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Opinión / Blogger, técnico sanitario, instructor de actividades acuáticas y socorrismo, profesor de spinning y estudiante de derecho.

Ahogamiento secundario: cómo prevenirlo

Por Paco Sánchez 04 julio, 2016 - 4:23

Es un tipo de ahogamiento muy poco conocido, pero es mortal y silencioso; es por ello que hoy hablamos de ello. 

Para ser conscientes del peligro que entraña hablaré primero de los tipos de ahogamiento.

Para no extenderme mucho, podemos decir que tenemos dos tipos de ahogamiento: seco y húmedo. El seco se produce cuando no entra agua en los pulmones debido a un espasmo de la laringe, pero tampoco entra aire y el niño puede asfixiarse. Se trata de un mecanismo de defensa. Hablamos de ahogamiento húmedo cuando sí se produce una entrada de líquido (agua de mar, piscina) en los pulmones. 

Cuando una persona es reanimada después de extraerla del agua, puede parecer que recupera constantes vitales como buen pulso, respiración normal, ritmo cardíaco normal. Aunque con las maniobras de resucitación salga agua de sus pulmones y la víctima se encuentre bien, no debemos desentendernos y debemos animarlo a que acuda a su centro sanitario.

¿QUÉ OCURRE EN EL AHOGAMIENTO SECUNDARIO?

Con la entrada de agua en los pulmones (y más con la entrada de agua con químicos que contiene la piscina) se produce una irritación a nivel alveolar y que además provoca la pérdida de surfactante, con lo cual, la función pulmonar se deteriora hasta 72 horas después de la reanimación, lo que puede producir la muerte. 

Los síntomas son sobre todo: mucho sueño y comportamiento anormal, que es debido a que la oxigenación desciende. 

¿CÓMO PREVENIRLO?

- Educación acuática: no dejes que tu hijo se bañe solo ni aun teniendo material auxiliar como flotadores, manguitos, etc. Enséñale las normas de la piscina, playa o pantano.

- Evitar situaciones peligrosas que puedan dejar inconsciente a una persona en el agua.

- Acotar el espacio de juego en el agua para obtener un mayor tiempo de respuesta en el rescate.

- En caso de sufrir accidente y ser reanimado, acudir a urgencias para valoración de facultativos. 

Se trata de una “muerte silenciosa” porque ocurre cuando pensamos que “ya está todo bien”. No asociamos el exceso de sueño a lo acontecido anteriormente y no detectamos la pérdida de la función pulmonar ni que está bajando su oxigenación.  
 


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Ahogamiento secundario: cómo prevenirlo