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Osasuna logró lo que fue a buscar a Tenerife

Por José Mª Esparza 29 octubre, 2017 - 23:41

Dos veces pisó el área en todo el partido, y ni siquiera una sola vez tiró a puerta. El once de Diego Martínez viajó al Heliodoro a por un punto y es lo que se trajo con trabajo, el acierto del ‘parapenaltis’ Sergio Herrera, y un pelín de suerte.

El defensa rojillo Aridane cae en pleno partido ante el Tenerife en el encuentro de la 12ª jornada de liga. LA LIGA 123.
El defensa rojillo Aridane cae en pleno partido ante el Tenerife en el encuentro de la 12ª jornada de liga. LA LIGA 123.

Al líder se le presupone la obligación de ganar. Sin embargo, a veces no resulta posible, sea por posibilidades o por planteamiento. Algo de las dos cosas mostró Osasuna en Tenerife. Quizás a Diego Martínez le pesaran las bajas, o quizás pensara echar el freno en la visita a una isla históricamente maldita, el caso es que los rojillos cuajaron en el Heliodoro Rodríguez López su partido más rácano de la temporada. Salieron a especular con el empate y ahí concentraron todo su enorme trabajo.

Nadie puede negar que se trató de un punto ciertamente trabajado, especialmente por el portero Sergio Herrera, aunque cualquiera puede añadir también que logrado con buenas dosis de fortuna. Sin ese pelín de suerte, difícil jugar con fuego a lo largo de 95 minutos y no quemarse.

Osasuna sacó en Tenerife su cara más huraña. Nada de fútbol vistoso, con un mínimo de ritmo o imaginación. Todo lo contrario, es decir, disciplina posicional para cortocircuitar el juego del rival, desentendimiento del balón, trabajo a destajo y bien oscuro, y concentración total de principio a fin. A pesar de ello los isleños llegaron al área, donde en última instancia toparon con Sergio Herrera que, además de detener un nuevo penalti, hizo paradas de verdadero mérito. A cambio, Osasuna no pisó área hasta el minuto 40, no creó peligro hasta la reanudación, y no tiró a puerta una sola vez en todo el encuentro.

Con tales hechuras, imposible imaginar un partido precisamente divertido. Vaya un dato concluyente: Osasuna no encadenó tres pases en todo el encuentro. Es difícil, casi imposible, pero lo consiguió. Ni tres combinaciones seguidas.

El equipo de Diego Martínez suele basar su juego en la disposición táctica para detener al contrario. No presiona, pero cierra espacios. Después, busca el gol de diferentes maneras según vaya el juego. En el Heliodoro solamente contuvo, jugó todo el partido de espaldas al balón, con la labor oscura e incansable que esto implica. El Tenerife acabó desquiciado porque se veía con el balón, lo movía, llegaba, pero en ningún momento pudo transcender al mero intento. Quizás le pesaran las ausencias, especialmente de Mérida y Torres, ausencias que cubrió dando entrada a Fausto Tienza en el doble pivote y a Miguel de las Cuevas con una labor polivalente según transcurría el partido o aguantaba el jugador.

Con el novedoso once podría presumirse, por ejemplo un 4-2-3-1, o incluso un 4-4-1-1, con De las Cuevas de media punta y con uno de los dos delanteros, David Rodríguez o Quique González caído a banda derecha, ya que la izquierda era de Mateo. Sin embargo, el técnico rojillo se mostró de salida fiel a su 4-4-2 con De las Cuevas en la banda derecha, si bien ya a lo largo de la primera parte no tardó en trasladar al alicantino al eje central de enlace con el único punta, papel este último reservado a casi siempre a David Rodríguez con ese dibujo.

A priori, cualquiera podría pensar que el traslado respondía a la idea de buscar mayor creatividad, algo de lo que el doble pivote Tienza-Arzura andaba francamente escaso. Pero no.

Diego Martínez salió en busca de la igualada y en ella concentró su estrategia, especialmente en la primera mitad. Después, en la segunda, realizó un ajuste con un tercer central, Unai García, aparentemente para buscar más profundidad por las bandas, idea que alimentaba la apariencia de trivote con en el centro con De las Cuevas por delante de Tienza-Arzura.

Sin embargo, con la excepción de algunas, pocas, ocasiones que cruzó la línea de centro del campo, lo cierto es casi todo transcurrió por donde solía, si bien el balón circuló algo más alejado del área rojilla, labor en la que colaboró Xisco, llevando el ritmo de juego a donde a Diego Martínez gusta. Sorprendió que el delantero de Santa Ponça no saliera desde el inicio, porque un partido así le va mil veces mejor que a Quique González, a quien sustituyó. Finalmente, la salida de Torró por ‘Arzurita’ sumó en la labor colectiva de salvaguardar el punto.

En fin, dicen que cuando no se puede ganar, lo mejor es no perder. En este caso, habría que matizar. Puestos a no ir a ganar, vale el empate. Sobre todo si se trata de Segunda División, donde lo más importante siempre es puntuar.


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