Opinión / EntreArtes

Juan del Álamo y Alcurrucén destacan en la semana torista de San Isidro

Por Juan Pedro Cano 12 junio, 2017 - 21:59

La épica faena de Paco Ureña a “Pastelero” de Victorino Martín y la octava puerta grande en su carrera de Sergio Galán notas destacadas también en el cierre del serial madrileño

Juan del Álamo sale a hombros de la plaza de las Ventas tras su éxito en San Isidro.
Juan del Álamo sale a hombros de la plaza de las Ventas tras su éxito en San Isidro.

Un dato que deja este año la feria es el gran número de toros que no han sido aprovechados por los matadores, en suerte correspondiente, por diferentes motivos y circunstancias. Es el caso, por ejemplo, de “Antequerano” con el hierro de Alcurrucén. Herrado con el número 101, nacido en octubre de 2012 y de 560 kilos de peso que tuvo un comportamiento extraordinario en su conjunto. Junto con “Hebrea” de Jandilla los dos toros más importantes que se han lidiado en este mes de toros.

Ya de salida cantó su buena condición en los vuelos del capote que le ofreció El Cid, para seguir así en todos los tercios demostrando su bravura y casta. Peleó en varas y tuvo recorrido en la muleta que cogió con clase, ritmo y transmisión. Un toro de diez con el que no llegó al aprobado el de Salteras. Actuación gris, sin brillo, como la del mexicano Joselito Adame que pasó por Madrid sin mostrar su mejor versión.

El encierro de los hermanos Lozano se completó con un toro de El Cortijillo, otro hierro de la casa, bien presentados en conjunto y con dos toros de nota; el mencionado “Antequerano” lidiado en cuarto lugar y el tercero que de su salida de manso mutó a bravo en la muleta. Los dos primeros apuntaron cosas y pedían mayor apuesta, noble fue el quinto y manso encastado el sexto. Más que interesante el conjunto y con mucho que lidiar cada uno de ellos.

La tarde fue para Juan del Álamo que abrió la puerta grande tras cortar una oreja a cada uno de su lote. El tercero de la tarde tuvo una salida de manso de libro para terminar en la muleta dando buen juego por los dos pitones. Calidad en sus embestidas, ritmo y a más durante la faena para terminar muriendo en el centro del platillo tras una sensacional estocada.

El de Salamanca demostró disposición desde el primer momento e hilvano un trasteo con un inicio sensacional. Buena faena por ambas manos y las dos orejas que se pidieron de manera mayoritaria. El presidente solo dio una, y sumó un ridículo más a los fallos del palco durante esta feria. Hay que frenar esta deriva presidencial y unificar criterios, urge por el bien de la plaza y para no sacar de sus casillas a los toreros.

El sexto fue un toro deslucido, manso encastado con el que se la jugó del Álamo en un cuerpo a cuerpo dejando otro espadazo para pasaportar al de Alcurrucén, petición mayoritaria y pañuelo en el palco, lo normal… aunque visto lo visto la duda estuvo unos instantes en el aire. Puerta grande para el de Salamanca tan merecida como ganada a ley.

PACO UREÑA Y VICTORINO

El tramo final de feria deja también para el recuerdo y para la historia a “Pastelero” y Paco Ureña. La actuación del murciano frente al de Victorino Martín será de las que vayan ganando en el tiempo como pasó con “Bastonito” y César Rincón. Toro tan complicado como exigente, de los que piden el carné, la partida de nacimiento y todos los papeles habidos y por haber. Toro de triunfo, pero no al alcance de todos. Eso queda para elegidos como Ureña que plantó batalla en el tercio al de Victorino en un toma y daca sin tregua a carta cabal.

“Pastelero” fue un toro con dulce nombre pero que hubiera amargado a gran parte del escalafón. Inmenso Ureña a quien no se le puede poner ningún pero en su actuación. La estocada fue hasta la bola pero un poco caída, eso y el mal uso del descabello dejó el premio en un clamorosa vuelta al ruedo. Premio que el público también pidió para el toro, pero la presidencia hizo caso omiso. La corrida tuvo largas tertulias a la finalización: ¿Estuvo Ureña a la altura?, ¿Era de vuelta el toro? todavía siguen.

Ese día hubo baile de corrales, algo inusual con esta ganadería, al final se lidió una corrida desigualmente presentada con algún ejemplar más que en el límite como fue el caso del bueno y noble que hizo segundo. El conjunto dejó un interesante encierro con el denominador común de la casta pero les faltó romper.

Talavante cortó una oreja del mencionado segundo que tuvo buena condición, embistió con clase y nobleza pero le faltó transmisión. Faena templada y limpia del extremeño, faltó ajuste a un conjunto que no terminó de llenar. La espada no sumó para premio, pero a día de hoy quien pide las orejas en Madrid parece no prestar mayor atención a la suerte suprema. Sin medida se entregó la plaza al extremeño como de la misma forma le pitaron sin mayor motivo aparente en el segundo de su lote.

