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Osasuna sonríe en Primera, pero se deja dos puntos

Por José Mª Esparza 15 septiembre, 2019 - 21:38

El empate en Valladolid sabe a poco, los rojillos merecieron ganar al igual que Chimy Avila culminar su gran actuación con un gol.

Los jugadores Osasuna Adrián López (d) y Chimy Ávila celebran el gol ante el Real Valladolid, durante el partido de Liga en Primera División disputado esta tarde en el estadio José Zorrilla. EFE/R. García
Los jugadores Osasuna Adrián López (d) y Chimy Ávila celebran el gol ante el Real Valladolid, durante el partido de Liga en Primera División disputado esta tarde en el estadio José Zorrilla. EFE/R. García

El regreso a Primera División se le da bien a Osasuna. El técnico Arrasate ha respetado el bloque de Segunda para sorprender en Primera con un nuevo estilo que exhibe y rentabiliza señas de identidad aupadas por su fichaje estrella Ezequiel ‘Chimy’ Ávila. En Valladolid volvió a demostrarlo. Excepto los arranques de cada tiempo los rojillos se hicieron dueños del fútbol y de las ocasiones. Lástima que el delantero argentino no aprovechara una cualquiera para enmarcar su grandioso partido.

No obstante, por encima de cualquier nombre propio, Osasuna es bloque, trabajo a destajo, férreo orden táctico, disciplina total. Todos defienden y todos atacan. Da igual que los puntas Brandon y Chimy no bajen, que también, porque su trabajo ya ha sido ímprobo para entonces inquietando al rival o dificultándole la salida de balón. Todos saben a qué jugar, qué se les pide y cómo hacerlo. Acaban fundidos tras noventa minutos de brega.

El equipo navarro se comporta como una máquina bien engrasada. No se trata de un conjunto rutilante. Conoce su papel, que no es otro que la permanencia, y hasta ahora lo interpreta con nota. Ha dado el nivel alto o altísimo en todos sus compromisos. En Pucela, quizás, solo le faltó salir más convencido de sus posibilidades, algo matizable a juzgar por el número de ocasiones muy claras que supo fabricar, desde los dos palos de inicio hasta el cara a cara final.

Arrasate ha apostado por dos puntas, Brandon y Chimy, a los que lanzarles pelotas, que ellos ya se encargaran de dar guerra con ellas, entretendrán al rival, le liarán  y hasta podrán poner su vida en juego. Hace daño con esos balones largos, sean en forma de fútbol directo o de cambios de juego de lado a lado. Cuando los puntas se hacen con la pelota, sobre todo Roberto Torres y, posiblemente, algún lateral corren en su ayuda. Así se fraguaron las ocasiones en el José Zorrilla.

En este esquema se encuentra un tanto perdido Rubén García, otrora el hombre más indispensable. Le cuesta adaptarse a esta dinámica de despliegue diáfano, eficaz, limpio, abierto. Trabaja, pero apenas controla balones. Su juego entre líneas no aparece. Esto es Primera, no Segunda, y en este escenario Brandon, quién lo iba a decir hace dos meses, sabe mejor su papel y lo cumple a la perfección. Tiene las ideas más claras.

Decíamos que Osasuna apenas careció del control del juego en el arranque de cada tiempo. En el primero por aquello de verlas venir, y en el segundo porque los pucelanos quemaron naves, cerraron las subidas de los laterales y se encontraron con el golpe de gracias de Hervías. A partir de ahí, al equipo navarro no le faltaron ni carácter, ni ganas, ni juego. Tanto en el primer tiempo como en el segundo pudieron firmar una victoria clara, porque el Valladolid esperaba un encuentro más sencillo y se vio noqueado.

Quizás Osasuna esperaba un partido más difícil y, por eso, cuando más quiso apretar fue cuando no le quedaba otra opción, con el resultado adverso… En cualquier caso, como excusa, digamos que la avaricia rompe el saco. Este equipo está en fase de construcción. Ayer salió Adrián, marcó Róber, Moncayola se afianzó un poco más, o la defensa consolida el muro que ha sabido levantar. Podríamos repasar en positivo cualquier nombre, comenzando por el del guardameta Rubén. En fin, la temporada no ha hecho más que comenzar, pero pinta bien.
 

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (4). En la anterior entrega hablamos de que El Sadar puede con todo, hasta con una caja fuerte escondida en sus paredes. Que las obras en el estadio la hayan han descubierto resulta anecdótico –no su contenido- en relación con lo que le han cargado al viejo campo con su proceso de remodelación. Empecemos por el doble incumplimiento de la normativa que el propio club hizo para el concurso de proyectos. El punto 13 exige que “valoradas las ofertas y proyectos, la Mesa de Contratación seleccionará entre uno y tres proyectos que se someterán en un partido oficial de Osasuna a elección directa por la totalidad de los socios que tengan su carné anual en vigor”.

Ni se ofrecieron a votación entre uno y tres proyectos, ni se votó en día de partido. El problema, y muy grave, es por qué.


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