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Un tirón de orejas a Jagoba Arrasate

Por José Mª Esparza 24 noviembre, 2018 - 21:38

El fútbol norteño hay que saber preverlo y ejecutarlo, actuar en consecuencia. Lo que no es de recibo es jugar al toque en una piscina. La culpa es del entrenador. No del ‘factotum’. A éste hay que buscarle por otros lares.

Unai García disputa un balón con Quique González en el encuentro entre Osasuna y el Deportivo. LALIGA 123
Unai García disputa un balón con Quique González en el encuentro entre Osasuna y el Deportivo. LALIGA 123

Al final, el partido de Riazor deja sensación de desangelo, de frustración. No se trata de una ocasión perdida, o de un fracaso estrepitoso. No va por ahí. Podemos decir que Osasuna dio la cara, incluso. Pero no la cara que debió poner, sino otra, inapropiada, fuera de lugar, la de los tontos, la de que te la pongo para que me la partas, me sacudas. No se midió al Deportivo con las armas adecuadas. Que, salvo un tiro lejano de Torres en la primera parte, los rojillos no hicieran un remate a puerta hasta el minuto 84 lo dice todo.

El entrenador Jagoba Arrasate salió con un partido planificado durante la semana que en ningún momento se ajustó a la realidad sabatina. Puede y suele pasar, pero hasta cierto punto, sin pasarse. El problema aumentó al no cambiar de guion cuando cualquier argumento posible se había vuelto en contra. Recordó a Jan Urban en Anduva, cuando con el campo hecho un lodazal, peor que la piscina de Riazor, salió con una alineación de tuya-mía. Le dieron hasta en el DNI, y acabó sin entenderlo. Se quejó de que los jugadores no supieron adecuarse al partido…

Quien no supo acoplarse, ni planificar, concretar o leer, fue el entrenador. Resulta comprensible que un técnico trabaje durante la semana un once, una estrategia, un posible guion, y más ante un equipo como el Deportivo y en su casa, Riazor. Vamos, uno de los partidos de referencia. Pero, claro, si llegas a A Coruña y te encuentras el diluvio universal, algo previsible oyendo las noticias antes de salir de Pamplona, o mirando el tiempo en Google con tres días de antelación, no puedes salir con Kike Barja a desbordar por la banda si sabes que el balón no puede correr.

También sorprende que dejes a otro hombre de toque, Roberto Torres (que no estuvo mal, a pesar de todo), como organizador del juego de ataque, si encima tienes adelante a otro jugador de mantequilla, Juan Villar, a verlas venir, pero sin que vengan. Los tres futbolistas citados merecen la titularidad, y han demostrado que tienen un sitio en este equipo, pero curiosamente los tres sufrieron la sustitución, hecho que llegó tarde, eternamente después de que el desaguisado tuviera remedio. El primer cambio, muy tímido (Vidal por Barja) vino sin capacidad de reacción, los otros dos cuando ésta resultaba metafísicamente imposible.

Explicó Jagoba que le quedó la sensación de estar un peldaño por debajo del Deportivo, y suena a justificación malsana. Cada cual es libre de opinar lo que quiera. Sin embargo, a la luz del partido, no estoy de acuerdo. El Deportivo, su entrenador, supo leer el partido infinitamente mejor. Hizo un fútbol vertical con pases largos, bien pertrechado en defensa, poniendo hombres de referencia adelante. Jugó, en definitiva, a lo que siempre se ha llamado fútbol norteño. Tomó el patrón elemental del rompe y rasga para sacar adelante un partido de dos y dos son cuatro.

Mientras Osasuna sacaba el balón del área en pases cortos, el Deportivo lo hizo con mucha más eficacia y sin apuros, a patadones. Por tanto, la crónica del partido no parece muy difícil. La primera parte resultó igualada, con la fortuna del lado deportivista en una acción de ataque rematada por un hombre solo si bien estaba con unos cuantos contrarios a su lado. Después, Osasuna siguió igual, mientras que los coruñeses tenían más fácil nadar y guardar la ropa en la piscina de Riazor, algo que hicieron a la perfección, sin perder ritmo ante la pasividad rojilla.

Osasuna jugó a defender, o bien, en todo caso, a mantener el balón donde era imposible realizarlo. Craso error. Le adelantaron por el centro y los laterales, mientras que apenas gozó de un tiro lejano de Roberto Torres en la primera mitad y de un remate en la segunda, eso sí, con buena intervención del cancerbero Dani Giménez. Pero eso ya poco importa. No puede hablarse de ridículo o fracaso. La derrota en Riazor entra en los cálculos más optimistas. Deja sensación amarga por aquello de que Osasuna no jugó el partido con las mismas armas. Se equivocó Jagoba. En un terreno de juego como la piscina de Riazor hay que jugar con Lillos atrás, Méridas en el centro, y… Brandons adelante.

Y quizás, ante la inminente llegada de Iñigo Pérez y dadas las circunstancias, pudo ser momento de retrasar a Oier al eje central defensivo y dar cancha a Perea. Pero los entrenadores son más conservadores de lo que parece. Si juego con los mismos que encandilaron en el último partido, nadie me dirá nada. Pues se equivoca… Al menos en este caso.

Como el ‘factotum’, que se empeñó en salir él solo en la foto con la camiseta de Euskaltel, como diciendo “aquí pa chulo estoy yo”, sin apenas intervenir en aquella gestión que todavía tenía sin abonar hace unos días. “Semana sabática”, argumentó tras la última asamblea. Se equivocó, como quizás Braulio publicitándose en una foto tras una decisión personal de Fran Mérida, precisamente en una semana en que el rival se llamaba Quique González, quien se escapó por una injustificable gatera abierta en su contrato. Y nadie da cuentas, ni explica.


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