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Opinión / Opinón

Pardillos, el plan de convivencia de Chivite en Navarra

Por Manuel Sarobe Oyarzun 03 abril, 2022 - 9:10

El Parlamento foral ha rechazado recientemente el Plan de Convivencia de Navarra. Un somero repaso al curriculum de nuestros más influyentes abertzales les ayudará a entender el porqué.

Acto de presentación de la nueva dirección de EH Bildu en Navarra. con la presencia de Joseba Asiron; la portavoz parlamentaria, Bakartxo Ruiz; y la coordinadora de EH Bildu en Navarra, Miren Zabaleta. MIGUEL OSÉS

Comencemos por Adolfo Araiz Flamarique, miembro de la Mesa Nacional de HB más siniestra. Ideólogo de la ponencia Oldartzen, que abogó por socializar el sufrimiento poniendo en la diana terrorista a políticos y periodistas, entre muchos otros colectivos.

No fue así de extrañar que este tafallés se negara a condenar en su día la ejecución de Miguel Ángel Blanco, el crimen más cruel de ETA, con el que la banda cavó su propia tumba. Algo que, para que vean lo irrecuperable de tan abyecto personaje, tampoco hizo en 2017 en el Parlamento foral. Araiz es, de largo, el político navarro en activo que más daño ha infligido a nuestra sociedad. Un tipo que en lugar de recluirse en el monasterio de Leyre para expiar sus muchos pecados o de perderse en el tiempo emulando a San Virila, es el invitado de honor a la mesa en la que María Victoria Chivite Navascués acuerda los presupuestos. 

Continuemos con Joseba Asirón Sáez, que nos coló en sus listas al Ayuntamiento pamplonés a Amaia Izko Aramendia, colaboradora confesa de ETA, y a Joxe Martín Abaurrea San Juan, un agresor. Como el resto de sus correligionarios, se niega a condenar los humillantes “ongi etorris” a los presos. Siempre del lado de los malos, evitó posicionarse contra la invasión de Ucrania.

Tampoco cabe esperar gran cosa de Bakartxo Ruiz Jaso, habida cuenta de que su propio hermano militó en ETA. O de Miren Zabaleta Tellería, coordinadora general de EH Bildu en Navarra, condenada por integración en organización terrorista en el caso Bateragune, cuyo juicio, a expensas de lo que finalmente resuelva el TC, deberá repetirse tras haber sido anulado por el TEDH. Su padre, Patxi, afirmó en 2014 que “es más positivo que negativo que ETA siga existiendo”. Confiemos en que la próxima generación de esta familia leizatarra, sin renunciar un ápice a su ultranacionalismo, abrace por fin los valores democráticos.

No sigo porque todos ellos son del mismo pelaje; hasta diez miembros de la actual dirección de Sortu han sido condenados por pertenencia a ETA o a organizaciones de su entorno. Si algo caracteriza a la izquierda abertzale es su carácter granítico. Nada de discrepancias, corrientes internas o primarias. Y es que todos sabemos cómo se las han gastado con quienes osaron opinar diferente. Que se lo pregunten a Akaitz, que con tres añitos vio cómo Kubati le pegaba dos tiros en la cabeza a su madre, Yoyes, por querer reinsertarse.

Visto lo anterior hay que ser muy pardillo para pensar que con semejante personal es posible cerrar un acuerdo para la convivencia.

Se preguntarán quizás cómo diablos sigue habiendo quienes, bien entrado el siglo XXI, se resisten a reconocer, alto y claro, que matar, secuestrar y extorsionar para obtener objetivos políticos estuvo mal, y a pedir un perdón que contribuya a aliviar algo el infinito dolor de las víctimas, ahondado ahora por Sánchez, Chivite y Marlaska. Existen, al menos, dos razones que lo explican.

La primera es que la radicalidad no ha penalizado electoralmente a las formaciones proetarras. Una parte no desdeñable de la sociedad ha respaldado fielmente a quienes perpetraban o justificaban las más atroces violaciones de los derechos humanos conocidas en nuestra historia reciente en busca de sus ensoñaciones. Así de nocivo es el nacionalismo exacerbado. Recordemos que HB llegó a gobernar Guipúzcoa antes incluso de que ETA renunciara definitivamente a las armas. Bien es cierto que los propios guipuzcoanos se libraron de ellos a las primeras de cambio, tras comprobar que su política consistió básicamente en espantar a empresas y en sembrar las calles de palos de los que colgar las raspas del pescado el día ordenado por la autoridad.

La segunda de las razones afecta a la clase política. Lo esperable es que las instituciones aíslen, por higiene, a quienes no han aprendido a vivir conforme a los valores democráticos, como la comunidad internacional hace ahora con Putin, por ejemplo. Así ha sucedido hasta que los socialistas, traicionando inveterados principios y vehementes promesas, decidieron anteponer su interés personal al general y blanquear a los proetarras, ungiéndoles como socios preferentes, sin exigir a cambio paso alguno tendente a alcanzar una mínima decencia moral. 

Ignoro si el PSN pagará esta indignidad en las urnas; Navarra lo está haciendo ya. Y es que Chivite ha cometido el imperdonable error de dar continuidad a las lesivas políticas iniciadas por una Uxue Barkos condicionada por Bildu, despreciando a la mayoría social junto a la que socialistas de otros tiempos -en los que personajes como Ramón Alzórriz Goñi no tendrían protagonismo alguno- trabajaron exitosamente en pos de un bienestar que comenzaron a gestar prohombres como Félix Huarte o Miguel Javier Urmeneta. Algo que hicieron, por cierto, jugándose literalmente la vida frente a unos terroristas pueblerinos que combatieron a sangre y fuego todo lo que oliera a progreso.

Merced a lo anterior Navarra es hoy un infierno fiscal que ha dado la espalda a la modernidad. Pocos ejemplos tan gráficos como el intercambiador de Zaragoza, donde el AVE se transmuta en un tren chu-chu de camino al Viejo Reyno. Hemos dejado de atraer inversores -véase la evolución de Navarra en el ránking del paro desde 2015-. Nuestros jóvenes más brillantes se ven abocados a emigrar a Madrid. Padecemos unos políticos mediocres al frente de una elefantiásica Administración, necesitada de una auditoría general, obsesionados con sangrar a ciudadanos y empresas para gastar mucho, en lugar de esforzarse en gastar bien. Nuestra agonizante sanidad es un claro ejemplo de ello. Quién iba a imaginar que los seguros médicos privados se dispararían con un gobierno de izquierdas…

Ninguno de nuestros éxitos o fracasos es producto del azar. Todo ha dependido de la valía y de los valores atesorados por quienes en cada momento han tenido capacidad decisoria. Y la historia nos ha dado sobradas muestras de que la izquierda abertzale, además de representar el mayor riesgo para nuestra soberanía, ha sido lo más opuesto que cabe imaginar a todo lo que tenga que ver con la convivencia o el progreso. Algo que los socialistas parecen haber olvidado y por lo que es de esperar que paguen la correspondiente factura en las urnas, tras una campaña electoral a todos cuyos actos María Chivite debería acudir conectada a un polígrafo.


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