Opinión /

No en mi nombre

Por Juan Frommknecht 09 septiembre, 2018 - 13:47

El autor se muestra contrario a que el Ayuntamiento de la capital navarra haya concedido el Pañuelo de Pamplona a los primeros médicos que practicaron el aborto.

El Ayuntamiento de Pamplona entrega el pañuelo honorífico a Elisa Sesma, Pablo Sánchez-Valverde y Mari Cruz Landa, los primeros ginecólogos que practicaron abortos en Navarra.
El Ayuntamiento de Pamplona entrega el pañuelo honorífico a Elisa Sesma, Pablo Sánchez-Valverde y Mari Cruz Landa, los primeros ginecólogos que practicaron abortos en Navarra.

Perplejo. He pedido que me lo repitan. Me lo han repetido. El Ayuntamiento de Pamplona ha otorgado una distinción de honor de la ciudad, el pañuelo de Pamplona, a los primeros médicos que practicaron abortos en Navarra. Me voy a ahorrar lo que pienso, ya que acabarían demandándome ante los tribunales. Sólo os digo tres palabras: asco, indignación y rabia, posiblemente lo que buscaban los otorgantes.

Nada tengo contra las tres personas designadas, pero sí en contra de los motivos de su designación. Uno puede estar a favor o en contra del aborto. Yo me manifiesto en contra. Acato la regulación sobre el tema del código penal, como acato todas las leyes, lo que no quiere decir que en absoluto la comparta. Pero de ahí, en un tema tan sensible, a que Pamplona distinga honoríficamente a los primeros médicos en practicar abortos, dista una galaxia.

El Pañuelo de Pamplona, según el reglamento de honores y distinciones vigente en nuestra ciudad, es una distinción honorífica que tiene por objeto premiar a las personas, físicas o jurídicas, y entidades que, por razón de su labor diaria, trayectoria personal o profesional, hayan contribuido de forma activa y notoria a la consolidación de la proyección de la ciudad de Pamplona en sus diferentes vertientes, su historia y su cultura, o que hayan destacado por haber realizado una contribución excepcional a las artes o las ciencias. Juzgarán ustedes si concurren las circunstancias.

Estos galardones deben constar del máximo consenso, ya que se dan en nombre de toda la ciudad. Actuaciones como esta debe ser lo que entienden algunos por gobernar para todos. Saben que una gran parte de los pamploneses somos contrarios a la práctica del aborto por motivos religiosos, éticos o morales, o incluso por todos ellos juntos. Pero nada importa. Se otorga el galardón en nombre de la ciudad, que les premia por el mérito de ser los primeros en practicar esas interrupciones del embarazo de las que tantos pamploneses estamos en contra. No en mi nombre.

Sé que no está de moda defender los principios. Sé que eso es antiguo, facha y casposo, aunque yo entiendo que no hay nada más liberal y progresista que defender la vida humana. Ya sé que soy una pequeñísima parte de esta ciudad y que no me represento más que a mí mismo. Pero quiero presentar esta especie de pacífica protesta, de voto particular, de denuncia de lo que considero injusto, de gesto de resistencia, de proclamación pública de mi libertad de expresión.

Y mi propuesta: llegados a esta situación, propongo que, cuando UPN llegue a la alcaldía, otorgue el pañuelo de la ciudad a todos aquellos médicos navarros que objetaron para negarse a practicar abortos. Mi respeto y admiración hacia ellos.


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