Opinión / Tribuna

Corrupción política

Por Juan Luis Sánchez de Muniáin 02 enero, 2020 - 11:52

Quien aspira a ser presidente de España negocia las competencias de Navarra con una formación que no ha obtenido ni un solo diputado por Navarra

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar. EFE/ David Aguilar
El presidente del PNV, Andoni Ortuzar. EFE/ David Aguilar

En las pasadas elecciones del 10 de noviembre, la delegación del Partido Nacionalista Vasco en Navarra obtuvo 12.622 votos y, con tal resultado, como es natural, se situó muy lejos de obtener un solo representante por la circunscripción de nuestra comunidad en el Congreso de los Diputados.

Los ciudadanos de Navarra quisieron que el PVN, representado en Geroa Bai, obtuviese 6.000 apoyos menos que los derechistas de Vox y se situase a 10.000 votos de diferencia del Partido Animalista (PACMA ), su inmediato perseguidor.

El hecho de que, en Navarra, Geroa Bai es la delegación franquiciada de la derecha vasca representada por el PNV (por si alguien lo pone aún en duda) está entre otros motivos acreditado en el último informe del Tribunal de Cuentas, el cual muestra cómo el PNV financia la participación y funcionamiento de Geroa Bai en los procesos electorales que fiscaliza el tribunal contable.

El Partido Nacionalista Vasco, como se aprecia, ha sido y es una formación con escasa acogida en Navarra, como dan prueba todos los resultados cosechados en la etapa democrática. Tan es así que solamente ha obtenido resultados apreciables cuando ha renunciado a exhibir sus siglas y símbolos bajo otras apariencias.

No es ajeno a su mezquino éxito el constante empeño del PNV en tratar a la Comunidad foral como su territorio colonial, al cual desposeer de sus instituciones para subordinarlas a las del País Vasco, en un proceso de construcción nacional.

El Partido Nacionalista Vasco, por otra parte, es una formación anegada por la corrupción, a juzgar por la reciente sentencia del llamado caso De Miguel que ha condenado por diversos delitos tales como el cohecho, la malversación, prevaricación y tráfico de influencias a la cúpula de los que fueron sus máximos dirigentes en Álava. Además, otros cargos de esta formación tienen causas abiertas por otras presuntas actividades delictivas realizadas a la sombra del poder.

Pues bien, todos estos antecedentes no han sido obstáculo para que quien aspira a ser presidente del Gobierno de España se siente con el máximo representante de la derecha vasca (y corrupta) y acuerde con él asuntos que, de forma exclusiva, competen a la Comunidad foral.

De nada sirve el manifiesto desprecio que despliega el futurible presidente de España por la voluntad mayoritaria de la ciudadanía navarra, por sus instituciones, por su historia y por la lealtad del pueblo navarro con España.

Finalmente, pesa más acordar con los representantes de una comunidad como Euskadi, que acoge a 2.172.000 habitantes, en desprecio de la Comunidad foral, que, por valerosa que fuera su trayectoria y la voluntad de sus gentes, tan solo reúne a 640.000 navarros.

En palabras de uno de los menguados líderes del PSOE, seis diputados pesan más que dos (sin importar lo infames y detestables que puedan ser los fines y objetivos respecto del interés común).

Quien aspira a ser presidente de España negocia las competencias de Navarra con una formación que no ha obtenido ni un solo diputado por Navarra. Pocos ejemplos habrá que den cuenta de la humillación de toda una Comunidad foral (la única con derecho a ese título en el conjunto de España) y de nada sirve aducir la paternalista excusa según la cual “lo que hemos acordado respecto a vosotros con vuestros vecinos nacionalistas os interesa”. Es tanto como decir a todo el pueblo navarro que no sabe decidir por sí mismo lo que solamente a ellos mismo les conviene y compete acordar.

Con independencia de la literalidad y el alcance del acuerdo, el asunto es de una gravedad extrema y, cuando menos, urge que el máximo representante del PSOE proceda a rectificar y eliminar de su acuerdo con el Partido Nacionalista Vasco todo aquello que atañe de forma exclusiva a la Comunidad foral.

Y en este empeño deben estar todas las formaciones políticas con representación en Navarra que, de verdad, crean y defiendan su autogobierno y sus instituciones propias en el marco constitucional.

De otra forma, la brecha abierta conllevará que nunca más puedan defender con certeza y verdad la condición foral y la identidad propia de Navarra y de sus gentes en ellas representadas.

Juan Luis Sánchez de Muniáin Lacasia es parlamentario foral por Navarra Suma y miembro de Unión del Pueblo Navarro.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Corrupción política