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La posibilidad de que se suspendan los Sanfermines

Por Juan Frommknecht 02 abril, 2020 - 10:04

En este mundo patas arriba que nos toca vivir estos días, hay cosas que no me encajan.

Chupinazo de los Sanfermines de 2019 en la Plaza del Ayuntamiento. MIGUEL OSÉS
Chupinazo de los Sanfermines de 2019 en la Plaza del Ayuntamiento. MIGUEL OSÉS

Con todo cariño debo decir que las clases “on line”, obviamente, no sirven para una ingeniería, medicina, biología, ni para la mayoría de las carreras universitarias. Si así fuera, no habría un montón de campus universitarios construidos, y ampliándose, con valor de varios cientos de miles de millones de euros. Tampoco sirven para segundo de Bachiller, donde se juegan la EVAU, ni para primero, cuya nota ya computa para dicho examen.

De repente alguien ha decidido que todas las familias pueden vivir juntas en 90 metros cuadrados sin balcones, disponiendo de cuartos suficientes para poder seguir clases a distancia tres hijos, cada uno con su ordenador, y trabajar también los padres a pleno rendimiento, como desde la oficina, con su propio equipo. Es decir, cinco equipos informáticos y red suficiente para conectarse. Y todo ello sin salir de casa en 15 días ¡Qué lejos están de la realidad! Y los míos, aún son mayores, pero a los que tienen niños pequeños…lo del teletrabajo no estaba diseñado para hacerlo con peques de dos, tres, seis años encerrados en casa.

Lo del confinamiento, nuestros chavales, los de todos, lo están llevando ejemplarmente. No se ven niños, ni adolescentes, ni jóvenes por las calles. Son un ejemplo, ya que todos quieren “socializar”, hacer deporte y abrazarse. Están en comunicación por medio de apps que, en muchos casos, se apropian de sus datos, sus gustos e incluso graban sus conversaciones, pero al menos están en contacto. Lo del deporte lo solucionan con ingenio, y estoy seguro que a día de hoy cualquier salón o cocina de cualquier piso de Pamplona con adolescentes o jóvenes se  convierte unas horas al día  en un gimnasio.

A mí me preocupa ahora, además de lo que a todos, el voto de las cinco llagas. Me parece que lo que vivieron nuestros antecesores debió ser muy parecido a ésto. Me daría una pena terrible que se perdiera. En 1979, en situación compleja, solo un concejal acudió a la cita, pero salvó el voto. Sé que la seguridad está por encima de todo, pero si una de las tenientes de alcalde, o cualquier concejal, pudiera desplazarse a San Agustín el jueves santo, sería muy de agradecer, aún sin cortejo. Basta un sacerdote y un edil que represente al pueblo de Pamplona. En otros sitios cosas más, mucho más peligrosas se han permitido. Recuerden Estella.

Pero en mi casa, lo que más triste pone a mis hijas es la posibilidad de que se suspendan los Sanfermines. Si así fuera, si así tuviera que ser… ¡Qué bonito sería repetir unos Sanfermines chiquitos para los de casa como los del 78, con encierro y corridas si en esa fecha fuera posible! Y da igual que sean cuatro u ocho días. Si sanitariamente es posible los pamploneses tenemos derecho a volvernos a abrazar, a disfrutar, celebrar, reír… sería una ayuda a la hostelería, esperemos que entonces ya a pleno rendimiento.

Mientras ello llega, tengo un pensamiento que quisiera compartir. Hay algo en medio de esta tragedia, de tanto dolor, que sin embargo nos hace recordar al santo y  a los sanfermines. Miles de Navarros le piden protección en sus casas. Además, en esta situación, se aumenta el preocuparte por tu gente, hablar con ellos mucho más que de costumbre, con los amigos, hacer planes, pensar en la libertad como antídoto a la pandemia, como ocurre en nuestras fiestas que, por encima de todo, nos unen. No sé cuántas veces me ha llegado la imagen de nuestro santo ( y de la Dolorosa) por wasap estos días.

No sé cuantas veces se habrá cantado el Riau-Riau. Si presiento que se volverá a cantar alto y fuerte cuando esto acabe, como un símbolo de que todo ha pasado, aunque haya dejado efectos irremediables. Personalmente, yo he visto videos de encierros, la carrera de la superación en la que también te juegas la vida. Es curioso que, estando tan encerrados, nos acordemos tanta gente tanto de nuestras fiestas, y no solo por lo que a juerga se refiere, si no, sobre todo, en cuanto a reencuentro, abrazo y olvido de penas.

Por eso, mientras haya una amigo que te llame o a quien llamar, mientras se sueñen almuerzos en cuadrilla cuando esto acabe, mientras haya esperanza y el Santo no escuche, siempre habrá algo, lo más bonito, lo más humano de los Sanfermines en nuestra vida.


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