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Opinión /

Terminar con la despoblación en Navarra

Por Miguel Bujanda 06 marzo, 2020 - 11:26

Nuestros valles y pueblos están envejecidos y esto está íntimamente relacionado  con la despoblación. Las inversiones  no son suficientes para evitar ver como desaparecen los niños de las escuelas y las voces sabias  de los de mayores  nuestras calles. 

GRAFCAV2725. PAMPLONA, 19/02/2020.-  Más de 300 tractores han participado en la protesta que agricultores, ganaderos y trabajadores del sector primario han celebrado este miércoles en Pamplona, convocada por los sindicatos UAGN y UCAN, para denunciar que pagan "a precios de 2020" pero cobran "a precios de 1970". EFE/ Villar López
Más de 300 tractores participaron en la protesta que agricultores, ganaderos y trabajadores del sector primario celebraron recientemente en Pamplona. EFE/ Villar López

Esto es la pescadilla que se muerde la cola. Un círculo vicioso que no termina: como no hay gente no me quedo, como no se queda nadie no hay gente…, no hay relevo generacional en los sectores económicos, no solo en el primario que sufre en estos momentos una ¨tormenta perfecta¨ que deja la rentabilidad en negativo, tampoco en el sector servicios. Las dificultades de  incorporación de la mujer a las explotaciones agropecuarias, así como unos deficientes servicios de comunicación, banda ancha, infraestructuras etc., no ayuda a frenar la despoblación.

La mujer tiene mucho que decir en todo esto porque, muchas veces, siente la doble brecha, la de género y la de la ruralidad, sin poder acceder a una igualdad de oportunidades. La lucha por su visibilidad, por el reconocimiento de las tareas que ha ido desarrollando a lo largo de los años se vuelve necesaria. Por ello desde NAVARRA SUMA propusimos y desarrollamos el Estatuto para las mujeres rurales en cuya tramitación parlamentaria nos quedamos solos.

La igualdad es evidente que en el sector agrario y en el medio rural no se ha desarrollado, ni mucho menos, en la misma medida que el en resto de las zonas urbanas, pese a que seguramente la igualdad en los pueblos es algo natural, no conozco a nadie que se crea superior o no trate por igual a nadie por su condición de género.

Sea como fuere, seguimos siendo desgraciadamente un sector en el que las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres, menos cargos representativos en las empresas agrarias, en las cooperativas, y en la titularidad de las explotaciones. Esa limitación para nuestro desarrollo ni es justa ni nos la podemos permitir.

La Ley de la titularidad compartida, por su parte, todavía tiene mucho que mejorar, no tanto desde el punto de vista administrativo, sino desde el punto de vista de la promoción, de exigir una transformación profunda y real.

Sin tener clara esa diferencia, no se puede ordenar el debate, un debate que exige, además, elevar el punto de mira del análisis, y pasar de la escala municipal a la escala de los valles y de comarcas, ya que no es igual hablar de municipios despoblados que de comarcas despobladas, desgraciadamente en Navarra tenemos de las dos.

El otro día, un viaje en tren que recorre diferentes zonas me hizo tener otra visión: hay distinguir entre “despoblación” y “abandono”, por cuanto son dos temas diferentes. Puede haber pueblos con problemas demográficos, pero en los que sus fincas están bien cultivadas, los montes cuidados y calles arregladas, limpias. Podemos decir que son pueblos ¨atendidos¨. Son pueblos “despoblados”, no “abandonados”.

Puede haber pueblos o valles que pierden población o ya la han perdido prácticamente, que tienen mal cultivadas sus tierras y mal cuidados sus montes, estando mal atendidos, que se centran los servicios e inversión en las cabeceras y no llegan a esos lugares ya abandonados y de casi imposible recuperación. Este es el final no deseado que empieza la despoblación.

La afirmación de que invirtiendo en infraestructuras y equipamientos y extendiendo los servicios básicos al conjunto del territorio rural se frena la despoblación habría que matizarla. Aparte del derecho de todo ciudadano (viva en el medio rural o en el medio urbano) a la movilidad y al acceso a los servicios del sistema de bienestar, es un hecho que, a pesar de las inversiones que se han realizado en infraestructuras y equipamientos en el medio rural desde la entrada de España en la UE gracias a los fondos estructurales (en especial FEDER), y a pesar de la extensión de la red de servicios básicos, muchas áreas rurales siguen perdiendo población. Este tema me preocupa ya que indica que no todo lo arreglan las inversiones o lo que es peor, esas inversiones han estado mal orientadas.

Tampoco se corresponde con la realidad afirmar que la creación de empleo en el medio rural es el mejor remedio contra la despoblación, todos conocemos la  cantidad de empleos que se han creado en el medio rural en educación, salud, servicios sociales,… vemos que muchos de esos empleos son ocupados por personas que se desplazan desde Pamplona, Estella, Tudela, etc…, pero que no viven en los pueblos en donde trabajan. Además suspiran porque pase el tiempo y optar a trabajo fuera de los pueblos.

Pero además en la agricultura y ganadería, sectores tan de ¨pueblo¨, también se está dando esto: por unos motivos u otros el titular gestiona la explotación sin vivir en el pueblo.

