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Opinión / osasuNAvarra

Gracias a Ezequiel, los mejores de Europa a domicilio

Por José Mª Esparza 17 octubre, 2021 - 22:29

En la primera mitad ‘los indios’ e invadieron el área amarilla. En la segunda Osasuna trató de controlar, el Villarreal se creció, y el Chimy Ávila se emocionó 651 días después.

Foto: CA OSASUNA
Foto: CA OSASUNA

El empate no era malo, la victoria parecía un sueño… y se cumplió. Se fraguó en la primera parte, donde los rojillos invadieron cual indios el área del Villarreal, en galopadas que pudieron sentenciar el marcador. Los jugadores automatizaron la presión y la salida en velocidad. En la jugada del gol de Torró había cinco hombres vestidos de rojo en el área amarilla. El conjunto de Unai Emery jugaba con la posesión, mientras que los de Arrasate rentabilizaban su presión alta, dinamismo y verticalidad. Una fiesta que la segunda mitad apagó. El inapelable remate de Gerard Moreno sembró la incertidumbre, pesó en el ánimo del grupo, obligado a achicar balones durante media hora, hasta la cabalgada triunfal de Ezequiel ‘Chimy’ Ávila a la gloria. 

Arrasate convierte a Osasuna en el mejor equipo a domicilio de toda Europa, con doce puntos de doce, por primera vez en su historia. El Villarreal, único invicto en la Liga, solo había encajado tres goles en lo que iba de competición. No obstante, por espectaculares que sean, las estadísticas no reflejan el corazón que late por dentro del grupo de rojo, es decir, la mentalidad valiente, las piernas infatigables y el sentido colectivo del grupo, al que Juan Cruz se unió en La Cerámica. El técnico vizcaíno adelantó a Manu Sánchez (suya fue la asistencia del primer gol), para dar por primera vez a Juan Cruz en esta campaña la titularidad como lateral.

En el amistoso contra el Alavés ya se había hecho el ensayo. Visto el guion del partido, especialmente con gran parte de la segunda mitad cercados atrás, la relevancia de Juan Cruz estuvo más de tercer central entre la línea de cinco defensas. Había que cerrar todos los espacios a los locales. No obstante, aunque el empate no era malo, el paso atrás pudo costar caro sin un pelín de suerte en la labor de contención y sobre todo, en la ‘asistencia’ de Mandi y culminación del Chimy. Las felicitaciones de los compañeros, incluidos los técnicos, revelan la necesidad del argentino para emocionarse.

En la primera parte también Arrasate entregó el balón al Villarreal, pero con mayor presión para robar arriba y mucha más velocidad, cualidades más atemperadas después, cuando el ‘submarino’ metió una marcha más que a punto estuvo de romper la pizarra rojilla, cuando los avances con el balón de una bota a otra dieron paso a un fútbol más directo como única forma para salir del agobio. De todas formas, sea con la presión alta o baja, lo mismo que el estado anímico o las prestaciones físicas, el equipo nunca perdió la compostura, el orden o la cara al partido. Antes del gol del triunfo, algún contragolpe en bloque ya había avisado a los amarillos.

Un arranque de Liga espectacular. Los resultados fuera de Pamplona dejan en un segundo plano las dificultades que atraviesa el equipo en El Sadar. Cuando Arrasate logre ajustar el engranaje ante su afición, la fiesta será completa, y puede comenzar el próximo ante el Granada. Que vuelvan los indios.


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Gracias a Ezequiel, los mejores de Europa a domicilio