Urdiales se llevó el peor lote y no se tapó, sin opciones con ninguno de sus oponentes no se dio coba. El público tampoco estuvo cariñoso con el riojano que suma en Madrid una nueva tarde sin dejar nada para el recuerdo.

REHUELGA Y SU VUELTA AL RUEDO

El 7 de junio abrió plaza un toro de San Martín, manso y falto de raza. El resto de la corrida correspondió al hierro titular de Rehuelga, correcta de presentación pero varios ejemplares sacados del tipo de su origen Santa Coloma aunque bien es cierto que su fondo de casta pudo con el exceso de peso y edad ideal para lidiar este encaste. Alegres fueron al caballo para emplearse en distinta condición y solo el quinto hacer buena pelea, toro que fue premiado con la vuelta al ruedo en un suma y sigue en la deriva presidencial, en la muleta solo el sexto quiso coger por abajo los engaños con mayor condicción.

Mucho predicamento tuvo la corrida entre la afición que al finalizar el festejo hizo salir al mayoral de la ganadería a saludar. Si algo tuvieron los de Rehuelga fue sobre todo movilidad y anduvieron también sobrados de sosería a excepción de los dos últimos que fueron de triunfo. Fueron a caer en las manos de Alberto Aguilar y Pérez Mota que no consiguieron hacer rodar las cosas como la ocasión merecía. Fernando Robleño pechó con el peor lote, aun así con el cuarto no terminó de entenderse.

DOLORES, CUADRO Y ADOLFO

Mucho interés había en ver la corrida de Dolores Aguirre, que lidió un encierro desigual de presentación, mansos encastados, con peligro el lote de Rafaelillo que nada pudo hacer, muy exigentes. Destacaron tercero y quinto de mejor condición. Los de Dolores no fueron ni tan grandones como suelen ser, ni tan fieros. Apretaron en el caballo pero no de bravo, estuvieron más en una línea violenta y con genio.

Lamelas dejó un par de tandas con el quinto antes de que el toro se rajara, mientras que Gómez del Pilar, muy dispuesto toda la tarde, cortó una oreja al tercero que tuvo un buen pitón derecho. Faltó continuidad al conjunto del trasteo y mayor aplomo, estocada caída y petición sin mayoría, pero al presidente le salieron las cuentas y asomó el pañuelo blanco al palco.

La corrida de Cuadri dio el pistoletazo de salida al tramo final de feria que aglutina las llamadas corridas duras. Encierro bien presentado, complicado y muy exigente que sumó solo en mansedumbre y falta de raza. Meritoria actuación de Fernando Robleño que dejó claro ser un especialista en estas lides y decepción generalizada por el juego del ganado.

Para el olvido también la corrida de Adolfo Martín que presentó hechuras dispares, mansa, descastada y completamente deslucida. No hubo por donde meterla mano. Nada que hacer la terna frente a semejante panorama. Dentro de los imposibles una tarde más Antonio Ferrera dejo ver, en la medida que pudo, el excelente estado de gracia por el que atraviesa.

MIURA, PARA OLVIDAR

Pocas cosas buenas dejó también para el recuerdo la corrida de Miura que cerró feria el domingo 11 de junio. Encierro desigual de presentación con varios ejemplares impropios para Las Ventas, blandos, desrazados y deslucidos en conjunto. Por si fuera poco, dos de ellos fueron devueltos saliendo en su lugar un toro noble de Buenavista y otro de El Ventorillo que tuvo buen aire en la muleta. Gran decepción en cuanto a presentación y juego entre la afición venteña.

Dávila Miura volvió a vestirse de luces para matar la corrida de la familia en Madrid como ya hiciera recientemente en Sevilla y Pamplona. Todo un gesto sin duda, pero quiso el destino que finalmente matara los dos sobreros. Del planteamiento inicial al resultado final un mundo.

En día anterior a la miurada tuvo lugar la última corrida de rejones del ciclo isidril con el número uno del escalafón en el cartel, Pablo Hermoso de Mendoza. Sin suerte el navarro pasó sin eco por Madrid frente a un lote deslucido. La corrida fue de Fermín Bohórquez, correcta de presentación con el denominador de fondo de la falta de raza y mansedumbre, no dieron mucho juego salvo el segundo en orden de lidia y el sexto en menor grado. Tres orejas cortó Sergio Galán y octava puerta grande de su carrera en Madrid en la que pudo ser su mejor actuación, mientras que Lea Vicens cortó una oreja.

Finalizó la feria, se vendieron 628.001 entradas lo que supone una cifra similar al año pasado. La ocupación media fue de 19.625 personas, un 83,07% de ocupación media diaria. Tardes de lleno para sacar pecho y tardes con mucho cemento que devalúan la marca de San Isidro, sería bueno reflexionar sobre el número de festejos que aglutina la feria. La calidad siempre debe de estar por encima de la cantidad.


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