Opinión / EntreArtes

Cuestión de gustos

Por Juan Pedro Cano 11 Julio, 2018 - 22:09

Siempre he tenido en mente esa frase que atribuyen a Rafael El Gallo sobre que es mejor aficionado a quien le caben más toros y toreros en la cabeza

El torero Antonio Ferrera durante la lidia a su primer toro de la tarde en la Plaza de Toros de Pamplona en la séptima corrida de abono de la Feria del Toro que se celebra estos días en la capital navarra con motivo de los Sanfermines 2018.. EFE/Villar López
El torero Antonio Ferrera durante la lidia a su primer toro de la tarde en la Plaza de Toros de Pamplona en la séptima corrida de abono de la Feria del Toro que se celebra estos días en la capital navarra con motivo de los Sanfermines 2018.. EFE/Villar López

Cierto es que en la variedad está el gusto y que las comparaciones son odiosas. Pero precisamente por ahí, se pueden poner en valor y dar jerarquía a unas cosas u otras. Toros y toreros en este caso sin ir más lejos, aunque los gustos personales puedan ser factor en contra para la objetividad.

En cuestión de ganaderías hay un debate sin tregua entre las llamadas toristas y toreristas, cuando el fondo de la cuestión debe de ser la variedad de encastes y velar por el tesoro genético que tenemos. Lidiaba hoy el hierro de Núñez del Cuvillo, ganadería con clase, bravura y calidad que ha superado el bache de hace unos años pero que hoy en Pamplona las cosas no funcionaron ni por presentación ni juego. El conjunto sumó para no repetir en 2019.

En la terna se anunciaba a los triunfadores del año pasado tanto a nivel de número de orejas cortadas como al que hizo el toreo de mayor categoría en el ciclo sanferminero. Precisamente este último, Antonio Ferrera, se hizo con el premio Ciudadela al mejor toreo al natural. Es de agradecer este tipo de reconocimientos que velan más por la calidad artística que por los despojos cortados a lo largo de una feria.

El acto de entrega fue una tarde-noche de invierno, coincidí con el matador al llegar al hotel con tiempo para tomar un café. Recordamos su puerta grande en Madrid un 18 de mayo de 2002 con una corrida de Carriquiri y hablamos sobre como había cambiado su tauromaquia a raíz del percance que lo tuvo apartado de los ruedos.

Una retirada obligada que dio paso a una evolución en su toreo con un sentido del temple y la lidia al alcance de muy pocos. Grandes cambios que surgen al dar importancia a las cosas. En la cena posterior a la entrega de premios Ferrera nos descubrió al Antonio más íntimo y personal, dejando claro que los toreros son unos artistas especiales envueltos en un halo de misterio único.

Su temporada pasada fue para enmarcar, este año las cosas no están rodando con la misma intensidad. Sin embargo, cada tarde sigue dejando su sello tan especial, un concepto propio con sabor añejo y tan distinto al resto que no hace sino poner más en valor su toreo.

En el cartel también, Ginés Marín. Uno de los nombres que más tiempo lleva sonando en el mundo del toro desde su etapa sin caballos. El año pasado su carrera explotó tras la dinamita pura que fueron sus actuaciones en Madrid. Su concepto clásico y facilidad a la hora de interpretar las suertes le abrieron las puertas de las ferias de par en par.

Tras un año arrollador, esta temporada ha bajado el diapasón en sus actuaciones. Es muy joven y con fondo para ser figura pero sin prisas. Su mejor versión está por llegar.

El que llega y triunfa a golpe cantado es el peruano Roca Rey. Su valor a prueba de bombas no deja dudas, así como no puede quietarse ningún mérito a todo lo que hace delante de la cara del toro. Con todo ello, debo reconocer que no me gusta. Nunca me gustaron los toreros tremendistas, siempre fui –y soy- más de aquello de parar, templar y mandar. De las tres orejas que cortó esta tarde me quedo con las dos estocadas.

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