Creo que hay un nexo claro entre la industrialización del medio rural y su contribución a frenar la despoblación. Es el caso de industrias asentadas desde tiempo atrás en el territorio que se han vinculado estrechamente a la población y han generado  actividades económicas paralelas o complementarias, la instalación de nuevas industrias vinculadas a sectores responsables con el territorio y que favorezcan la economía circular de las zonas, empresas de tamaño adecuado que pueden hacer que la gente que trabaje o los emprendedores de las mismas decida vivir en los pueblos donde están ubicadas. De nuevo, la mejora de las carreteras ayuda en el  desplazamiento  desde los núcleos urbanos a las áreas rurales para el transporte de personas y mercancías que beneficia la implantación de las mismas.

 Consideramos necesario para frenar la despoblación apostar por la mejora de la educación y a la formación superior, poniendo todos los medios necesarios para su desplazamiento desde los pueblos a los centros educativos. Toca analizar los recursos y necesidades de cada valle y pueblo para orientar y crear  cursos de adultos que doten a la gente que quiera vivir de los conocimientos profesionales demandadas, pastores, turismo, mecánicos, bodegas, queserías, etc

Es primordial que las administraciones públicas tomen medidas para los que deseen instalarse en los pueblos ayudándoles a rehabilitar antiguas casas  o a habilitar casas para turismo rural. Igualmente es fundamental para garantizar una red de servicios básicos el papel de mancomunidades, municipios, concejos, juntas de valles… toca repensar una estrategia para su renovación y que actúen como  entidades al servicio de los ciudadanos lo más eficazmente posible

Se suele abogar por los programas LEADER como una vía para potenciar el desarrollo rural y así frenar el declive de los territorios. Pero, aun reconociendo la incidencia de estos programas en la dinamización de ciertas zonas y sectores de la población rural, la realidad es que apenas tienen una influencia real en el desarrollo de los pueblos y valles, unas veces por su dotación económica y a las rigideces administrativas a las que están sometidos los Grupos de Acción tras la integración de esos programas en el segundo pilar de la PAC, además de las, a veces, erráticas y equivocadas decisiones de estos grupos.

O se les da un giro para pasar a la política europea de cohesión y así responder mejor al problema demográfico o su futuro será incierto en un contexto cada vez más restrictivo de recursos para la PAC y de nuevas prioridades medio ambientales sin priorizar el abandono rural.

Se dice que son poco eficaces las políticas públicas destinadas directamente a mejorar la renta de los hogares rurales, pero la realidad es otra. Por ejemplo, las también criticadas ayudas directas del primer pilar de la PAC, así como las indemnizaciones compensatorias de montaña, han contribuido más que las inversiones del FEDER a fijar población en el medio rural. De esto no hay ninguna duda. Aunque también es cierto que abogamos y solicitaremos cambios en la próxima revisión en temas como derechos históricos o en cualquier factor que no contribuya al reparto justo o que no lleguen al productor real.

Se puede criticar estas políticas por otros motivos, pero la realidad es que las ayudas de la PAC (fuente complementaria de ingresos para los agricultores, entre ellos los titulares de pequeñas explotaciones) tienen efectos inmediatos en el poder adquisitivo de amplios grupos de la población rural, y eso los induce a permanecer en los pueblos.

El problema de fondo de todo esto es un cambio de modelo social y radica en el atractivo que sigue teniendo la vida urbana. Es un hecho que vivir en ciudades de tamaño medio resulta hoy más atractivo que vivir en los pequeños pueblos, ya que mucha gente aún percibe que ello les ofrece más oportunidades de empleo y de desarrollo personal y de ocio.

No es casualidad que sean más las personas que, a nivel mundial, viven ya en el medio urbano que las que residen en el medio rural. Porcentaje abrumador en favor de la vida en los núcleos urbanos (más del 80% de la población navarra vive ya en municipios de más de 5.000 habitantes). Invertir esa tendencia es una tarea harto complicada y compleja ya que el problema del declive rural es un proceso complejo de cambios sociales, culturales y económicos, que difícilmente los gobiernos pueden detener, aunque si pueden empezar a mitigar con medidas que eviten el abandono y el deterioro de la calidad de vida de las personas que, en uso de su libertad, quieren vivir en el mundo rural.

Por todo ello, la estrategia para afrontar el reto de  tiene que ir más allá del problema de la despoblación rural, y afrontarlo como una cuestión de Estado, ya que tiene implicaciones en el envejecimiento, con claras repercusiones en la sostenibilidad del sistema de bienestar. Debe ser, sin duda, una estrategia integral y transversal de medio y largo plazo, en la que se impliquen todos los agentes sociales, económicos y políticos.

Tiene que ser también una estrategia analizada según las características de cada merindad, combinando políticas a nivel macro y políticas a nivel micro, y creando entornos que impulsen dinámicas en el medio rural y faciliten la participación de la gente en busca de un interés general.

Sólo así podrán salir adelante algunas de las zonas afectadas hoy por la despoblación, pero que, al tener una adecuada localización geográfica y disponer de una base productiva susceptible de ponerla en valor, además de una población dinámica y con capacidad de emprendimiento, están en condiciones de poder ser reactivadas.

Por el contrario, tristemente y a pesar de todo, en las más aisladas y sin esos recursos socioeconómicos, la escasa población que en ellas vive verá cómo la despoblación  seguirá avanzando peleando por que esta sociedad  no las deje abandonadas a su suerte.

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