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Un fraude al osasunismo

Por José Mª Esparza 13 septiembre, 2018 - 8:07

Un cuarto de hora superioridad al principio y diez minutos buscando la épica al final nunca pueden justificar el insulto al aficionado que ha supuesto esta eliminatoria de Copa.

Partido de Copa entre el Osasuna y el Reus. MIGUEL OSÉS
Partido de Copa entre el Osasuna y el Reus. MIGUEL OSÉS

Triste paso por la Copa, y van… ¡Qué lejanos aquellos tiempos en los que Osasuna lo intentaba, buscaba, ensayaba de verdad, encontraba o no, pero luchaba, y hasta tomaba oxígeno  en el torneo del K.O. para la Liga! La Copa es un estorbo, hay que pasarla con un poco de cara y cuatro mentiras mal dichas. Los buenos recuerdos acentúan la tristeza. La forma de caer de Osasuna a las primeras de cambio en una de las dos únicas competiciones que disputa, produce sonrojo, rabia. Mancha la historia del club, su escudo. Un equipo de fútbol puede perder de muchas formas, pero jamás por no querer ganar.

Quien queda señalado se llama Jagoba Arrasate. Jugaba frente a un equipo que no disponía ni de fichas profesionales para completar un once de circunstancias, pero que se ha plantado con un 0-2 en El Sadar ante la pasividad del titular del banquillo local y la impotencia de sus jugadores. Lucharon éstos, pero como alma en pena. Salvando las infinitas distancias, Arrasate actuó como Guardiola cuando salvó a Osasuna en el Camp Nou. Le dijo a su amigo Camacho que saldría a ganar, pero, claro, con una alineación irreconocible. Desde luego, que la de Osasuna ante el Reus fue de luchar para evitar el descenso a Segunda B.

Las pocas ganas de pasar ronda que ya se le adivinaron al tecnico de Berriatua en la rueda de prensa previa, las confirmó en el campo, especialmente cuando con el marcador en contra reaccionó quitando a Iñigo Pérez, el único creador de juego, de dar un pase vertical. La grada dedicó la gran pitada al banquillo de casa, que recompuso el centro del campo de una forma que mejor no comentar. Mejor no valorar individualidades. El Reus agradeció el gesto aumentando su ventaja poco después. Eliminatoria tirada.

El entrenador Xavier Bartolo pudo prescindir de sus dos mejores hombres, Ortiz y Vaz, porque había perdido todo el miedo, y el respeto, a Osasuna, que no reaccionó hasta los diez últimos minutos, gracias a la grada que le llevó en volandas. En Reus todavía se frotarán los ojos tras verse en siguiente ronda. El partido debió transcurrir como en el primer cuarto de hora, con una clara superioridad del cuadro navarro que no se concretó por la falta de pegada rojilla los aciertos del guardameta Pol Freixanet. Pero no.

Después del soponcio inicial, el cuadro tarraconense empezó a construir lo poco que podía, se puso adelante pese a sus limitaciones y sentenció ante la pasividad del equipo de Arrasate, que ya había dicho adiós a la eliminatoria, primero perdiéndose en el anonimato y luego en el marcador. Si el entrenador no resulta convincente, es imposible que los jugadores se lo crean. La búsqueda de épica en los últimos diez minutos no respondió para nada a lo visto en la hora anterior. Ni lo justificó. El fraude al osasunismo ya se había consumado por mucho que el gol de la honrilla o el jaleo de la grada quisieran dismularlo.

Osasuna cae en Copa porque no ha elaborado un discurso válido, ni creíble, para seguir adelante, para regalar una alegría a sus socios, para hacer crecer la entidad, para compactar equipo, dar más minutos a jugadores que necesitan ganar en presencia o en responsabilidad. En fin, no es que Osasuna perdiera en casa un partido que el 95% de los quinielistas habría apostado al primer casillero, es que profundiza en el desconcierto del inicio de temporada, es que no encuentra su rol, ni la personalidad, su identidad. ¿A qué temporada aspira en los próximos ocho meses? Nadie los sabe. Quien primero debe responderse a sí mismo es el propio club.

Luego el ‘factotum’ ya nos contará las conclusiones. Eso sí, sin derecho a repregunta. Osasuna responde.


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