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Opinión / Opinón

Aberri Eguna amnésico

Por Manuel Sarobe Oyarzun 24 abril, 2022 - 8:57

No me sorprende en absoluto que el nacionalismo vasco expansionista ansíe hacerse con la apetitosa Navarra. Me cuesta más aceptar que haya navarros que sueñan con ser gobernados desde Bilbao.

Celebración del Aberri Eguna de 2022 de EH Bildu en Pamplona . IÑIGO ALZUGARAY

El pasado domingo Bildu celebró el Aberri  Eguna en Pamplona. Su convocatoria corrió a cargo de Bel Pozueta, que compareció días antes al pie del Monumento a los Fueros junto a Garbiñe Bueno, la sustituta del agresor Joxe Martín Abaurrea en el ayuntamiento pamplonés. El personaje de Frida Kahlo y dos figurantes de raza negra ataviados con sus coloristas túnicas flanqueaban a las bildutarras,  pretendiendo visualizar el lema de “libres e iguales” que ahora pregonan. La pintoresca puesta en escena me recordó a “Plácido”, la película de Luis García Berlanga en la que el franquismo impulsaba el espíritu solidario de los españoles invitándoles a sentar a un pobre en su mesa por Nochebuena…

Debería saber Pozueta que aquí no existen mayores conflictos interraciales porque, afortunadamente, la gente ya no lee al xenófobo de Sabino Arana. Los barcos pesqueros de las villas marineras de Euskadi, por ejemplo, incorporan un buen número de africanos, senegaleses mayormente. Trabajadores recios que suplen la aversión de la acomodaticia juventud vasca a la dura vida en la mar. No es un colectivo que busque especialmente la integración, pues prefieren convivir con sus congéneres, pero no ejemplifican discriminación alguna.

La performance de Bel habría resultado infinitamente más creíble si hubiera acudido con su hijo Adur en compañía de los guardias civiles del puesto de Alsasua y sus parejas, evidenciando así que la criatura superó el odio ciego que le llevó a apalizarlos en el bar Koxka. Sin gestos como ese, lo de “libres e iguales” en boca de los abertzales no es sino la última estafa de su incansable aparato propagandístico.

También se equivocaron los radicales manipulando lo sucedido hace quinientos años, pues olvidan que, por aquellas fechas, alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos nos conquistaron sirviendo a la Corona de Castilla. El nacionalismo es muy dado a omitir los hechos históricos que contradicen sus ensoñaciones. Véase la supresión del escudo de Guipúzcoa de los cañones que nos arrebataron en la batalla de Belate. 

El hecho es que, cinco siglos después, volvimos a sufrir las acometidas invasoras a cargo, esta vez, de una banda de delincuentes que asesinó, secuestró y extorsionó a placer buscando una quimera que diluía nuestra identidad. Primero vinieron a por nosotros a las órdenes del Duque de Alba y luego a las de ETA. Y aquí seguimos. Conste que tengo la mejor consideración por nuestra comunidad vecina, donde viví feliz durante dos décadas.

Particularmente censurable resultó la genérica crítica de la amnésica Pozueta a las ideas autoritarias, silenciando toda referencia al terrorismo que apoyaron. Y es que no conozco al detalle lo sucedido en los últimos quinientos años, pero sí muy bien lo acontecido en los postreros cincuenta, en los que, tras el advenimiento de la democracia, el único fascismo que padecimos fue el de ETA, que monopolizó, además, la violencia, con la sola salvedad de la guerra sucia que los socialistas libraron contra la banda criminal. 

No me sorprende en absoluto que el nacionalismo vasco expansionista ansíe hacerse con la apetitosa Navarra. Me cuesta más aceptar que haya navarros que sueñan con ser gobernados desde Bilbao, quizás porque llevamos más de mil años administrándonos exitosamente -como Reyno, Provincia Foral y Comunidad Foral- sin necesidad de tutela alguna. Para gran disgusto, por cierto, del mundo batasuno que, tan activo en las calles de Pamplona el pasado domingo, no se presentó en la sesión en la que el Parlamento Foral aprobó la Ley de Amejoramiento que regula las instituciones en las que descansa nuestro autogobierno. El PNV, que tampoco soporta que el futuro de Navarra no se mangonee en Sabin Etxea, votó en contra de dicha ley. Y estos son los cansos a quienes tenemos que aguantar día tras día dándonos lecciones de soberanía…

También se refirió Bel al euskera, lamentando que se niegue al pueblo esta lengua. En 1968, en pleno franquismo, cuando ETA ya mataba, yo aprendía euskera con toda libertad en una ikastola. Permítanme darles un consejo sobre este tema; si de verdad aman la linguae navarrorum, en lugar de manosearla tanto, ¡háblenla!

