Opinión / Tendido taurino

Pareja de reyes

Por Juantxo Gazpio 08 julio, 2016 - 15:31

Ayer la Monumental vestía sus mejores galas, como no podía ser de otra manera llegado al día más esperado del año.

El 7 del 7 abrían la Feria del Toro los fuenteymbros para Abellán, Ureña cuyos naturales el pasado  año fueron merecedores del Ciudadela, y la sensación de este año, Roca Rey

El primer fuenteymbro, Malicioso, fue a la postre el mejor del encierro. El toreo tan templado como periférico de Abellán no consiguió calentar el ambiente de una plaza cuyo termómetro rondaría los  40 grados. Significativo. 

El segundo descolgaba una barbaridad. Y dado el sitio actual de Ureña (que sorprendente por templado derechazo de inicio al victorino de Sevilla), uno se esperaba lo mejor. Pero al toro le faltó un punto y pudimos comprobar  el buen momento del murcianoo pero no pudo reeditar el triunfó del año pasado.

El torero peruano debutaba ayer como matador, tras la buena imagen dejada como novillero el año pasado. Las recientes puertas grandes de Fallas y San Isidro, la oreja en la feria de Abril… hacen muchas veces olvidar que debutó con picadores hace tres telediarios (1/6/2014 para ser más exactos). Su personalidad, su valor, su forma de torear… presagiaban  idilio con la afición pamplonesa.

El tercer toro fue otra cosa, y su lidia tampoco ayudó. El valor del peruano había asomado en los quites con el capote pero quiso hacerse presente en genuflexo en el comienzo de faena. El toro se le venció por el derecho y la plaza se retorció sobrecogida por la violencia de la voltereta. El torero se mantuvo en el ruedo con una plaza volcada. La faena, íntegramente por el pitón izquierdo dado el olor a cloroformo del derecho, y la fulminante  estocada, le dieron la primera oreja.

El peruano, que tiene valor para varios escalafones, pasó serenamente a la enfermería

El jabonero cuarto dijo poco. Ureña apenas pudo robarle algún natural al quinto antes de que Roca Rey saliera de la enfermería para matar al sexto. Con la bragueta recompuesta, no perdonó quites y cambió por la espalda dejándose llegar mucho al toro. A la versión más templada de su toreo faltó enemigo, dada la escasez de fuerzas del último fuenteymbro. El vibrante final de faena y la fulminante estocada hicieron estallar a la plaza.

En ese instante, el déspota que hacía las veces de presidente se acordó de aquel rey del «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo». Y seguro que sin tener en cuenta de sus ilustrados asesores,  decidió sacar de golpe dos pañuelos blancos y el pañuelo azul que regalaba una inmerecida vuelta al ruedo a un animal con muchas carencias en la llamada Feria del Toro. Menos mal que no sacó el naranja el que es muy dado a indultar a los suyos a pesar de los pesares, trágicos pesares… Probablemente la causa fuera la borrachera de chisterazos y no le quité el sueño… 

Claro que para sueños, los del peruano. ¡Si le respetan los toros, pronto se harán realidad!

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