Opinión / EntreArtes

Modestia aparte

Por Juan Pedro Cano 08 julio, 2018 - 22:19

Hay tardes en Pamplona que se convierten en el escenario de los sueños para esos toreros denominados modestos que tienen la oportunidad de verse anunciados en el serial sanferminero.

Segunda corrida de la Feria del Toro de San Fermín 2018 con toros de José Escolar para Javier Castaño, Emilio de Justo y Gonzalo Caballero. PABLO LASAOSA
Segunda corrida de la Feria del Toro de San Fermín 2018 con toros de José Escolar para Javier Castaño, Emilio de Justo y Gonzalo Caballero. PABLO LASAOSA

En los últimos años hay dos ganaderías en el ciclo que no tienen buena acogida entre los toreros a la hora de ver anunciado su nombre junto a esos hierros.

El hecho de que algunos nombres del escalafón no acepten el ofrecimiento y se queden fuera de la feria, es dato inequívoco de que las divisas de José Escolar y Cebada Gago no son plato de buen gusto.

Ahora bien, la “maldita hemeroteca” da y quita razones. La historia más reciente nos deja el caso de Paco Ureña con un toro de Escolar que le sirvió para volver a coger vuelo en su carrera y salir triunfador con el Premio Ciudadela en 2015.

Más atrás en el tiempo hay que irse para recordar el debut de José Tomás en la Feria del Toro. Fue en el 96, cogiendo una sustitución del maestro César Rincón en la corrida de Cebada Gago en un cartel que completaban Emilio Muñoz y Juan Mora.

Hoy en día, la respuesta negativa de algunos toreros con estas ganaderías es aprovechada por la empresa para dar paso a otros matadores que tienen la moneda y en poco más de 20 minutos pueden ser capaces de dar un giro a su carrera. Alejados de las grandes ferias y del lujo de los hoteles son encasillados como toreros modestos, sin que el término sea peyorativo. Viven la profesión con seriedad y dedicación, batallando sin tregua mientras esperan su oportunidad.

Cada uno con su carrera y su trayectoria, sus triunfos y sus fracasos, su concepto y estilo, pero con el denominador común de querer abrirse paso en el escalafón. Ellos mismos son conscientes, modestia aparte, del toreo que atesoran.

Con la corrida de Escolar se presentó en Pamplona Emilio de Justo, matador de toros extremeño con más de diez años de alternativa. Nunca se cansó de seguir entrenando y preparándose como si tuviera toda una temporada por delante cuando ni tan siquiera había una fecha cerrada. Las mieles del triunfo deben saborearse en mayor grado tras una década de esfuerzo y lucha.

Fue en 2015 cuando su carrera comenzó a ver la luz tras encerrarse con seis toros en Hervás. El triunfo con un toro de Victorino Martín fue el punto de inflexión. Y aunque el festejo fue en un pueblo el teléfono sonó desde Francia para no tirar la toalla y seguir alimentando ilusión y espíritu. Orthez y Mont de Marsán mantuvieron viva la llama.

Esta temporada es uno de los nombres propios como torero emergente. Poco a poco va cogiendo su sitio y dejando su tarjeta de visita allá donde torea. Hoy en Pamplona firmó una actuación firme y seria en su conjunto.

Al primero de su lote que tuvo un buen pitón derecho le cortó una oreja y con el complicado pero agradecido quinto soltó la zocata y la mano derecha con muy buen aire. Se cerró la puerta grande con la espada.

Aunque muchos se ponen la etiqueta pocos son los que tienen pureza en su concepto como el extremeño, que supo aprovechar la oportunidad que se le brindó en Pamplona. Debutaba en la Feria del Toro y era la primera vez que mataba una corrida de José Escolar. En muchas ocasiones la peor corrida es la que no se torea.


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