Opinión / EntreArtes

Un Hermoso seis de julio

Por Juan Pedro Cano 06 julio, 2018 - 22:15

Cada año en Pamplona, el sexto día del séptimo mes, puedes tener la sensación de estar en otro planeta sin salir del casco viejo de la vieja Iruña

Pablo Hermoso de Mendoza durante la corrida de rejones de este viernes. DANIEL FERNÁNDEZ
Pablo Hermoso de Mendoza durante la corrida de rejones de este viernes. DANIEL FERNÁNDEZ

El estadillo de fiesta y jarana a las doce de la mañana con el chupinazo transforma la ciudad de una manera tan radical como apasionante. Si lo vives te atrapa, y si te adentras en la esencia de los sanfermines cada año vuelves para sentir de nuevo experiencias únicas. El universo de la fiesta en todo su esplendor, sin horarios ni atajos, sin hambre y sin sed. La emoción en estado puro. La vida.

Hace unos años, Pedro Algaba, -en su sastrería de toreros de la calle Adriano en Sevilla- me decía que después de tantos años yendo a la ciudad hispalense, algo de sevillano tendría. No le faltaba razón, y la misma sensación tengo con Pamplona con veinticinco ferias en el recuerdo con tránsito del tendido de sol a sombra incluido.

La cuadrilla sanferminera es la culpable de que ame, sienta y viva sus fiestas como algo propio aun no siendo navarro. Dicen que los amigos son la familia que escoges. Yo tengo una suerte inmensa con esta gran familia que cada seis de julio nos juntamos para almorzar. La hora mágica son las diez de la mañana, de ahí en adelante el reloj no marca los tiempos en un vermú torero que se termina precisamente en la plaza de toros a las seis y media de la tarde.

El festejo de rejones se ha convertido ya en un clásico en la Feria del Toro el día seis. Tener como paisano a la máxima figura de la historia del toreo a caballo –Pablo Hermoso de Mendoza- ha contribuido para dar categoría a la fecha y que todos los rejoneadores quieran estar en el cartel. Solo hay sitio para tres y el triunfo tiene el premio de la repetición al año siguiente. Es complicado entrar y no todos llevan bien la ausencia.

Este año el cartel volvía a estar encabezado por Hermoso de Mendoza, que año tras año certifica ser profeta en su tierra. Mucho ha llovido desde sus comienzos en los años 80, pero cierto es que lo clásico y lo puro nunca pasa de moda. Y ese es el concepto del rejoneador estellés, el clasicismo y la pureza en las suertes bajo el telón de fondo de la doma clásica y la búsqueda de un acople perfecto entre jinete y cabalgadura para conseguir el temple.

Palabra mágica en el toreo, tanto a pie como a caballo. Y hasta en la vida. ¡Ay el temple los seis de julio cuando va llegando la hora bruja! El Temple fue introducido en el toreo por Juan Belmonte y consolidado por Domingo Ortega, el pasmo de Triana fue un revolucionario en la lidia a pie como Hermoso de Mendoza lo es en el rejoneo. El tiempo solo hará que engrandecer la figura del caballero de Estella.

Esta temporada de 2018 está siendo muy especial para Pablo al compartir muchas tardes con su hijo Guillermo. Bajo la impronta del padre va placeándose y cogiendo oficio. Hoy vivió el festejo desde el callejón con mucha intensidad para ver una nueva tarde triunfal de su padre en la plaza de toros de Pamplona. Un nuevo triunfo dentro de una trayectoria tan abrumadora como difícil de repetir.

Fue un Hermoso 6 de julio, como no podía ser de otra manera en vísperas del Patrón y del día que comienza la Feria del Toro propiamente dicha. Palabras mayores.

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