Opinión / EntreArtes

Paco Ureña y Morenito de Aranda, nombres propios en el arranque de San Isidro

Por Juan Pedro Cano 16 mayo, 2016 - 7:00

El murciano y el arandino marraron con la espada sendas faenas de puerta grande. Premio que si obtuvo el peruano Roca Rey al desorejar un toro en faena de más calado para el público que para el aficionado. Importante Alejandro Talavante que cortó una oreja en su primera comparecencia isidril

El diestro Paco Ureña da un pase con la muleta a su segundo toro. EFE. JAVIER LIZÓN.
El diestro Paco Ureña da un pase con la muleta a su segundo toro. EFE. JAVIER LIZÓN.

El diestro Paco Ureña pasó por Madrid, en su primer compromiso en la feria, dejando ver el estado de gracia por el que atraviesa y quedando latente que el público está con él. Fue el miércoles 11, se lidió un encierro de El Torero que fue remendado con un toro de Torrealta, corrida mansota en líneas generales que culminó con “Ojibello”, un toro con mucha movilidad y que tuvo mejor final que principio.

Mucha verdad en la muleta de Ureña, actuación con rotundidad que pronto llegó al tendido tanto por su naturalidad como por su concepto vertical.  Cortó una oreja, que hubieran sido dos de no haber fallado con los aceros. Antes, con el complicado tercero se mostró tan dispuesto como capaz.

Manuel Escribano con un lote noble no logró el acople suficiente para lograr lucimiento, mientras que Iván Fandiño con la suerte en contra no tuvo su tarde y pasó sin alma por Las Ventas.

Tuvo la suerte, el jueves 12, Morenito de Aranda de enlotar a “Chocolatero” un buen toro en la muleta dentro de una corrida mansa, desrazada y con muchas complicaciones de El Ventorrillo. Faena vibrante de Morenito, con naturales profundos y derechazos acompasados adornados con remates llenos de torería y sabor de toreo caro. Mató de media estocada y el premio se quedó chico para tan magna obra realizada.

La peor parte de la tarde se la llevó Gonzalo Caballero que recibió una fuerte cornada en el primero de su lote que le impidió continuar la lidia. Capea, muy discutido por el público desde el minuto uno, no tuvo su tarde.

Abrió feria una corrida de Valdefresno con el denominador común de la mansedumbre y algunos ejemplares por debajo del trapío que debe exigirse en Madrid. Entre el conjunto negativo destacó el lidiado en cuarto lugar que sacó buen fondo en el último tercio y con el que Miguel Abellán tuvo una actuación de menos a más sin mayor calado en el tendido. Daniel Luque pasó firme por Madrid mientras que Fortes no pudo estar más que voluntarioso frente a un pésimo lote.

A la corrida de Montealto, que volvía a Las Ventas tras el buen encierro lidiado el año pasado, le faltó casta principalmente. Tan solo destacó un buen toro lidiado en primer lugar y al que el francés Juan Bautista compuso un trasteo que le valió una oreja, faena donde lo más destacado fueron un par de series por la derecha con la figura desmayada y la suerte suprema recibiendo.

Morenito de Aranda se libró de la cornada tras una fuerte y fea voltereta, actuación seria y dispuesta dejando ver su sello de torero de clase. Todo querer sin oponentes enfrente.

Cerraba cartel José Manuel Más que escuchó los tres avisos en su segundo toro, fue el punto y final a una actuación gris donde evidenció que no estaba en su mejor momento de preparación para afrontar un reto y compromiso como es anunciarse en San Isidro.

El martes 10 todo se puso a la contra, comenzando con la corrida francesa de Robert Margé que se anunciaba en Madrid para tomar antigüedad pero que fue rechaza por completo en el reconocimiento veterinario. En su lugar se embarcó una corrida de El Vellosino que no hizo nada de gracia al abonado. Al final, la famosa frase que reza en los carteles “si el tiempo no lo impide” se puso en valor y tras coquetear varios días con la suspensión fue este martes cuando la lluvia hizo imposible que se pudiera dar el festejo programado.

El 13 de mayo, San Pedro Regalado, patrón de los toreros, fue el primer día que se llenó la plaza en esta feria, el resto de tardes entre media y tres cuartos fue la foto que cambia los recuerdos de no hace tantos años cuando la sensación de lleno era casi diaria.

Y se llenó la plaza al reclamo de las figuras y de una joven promesa que viene arrollando como si no hubiera mañana, el peruano Roca Rey. Se lidió un encierro de Núñez del Cuvillo remendando con dos ejemplares del Excmo. Sr. Conde de Mayalde, corrida dispar de presentación y deslucida en general. Complicados y muy exigentes el quinto de Cuvillo al que Alejandro Talavante le cortó una oreja tras dejar constancia de una gran dimensión con la muleta en la mano izquierda, y el sexto de Mayalde, con el que Roca Rey estuvo con disposición, entrega y valor sin mesura en el conjunto de una faena populista donde el toreo fundamental brilló por su ausencia. Se fue tras la espada derecho como una vela y los tendidos se poblaron de pañuelos pidiendo las dos orejas. Petición que fue atendida por el presidente y Roca Rey salió a hombros camino de la calle de Alcalá. Excesivo premio.

Castella con el peor lote pasó mudo por Madrid en la primera de las cuatro tardes que tiene contratadas.

La primera novillada del ciclo isidril era sobre el papel uno de los carteles más atractivos del ciclo, los de El Parralejo se encargaron de echar al traste las buenas expectativas. Faltó raza a la novillada y algunos de sus ejemplares no tuvieron el trapío suficiente para Madrid. Se salvó del negativo conjunto el cuarto en orden de lidia frente al que Álvaro Lorenzo hizo lo más lúcido de la tarde al comienzo de faena. Varea destacó con el capote en el tercero de la tarde, mientras que Ginés Marín se llevó en su lote, de lo malo lo peor. Los tres novilleros fueron medidos con lupa por el público venteño desde el momento del paseíllo, un ambiente a la contra que en nada ayudó al desarrollo del festejo.

Un encierro, manso con movilidad, de María Guionar Cortés de Moura fue el primer festejo de rejones del ciclo. La foto saliendo por la puerta grande se la llevó Andy Cartagena mientras que la faena para el recuerdo fue obra de Diego Ventura para todos los allí presentes salvo para el presidente que al fin y al cabo es quien otorga los trofeos con mejor o peor criterio. Manuel Manzanares cerraba cartel, su paso por Madrid fue gris sin pasar de voluntarioso en el conjunto de sus actuaciones.


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