Y es que la pasada legislatura ni a la presidenta de Navarra, ni a la del Parlamento, ni al alcalde de Pamplona, todos ellos vascoparlantes, se les oyó decir ni “bai”, haciendo buena la afirmación de J. A. Artze de que una lengua no se pierde porque quienes no la conocen no la aprenden, sino porque quienes la conocen no la hablan. Impagable, por lo demás, la imagen de los concejales de Geroa Bai en el consistorio pamplonés echando mano del pinganillo las pocas veces en las que un bildutarra se expresa en euskera. Tampoco estaría de más que la consejera Ollo, que persigue extender la enseñanza de esta lengua a toda Navarra, verbalizara de vez en cuando algún “egun on”.

Como cabía esperar, en el Aberri Eguna se repitieron las apolilladas soflamas independentistas que, según el Euskobarómetro, ya no compran ni los propios vascos. Estos prendas llevan décadas viviendo de la venta de humo. Ninguna referencia a nada de lo que a usted le preocupa de verdad; la abusiva fiscalidad -estamos declarando estos días el peor IRPF de España-, el alza generalizada de los precios, el deterioro de nuestra sanidad pública, la falta de libertad educativa, el abandono de la inversión en obra pública, la pérdida de competitividad de la Comunidad Foral, el incierto futuro de las pensiones…

El mundo abertzale sí tiene, en cambio, un gran motivo de celebración; haber sido aupados al cogobierno de España y de Navarra merced a la traición de Pedro Sánchez y María Chivite, dos aventureros de la política, a los inveterados principios y vehementes promesas de sus partidos. 

Los socialistas deberían andarse con tiento. El PSI desapareció de Italia, el PASOK de Grecia y en Francia han obtenido en las recientes presidenciales el peor resultado de su historia. Aquí se desplomaron tanto en Madrid como en Castilla la Mancha, y pocos dudan de que Juanma Moreno repetirá como presidente andaluz.

En Navarra el PSN trabaja intensamente para estrellarse al apostar, contra el sentir de la inmensa mayoría sociológica, por blanquear, con los votos cosechados en la nada nacionalista Ribera, a quienes se niegan tenazmente a repudiar su sangriento pasado, amenazan nuestro autogobierno y se han opuesto históricamente a todo progreso.

Me pregunto, melancólico, dónde estaríamos si en lugar de Uxue Barkos y María Chivite, que han cometido el imperdonable error de desmontar lo que funcionaba bien y nos hizo grandes, nos gobernara una Isabel Díaz Ayuso -bastante más respetuosa con nuestra identidad que los nacionalistas locales- quien, aplicando las exitosas políticas que aquí anticipara don Félix Huarte -fiscalidad favorable, modernización de infraestructuras, contención del gasto superfluo y reducción de trabas administrativas- lidera el crecimiento de España, con los inversores haciendo cola. 

Dice Chivite que el cambio ha llegado para quedarse, manifestación cuando menos imprudente, pues ello debería depender del programa que defiendan los restantes partidos. Ante tan palmaria muestra de genuflexión, Bildu se ha apresurado a advertir que no pararán hasta conseguir la República Vasca. Aunque en vísperas electorales teatralicen algún distanciamiento estratégico, nunca ha estado tan claro que votar al PSN hoy es votar a Bildu. A partir de ahí, que cada palo aguante su vela. Bien haría, por su parte, el centro derecha navarro en ponerse las pilas centrándose en lo que importa, en lugar de enzarzarse en estériles luchas intestinas. Y es que, por unos o por otros, hace tiempo que no tenemos un día bueno.


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