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El tractor de Bilbao pasó por El Sadar

Por José Mª Esparza 24 noviembre, 2019 - 18:49

Osasuna no podía alargar estadísticas hasta el infinito. Algún día se romperían y sucedió ante el equipo de Bilbao, el Athletic Club. No hicieron nada los bilbaínos, pero los rojillos tampoco tuvieron su día y, además de las ausencias, jugaron como acomplejados.

Partido entre Osasuna y Athletic Club de Bilbao disputado en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido entre Osasuna y Athletic Club de Bilbao disputado en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Osasuna no hizo su fútbol y lo pagó caro, con la primera derrota de la temporada en casa. No es cuestión de cortar estadísticas, rachas, o expectativas. La pena es que los rojillos salieron como acomplejados, como condenados a perder, como si no fuera a ser su día, como si tuvieran miedo a ser grandes. En cambio, el equipo de Bilbao, el Athletic Club, salió a lo suyo. No hizo casi nada, pero le bastó ¿Mérito propio? ¿demérito del contrario? Me inclino por lo segundo. Osasuna no acertó en cómo jugar a los bilbaínos, rocosos, caballos percherones, equipo físico donde los hubiera o hubiese. ¡Y, casuen, encima ganaron…!

El equipo de Garitano se asemeja a un tractor, y no precisamente a los modernos jonderes, sino a los antiguos, a los de la primera revolución industrial, que usaban el carbón como combustible, la máquina de vapor de motor y las ruedas de hierro para moverse. Un equipo de dos metros para arriba o, si no, los bajitos, con los dos metros de ancho. No practican un fútbol de alta escuela, precisamente. Empujan, empujan y empujan. Eso sí, con mucho kilos de peso, sin obviar que los balones divididos son suyos por corpulencia, sobre todo por alto. Y si no, simulan falta.

Si encima el árbitro los ayuda en forma de perdonar en dos ocasiones la segunda amarilla a Williams, dejando a Yuri provocar y provocar mientras simula tenerla eternamente tomada con el banderín de córner, o permitiendo cortar el juego continuamente con las consiguientes pérdidas de tiempo, el partido resultó el peor de la temporada objetivamente visto en El Sadar. Intenso por la pasión, pero poco más. La apuesta más cicatera del Athletic Club. ¡Y, casuen, encima ganaron…!

El tractor de Lezama pasó por El Sadar. Y ganó, oiga. ¿Qué ocurrió? Varios asuntos. El primero, las ausencias. Principalmente, la de Nacho Vidal. El cuadro de Jagoba Arrasate jugó sin banda derecha en ataque. Pagó la ausencia de carácter sin Oier o la falta de entendimiento en defensa, concretada en la primera parte en clamorosas faltas de marcaje. En fin, no jugó con la alineación que precisaba para medirse a un equipo rocoso como pocos, bien posicionado, con solo dos ideas, pero bien claras. Casi les bastó con Raúl García en su sitio, esperando el pase de Williams para dejar un partido irresoluble en la primera mitad, en la que Osasuna apenas inquietó al guardameta bilbaíno.

El escenario cambió en la segunda parte, en la que Osasuna se pareció algo más a lo que suele. Pero los bilbaínos, el Athletic Club, para entonces ya habían cerrado las vías de acceso. Les bastó con mantenerse posicionados de lado a lado del campo y apelotonados en el eje central. Los chicos de Jagoba Arrasate se encontraron siempre sin espacios suficientes, condenados a jugar en corto, con pocas posibilidades de entrar en el área, y menos todavía de hacer daño. Si en un partido cualquiera, trazan una docena de cambios en juego, ante el equipo de Bilbao hubo que esperar hasta la hora de juego para la primera y única.

Movió (a mejor) fichas Arrasate, buscando más juego en el centro del campo y fuerza adelante, pero el destino ya se había conjurado en contra de todo menos de la historia. El equipo de Euskadi (Uria dixit) volvía a exhibir su mayor potencial (económico). Quizás hubiera resultado más justo el empate, quizás. Sobre todo porque el segundo gol del Athletic Club pareció francamente evitable, y llegó en un momento psicológicamente perverso, cuando los bilbaínos estaban entregados, impotentes, mal posicionados, muertos. Lástima. Otra vez será, pero ya nunca esta.

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (14). De asegurar el factótum “el caso Álvaro lo tengo ganado” por su huida al Mónaco, a deber arrodillarse y reconocer a Sabalza que “deberíamos haber denunciado en el tribunal laboral en Pamplona”, como dijo entonces el presidente. No hay que ser astronauta. En el contrato del portero Álvaro Fernández se especificaba, como en todo contrato laboral, que en los posibles conflictos decidirían los tribunales laborales y no la FIFA, que lógicamente se declaró insolvente en el litigio (¡Jesús Riaño dixit!).

Tres preguntas: En el caso de variables y objetivos, ¿contaría esto en su contra, en el debe del factótum? Segunda: ¿Quién llevó el caso, el director general de Osasuna o Roca Abogados, con su conocimiento o su ignorancia supina? Tercera: ¿No debería haberle atado el presidente un poco más en corto al factótum para que Osasuna no quedara como cagancho?


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