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Vasiljevic se deja dos puntos vitales

Por José Mª Esparza 15 enero, 2017 - 21:37

La pregunta resulta muy sencilla, ¿cómo se va a salvar Osasuna si no sabe ganar en Granada teniendo todo a favor, marcador incluido? El repliegue de la segunda parte y los cambios realizados tuvieron mucho que ver para dejarse dos puntos en Los Cármenes.

El entrenador del Granada Lucas Alcaraz (izquierda) da instrucciones a sus jugadores ante el entrenador de Osasuna Petar Vasiljevic durante el partido en Los Cármenes. EFE/Pepe Torres
El entrenador del Granada Lucas Alcaraz (izquierda) da instrucciones a sus jugadores ante el entrenador de Osasuna Petar Vasiljevic durante el partido en Los Cármenes. EFE/Pepe Torres

Un punto resulta claramente insuficiente. Poco o nada soluciona en la tabla clasificatoria, y deja demasiadas incógnitas sin resolver. Osasuna se juega la vida, y lo demostró con su actitud pero no acabó de convencer con la regularidad de su juego, de nuevo insuficiente en el cómputo de los noventa minutos ante un Granada que acabó con nueve jugadores.  Si el equipo de Pedja Vasiljevic no puede ganar en casa a uno de los peores ‘Valencias’ de la historia, o a domicilio a un Granada herido de muerte, compañeros ambos en puestos de descenso, ¿será capaz de sumar los tres puntos ante el Sevilla? ¿quién confía en sumar los puntos necesario durante la segunda vuelta tras una primera casi en blanco? En fin, nadie puede bajar los brazos mientras haya un resquicio de esperanza, pero las dificultades aumentan cada jornada.

Gustó Osasuna en el arranque de partido. Sorprendió al ir a por el partido de salida, y sorprendió fundamentalmente a los granadinos. El once de Vasiljevic fue el mismo que ante el Valencia con las variables de David García (por Iván Marquez) y Fausto Tienza (en lugar de Imanol García). La verdad es que tampoco se notó, a excepción del toque destructor que Tienza aportó al puesto de pibote único que alinea el técnico serbio, que coloca a dos hombres por delante (Causic y Torres) formando ente los tres un triángulo abierto hacia adelante. Ocupa así más espacios y la vertiente ofensiva queda clara desde el inicio, sobre todo si la apuesta es por un fútbol directo, con balones que es preciso recoger arriba en lugar de elaborar desde atrás. 

El planteamiento funcionó a la perfección durante la primera mitad. Ciertamente, resultó muy diferente a las acostumbradas. Ni se perdió en el nada contra nada que proponía Martín, ni en el menos nada que le salió a Caparrós. La consecuencia quedó clara, y es que no solo evitó encajar el acostumbrado gol antes del primer cuarto de hora, sino que además lo marcaron los rojillos. Funcionaron la agresividad inicial, las posiciones adelantadas, el desdoble de los laterales el triángulo de la parcela central, y sobre todo Oriol Riera, que anotó un segundo gol dudosamente anulado. No se solapó con Sergio León, ni se estorbaron, ni se confundieron. Un lujo.

Sin embargo, después Osasuna se dejó escapar dos puntos en Granada. Tenía todo a favor al término de la primera parte, comenzando por su fútbol y terminando por el factor ambiental. El conjunto nazarí estaba desfondado y la grada enfadada.  Tal y como iba el partido, el conjunto navarro inició la segunda parte más cerca del segundo gol que los granadinos del primero. En toda la primera mitad solo tiraron a puerta en una ocasión y desde lejos.  Pero en la segunda salieron dispuestos a morir matando. No aportaron fútbol, que tienen poco, pero si empuje, mucho empuje. Los rojillos respondieron apostando por el suicidio.

En primer lugar, el conjunto de ‘Vasi’ dio un paso atrás. Mal augurio, pésimo. Seguidamente renunció a jugar el balón y ahí sentenció su sentencia de muerte. Tras un primer tiempo de lujo afloraron de golpe todos sus problemas en la segunda, principalmente la endeblez defensiva, las dificultades para elaborar o encadenar tres pases en la línea de tres cuartos, y la desaparición de todo peligro en los puntas, sobre todo si Sergio León no tiene su tarde. El gol nazarí era cuestión de tiempo. La línea defensiva acostumbra a regalarlo y así lo hizo. Un mazazo, sobre todo porque el equipo debía rehacerse y no parecía muy dispuesto. El árbitro le echó una mano al expulsar a Uche, pero los cambios no acompañaron.

Ante el Valencia  sorprendió Vasiljevic al cambiar al alimón la línea de ataque Oriol-León por Riviere-Romero. En Los Cármenes sacó a estos dos últimos y sacrificó a Oriol Riera, quizás el mejor hombre sobre el césped granadino. El desaguisado quedó claro. Jugársela con Riviere en un momento tan decisivo es mucho jugársela, y Jaime Romero es incapaz de jugar el balón para un compañero, prefiere regatear hasta perderlo. A pesar de todo, hubo ocasiones ante un Granada deshauciado y con diez, pero ya ha quedado apuntado que no era el día de Sergio León.

Esto pinta mal. Que la película mejore a estas alturas del metraje no resulta suficiente. En Los Cármenes se quedaron dos puntos fundamentales que ponen la salvación más lejana, tanto en la tabla clasificatoria como en las convicciones anímicas. En fin, a ver qué ocurre ante el Sevilla. Ya se ha jugado la vida Osasuna ante los sevillistas en ocasiones memorables, pero ¿estamos ahora con las mismas convicciones que entonces?


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