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Opinión / Director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET).

“¿Por qué, mi general?”

Por Juanfer F. Calderín 16 noviembre, 2015 - 12:09

La cadena de atentados que se registró en París en la noche del pasado viernes buscó sembrar el caos en Francia y afianzar un éxito propagandístico que posicione a sus responsables como poderosos adversarios de Estados europeos.

Analistas expertos han destacado la conveniencia de contextualizar lo sucedido para poder trazar una estrategia capaz de contrarrestar de forma efectiva la radicalización de potenciales terroristas. Incluso líderes políticos españoles de todo signo han querido hacer una lectura amplia de lo que ha pasado. “Los enemigos de la libertad y la democracia no pueden conseguir ni uno solo de sus objetivos, en ningún lugar y bajo ninguna circunstancia”, se atrevió Podemos de la mano de su líder Pablo Iglesias.

Atentados terroristas de tanto calado dejan a su paso grandes análisis, aunque también pequeñas escenas. En este segundo grupo, hay algo ha pasado desapercibido, pero que quizá pueda aportar claves en torno a la necesidad de entender la radicalización violenta como lo que es, un fenómeno que no solo debe ser combatido en función de quién lo promueva.

Horas después de que más de cien personas fueran asesinadas a balazos y a bombazos en París, muchos se acercaron a la embajada de Francia en Madrid para mostrar solidaridad y unidad frente a la barbarie. Las palabras de Pablo Iglesias arriba mencionadas sirvieron de mecha para que el hijo de un policía asesinado por ETA se acercase al ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa Julio Rodríguez, ahora en Podemos, que allí estaba junto con su ya compañero de partido Íñigo Errejón.

La víctima se arrancó: “Mi general, mi general… Me presento. Soy Fernando Altuna, hijo de Basilio Altuna. A mi padre lo mató ETA político militar en 1980”.  La mano extendida de Fernando no encontró respuesta porque el general se dio la vuelta. Fernando, tenaz, lanzó su duda: “Mi general, ¿por qué estos asesinados sí valen y los de Navarra no?”. Errejón, atento, se colocó entre Rodríguez y el hijo de la víctima e intentó zanjar el asunto reprochando la actitud de Fernando, al que pidió “respeto”.

Rodríguez y Errejón se unieron a Pablo Iglesias, también por allí. Fernando, alterado, se marchó no sin antes lanzar un grito frente a la embajada francesa: “¡Por qué apoyan las listas de los que no condenan el terrorismo en Navarra y están ahora aquí solidarizándose con las víctimas de París?”.

La duda de un hijo de policía nacional asesinado por el terrorismo no es fruto del dolor o de la rabia generada por la pérdida de un ser querido. Es lo que es, una duda que necesita ser aclarada por quienes aspiran a promover la lucha contra la radicalización desde las instituciones públicas.

Es incompatible defender medidas contra el fanatismo y, al mismo tiempo, favorecer gobiernos liderados por los que consideran que ETA es un movimiento de liberación nacional que practicó la violencia de forma legítima en respuesta de otra violencia, la estatal. Los atentados de París son un intento de presentar la violencia terrorista como algo tan justificable como la violencia practicada por los Estados. La izquierda abertzale busca, también hoy, presentar la violencia terrorista como algo tan válido como la violencia legítima que las Fuerzas de Seguridad ejercieron y ejercen para proteger a la ciudadanía de la barbarie.

En el vídeo con el que Daesh quiso reivindicar los ataques de París, el terrorista Abú Salmán Al Faransi, en perfecto francés, llamó a la acción así a las nuevas generaciones: “Aterrorícenlos y no los dejen dormir por el temor y el horror”. La frase recuerda mucho a esta otra que el recientemente fallecido Periko Solabarria, fundador de Batasuna e histórico militante de la izquierda abertzale, pronunció en abril de 2013, en un escenario sin ETA y frente a cientos de jóvenes que gritaban “¡gora ETA!”: “Si no os dejan soñar, no les dejéis dormir”.  Al primero, hoy, se le considera un peligro potencial, sobre todo para los jóvenes. El segundo, hoy, es un referente de la izquierda abertzale. El segundo, que murió en junio de este año, fue homenajeado y ensalzado como ejemplo de compromiso, también para los jóvenes, en un acto protagonizado por la izquierda abertzale, por miembros del sindicato LAB y por dirigentes de Podemos.

Las palabras de Fernando siguen en el aire: “¿Por qué, mi general?”.


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“¿Por qué, mi general?”