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UPN, por la vía más posibilista

Por José Mª Esparza 30 octubre, 2015 - 22:03

UPN tenía dos opciones, las de echar un órdago acudiendo solo al 20D o quedarse en un envite con el PP de compañero. Ha optado por lo segundo.

Con un órdago te la juegas, pero partida de mus resuelta si ganas. En cambio, también puedes perder, como ha sopesado UPN, donde valoran también la posible derrota si el contrario se envalentona y tiene cartas. El envite era más segurola. Aporta, dicen, diez mil votos y un montón de dinero para pagar la campaña. Vamos, un seguro a todo riesgo con franquicia, ya que el partido navarro vuelve a unir su nombre al del Partido Popular y pierde una ocasión más que propicia para relanzar su marca propia. Esto tiene un coste político y deja en el aire el resultado final de las cartas en cuanto a la imagen de Partido se refiere.

En definitiva, se ha impuesto la vía más posibilista para UPN. Las condiciones no son malas. Objetivamente, lograr los dos diputados se pone al alcance de la mano y con ambos podrá hacer más ruido en Madrid que con una sola plaza. Al menos figurará en las estadísticas de votos en los telediarios. Incluso podrán ser conocidos el nombre de sus congresistas. Y hablando de nombres, seguramente a Carlos Salvador se le habrá deshecho el nudo en la garganta, ya que el Comité de Listas tiene margen para conservarle la plaza y elegir junto a él un perfil más cañero y agresivo, que empiece ya mismo a dar guerra aquí, dentro de la muga.

Además, UPN consigue la libertad de acción para los próximos cuatro años, tiempo suficiente para ir rehaciendo el Partido en Navarra, algo a lo que puede ayudar la tarea en Madrid. El coste a pagar por ello resulta más que barato. Para apoyar una hipotética investidura de Rajoy no hacía falta ni siquiera firmar este pacto. Después, UPN podrá ser todo lo beligerante que quiera con el PP, en Madrid y por supuesto que en Pamplona, donde desaparecer es la vía más señorial que le queda a los populares después de este entreguismo. Efectivamente, el PP sufría mareos al pensar en los próximos comicios en Navarra. Le daba pánico acudir a las urnas en solitario, y el precio que paga para ellos queda.

Por otra parte, la negociación con el Partido Popular refuerza el liderazgo de Javier Esparza dentro de UPN. Como presidente ha querido llevar él mismo las conversaciones con la cúpula de Génova, ha impuesto sus condiciones a Rajoy, y a éste no le ha quedado otra que claudicar ante sus imposiciones más que exigencias. Además, ha sido coherente con la postura que ha manifestado las últimas semanas. Esperaba a estudiar la propuesta popular, que al final ha sido la suya. Decía “quiero tener voz propia en Madrid”, y lo ha conseguido. En ningún momento manifestó deseos de concurrir en solitario. Con su lenguaje ambiguo marcó distancias que después ha superado con nota. En un abrir y cerrar de ojos ha obtenido un botín más sustancioso que el de su predecesora.

Las únicas prebendas que les concede UPN a los populares son los dos posibles senadores. Ahí ha primado el reparto de sillones, pero en el escenario políticamente menos relevante. Además, en el Senado es donde precisamente urgía una coalición para contrarrestar con más garantías el frente donde concurrirán los nacionalistas. En fin, en UPN se sientes felices y comiendo perdices.

Pero no todo el monte es orégano. A la imagen de UPN no le beneficia nada en estos momentos en Navarra volver a aliarse con el PP. Las dos siglas vuelven a emparentarse justo después de comprobar hace cinco meses las pocas simpatías del electorado navarro con los populares. El tiempo dirá el coste político que tendrá esta operación para la formación navarra, que ya viene de pagar un precio infinito por su proclividad hacia los populares madrileños durante los últimos cuatro años. No obstante, en UPN confían que tienen toda una legislatura por delante para recuperar la transversalidad y demás esencias perdidas. 


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