalizada y me sorprenderá más si luego todo el mundo escurre el bulto y se limita a echarle todas las culpas al otro. Por ejemplo, de una repetición de elecciones que solo serviría para empeorar la situación y consagrar el sentimiento generalizado de frustración.


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