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El asesinato por ETA de los tres gallegos

Por Juan Frommknecht 24 marzo, 2018 - 9:29

Este 24 de marzo se cumplen 45 de la desaparición de los conocidos como “los tres Gallegos”. Solo eran inmigrantes. Sólo querían ir al cine. Sus cuerpos aún no han aparecido.

De izquierda a derecha, Fernando Veiga, Jorge Juan García y Humberto Fouz. EL ESPAÑOL
De izquierda a derecha, Fernando Veiga, Jorge Juan García y Humberto Fouz. EL ESPAÑOL

Se llamaban José Humberto Fouz Escobero, de 29 años; Jorge Juan García Carneiro, de 23, y Fernando Quiroga Veiga. La fatalidad hizo que pararan con su vehículo, un Austin 1300 con matrícula C 2143-B, en el bar “La Tupiña”, de San Juan de Luz, frecuentado por miembros de ETA que por aquellas épocas campaban a sus anchas por el sur de Francia.

Dos grandes periodistas, personas con las que he tenido el gusto de tratar y compartir años atrás distintas vivencias, Alfonso Rojo y José Mari Calleja, fueron, junto con  Alfredo Semprún, verdadero descubridor de lo ocurrido, quienes más investigaron aquellos hechos y a sus autores.

Una vez entraron en “ La Tupiña”, los tres jóvenes tuvieron la desgracia de que en dicho recinto se encontraran varios miembros de ETA, borrachos, muy borrachos. Confundieron a los gallegos con agentes de policía, les agredieron y los secuestraron. Los llevaron  a una finca segura, probablemente  a una granja cercana que la banda usaba como centro de logístico, conocida como La Sarre, que había pertenecido a Telesforo Monzón, histórico dirigente del PNV y fundador de Herri Batasuna.

Allí fueron  interrogados con tal saña que,  según pudo saber Mikel Lejarza, agente infiltrado en ETA, de labios de José Manuel Pagoaga Gallastegui, peso pesado en la ETA de aquellos años, les llegaron a  arrancar los ojos con destornilladores. Todas las fuentes periodísticas citan a Tomás Pérez Revilla como el autor de la orden y los tiros de gracia. También José Amedo le cita como participante en éstos hechos en su libro “Cal Viva”.

Junto a Pérez Revilla las mismas fuentes citan como personas relacionadas con los hechos a  Manuel Murua Alberdi, alias El Casero, oriundo de Hernani; Jesús de la Fuente Iruretagoyena, alias Basakarte, de Zumaia ; Ceferino Arévalo Imaz, alias El Ruso, de Zizurkil y Prudencio Sudupe Azkune, alias Pruden.

Pérez Revilla fue asesinado por un comando del GAL en 1984 después de haber salido con su amigo  Román Orbe del Bar Batzoki de San Juan de Luz, donde jugaba diariamente al mus junto con otros miembros de ETA. El atentado tuvo lugar en el cruce de la calle Gambetta con Carnot, al explotar por mando a distancia una motocicleta que estaba aparcada junto a la acera. Los mercenarios  Jean Philippe Labade, Patrick de Carvalho, Roland Sampietro fueron condenados por  esos hechos.

El Casero, Basakarte, El Ruso y Pruden nunca han admitido su participación en esos hechos, al menos en lo que se refiere a las torturas y al asesinato a pesar de que están amnistiados y prescritos, pero al menos El casero y el Ruso no pueden negar que estuvieron en el bar.

En una carta a su novia, Paquita Aguirre, incautada en 1974 durante un registro al caserío Eguzki de Segura, Ceferino Arévalo, el Ruso, reconoce a su novia haber participado en una paliza a los jóvenes, pero no en su asesinato.

Manuel Murua Alberdi ha vivido en Beasain, y ha trabajado  en el  hotel Castillo de  la localidad. Ha reconocido que participó en la paliza, pero argumenta que los jóvenes pudieron seguir su camino, siendo posteriormente interceptados de nuevo por Pérez Revilla y por José María Pagoaga Gallastegui, “ Peixoto”, quienes habrían sido los responsables de las torturas y asesinatos.

De la Fuente fue detenido en el año 2006, 23 años después, como presunto integrante del aparato de extorsión de ETA.

Así pues, tanto los testimonios de El Lobo, como del Ruso, como del Casero, apuntan en una única dirección que permita encontrar los cuerpos de los Gallegos 45 años después: José María Pagoaga Gallastegui, “Peixoto”.  

Peixoto va a cumplir el próximo 1 de mayo setenta y cuatro  años. Nació en el caserío Aranguren, de Mondragón, en 1944. La última vez que supe de él vivía en Saint Etienne de Baigorri.  Suele ir caminando con un bastón blanco y unas gruesas gafas, ( a consecuencia de un atentado en 1979 perpetrado por el BVE apenas ve), por la zona de la bella iglesia de la localidad.

El puede ser la última persona que pueda aclarar dónde se encuentran los cuerpos de los gallegos. No hace falta que lo diga directamente, ni que asuma, si no quiere, la responsabilidad, pero ahora que ETA va a desaparecer, al menos sobre el papel, sería absolutamente necesario que diera la información oportuna para que tanto las familias de los tres gallegos, que han seguido buscando incansablemente sus restos hasta el día de hoy, como de José Moreno Bergareche, pudieran recuperar sus cuerpos. Francisco Múgica Garmendia podría dar detalles de éste último, Peixoto de Humberto, de Jorge y de Fernando.


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