Opinión / Mariano Pascal es miembro de la comisión taurina de la Casa de Misericordia de Pamplona.

Fernando Redón: una luz blanca en Mordor

Por Mariano Pascal 16 noviembre, 2016 - 12:42

Fue el pasado nueve de Julio. Era el sábado de los Sanfermines y en el recinto del apartado, hacía un tremendo calor. En medio de la masa apareció Fernando Redón con bastón, pañuelo rojo y sombrero de Jipijapa.

Fernando Redón, sentado en el burladero con barba, en la plaza de Toros de Pamplona junto a otros miembros de la Casa de Misericordia y El Potra (primero por la derecha). FOTO CANO
Fernando Redón, sentado en el burladero con barba, en la plaza de Toros de Pamplona junto a otros miembros de la Casa de Misericordia y El Potra (primero por la derecha). FOTO CANO

Su presencia en medio de aquella bulla era un canto a la vitalidad de quien no piensa doblegarse a la enfermedad. Fernando no deslumbraba con su presencia, dejaba luz tras su paso. Muchos de los presentes en el apartado ni lo conocían, ni lo hubiesen reconocido y probablemente, tampoco asocien hoy su figura con los distintos obituarios publicados, centrados en obra arquitectónica y premios oficiales.

Porque la influencia de Fernado Redón en el día a día pamplonés va muchos más allá de un panegírico. Si asociamos la Pamplona provinciana a señores con la boina enroscada, tendríamos que buscar su antítesis en la ciudad que acoge a personas como Redón. Gente que viaja y se relaciona con medio mundo, para saber aplicar sus conocimientos en el progreso de su ciudad.

¿Vive usted en el barrio de Iturrama? Piense en quién lo diseñó. ¿lLevó en el noventa y pico aquella pegatina de “sin adoquines no hay Sanfermines”? Piense en quién diseñó la peatonalización del casco viejo, de la que ahora todos presumen y en la que los encierros siguen corriéndose sin problemas. ¿Notó algo familiar en una escena de “ocho apellidos vascos”? Sí, la lámina de la habitación del piso sevillano con las pintas del toro de lidia, fue dibujada por Fernando. Si pasa de los cuarenta, debe saber que el pabellón navarro de la Expo 92 era cosa suya, por no hablar de los edificios por los que pasa cada día y que llevan su firma.

Fernando no destacaba sólo con diseños o pinceles. Era un conversador infatigable y un espectáculo verlo seducir en una sobremesa. Sus relatos de sucedidos y anécdotas. De la Pamplona del siglo veinte a la de antes de ayer. Del joven que en los cuarenta frecuentaba a Jorge Oteiza cuando hacía la “mili” en San Sebastián, al octogenario que arrancaba carcajadas a Mikel Urmeneta hace nada.

Redón perteneció a la Junta de Gobierno de la Casa de Misericordia desde 1966.  Un año después, junto a Ignacio Cía, revolucionaría el concepto de cartel de la Feria del Toro al decantarse por un diseño moderno de Antonio Eslava. Los “puretas” se lo querían comer, aquello era una herejía taurina. Hoy en día, un tópico pamplonés dice que el cartel de la feria del Toro siempre es mejor que el del Ayuntamiento. El último cartel de la feria, el del fotón de Pío Guerendiáin, lleva la personal rotulación de Fernando.

Un último proyecto ocupó el tiempo de Fernando en sus últimos meses. El circuito con la visita guiada a la Plaza de Toros de Pamplona. El diseño del proyecto dará para una exposición. Pero los resultados, los contenidos de la propia visita, podrán ser disfrutados por pamploneses y visitantes en muy pocos meses.

Ayer por la noche se marchó una luz blanca de la ciudad.


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