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La cuadratura del círculo en el Heliodoro

Por José Mª Esparza 22 marzo, 2019 - 23:42

Desde el minuto uno Osasuna dejó claras sus intenciones. Pudo golear porque a eso jugó, pero perdió en acciones muy puntuales. Es el fútbol, y no siempre gana el mejor, pero así se forjan en él los equipos grandes.

Brandon Thomas, en el suelo, duranta un momento del partido entre Tenerife y Osasuna en el Heliodoro Rodríguez. FOTO: LA LIGA 123
Brandon Thomas, en el suelo, duranta un momento del partido entre Tenerife y Osasuna en el Heliodoro Rodríguez. FOTO: LA LIGA 123

Osasuna debió golear en Tenerife. Lo hizo todo para lograrlo. Nunca especuló. Cualquier entrenador con un gol a favor a domicilio, se retrae, defiende, conserva, especula. Pero este Osasuna no es así. Quiere jugar a fútbol, y eso significa meter un gol, y otro, y otro. Es su grandeza, su seña de identidad. Su poderío, lo que le ha hecho líder, aunque en Tenerife acabara derrotado.

En cualquier partido, con un resultado a favor al cuarto de hora, en casi todos los equipos pierde tiempo hasta el portero, o al menos trata de marcar el tempo, poner el ritmo. En el conjunto de Jagoba Arrasate sucede todo lo contrario. Al primer gol debe suceder el segundo, y … el tercero. Y eso está bien, aunque en Tenerife saliera mal.

Pese a las ausencias, el conjunto rojillo se comportó como el bloque acostumbrado. Además, salió a ganar. Con el doble pivote Mérida-Perea arrolló desde el inicio.  Tres sensaciones dejó en los diez primeros minutos: transmite las solventes sensaciones acostumbradas, sale a por todas, y apenas se notan las importantes bajas. El Tenerife, noqueado en el centro del campo, reaccionó a ráfagas. Lo hizo así a lo largo del encuentro, por empuje, a empeñones. En cambio Osasuna lo hacía de acuerdo a su carné de identidad: con triangulaciones rápidas, cambios de juego, al toque largo o corto pero siempre veloz y vertical. Así encontró su premio, en tres minutos se puso con un 0-2 teóricamente insuperable.

Dos de ventaja antes de la media hora de partido suponen, aquí y en Nueva Zelanda, una renta suficiente para ganar un partido. Aunque los once jugadores se fueran lesionando uno a uno hasta el minuto noventa, la victoria nunca puede escapar y menos ante un equipo desarbolado, que no sabía por dónde le daba el aire, que hizo cambios por asfixia, que no lograba más que salir a empeñones, y al que las ocasiones en contra le llovían sin enterarse. A la contra, Osasuna conjugó las variables suficientes para evidenciar que podía golear, pero no sucedió así. Digamos que el fútbol ha labrado así su prestigio, su grandeza. No siempre gana el mejor, ni el que objetivamente más méritos ha acumulado. Las victorias a los puntos no existen.

Personalmente, aplaudo y con todas mis fuerzas, el partido del Heliodoro. Prefiero a este Osasuna aparentemente ‘kamikaze’ al odiosamente reservón de la campaña pasada. Si hay que morir, que sea con las botas puestas, dando la cara aunque te la partan, nunca escondido debajo de la fregadera. Tuvo muy mala suerte el equipo de Jagoba Arrasate para salir malparado del Heliodoro. Quizás su único pecado consistiera en ver tan asegurado el triunfo tras el descanso que le faltó ese pelín de tensión, de concentración o necesidad, que siempre cuenta cuando juegas al límite. No se pueden perdonar tantas ocasiones y tan claras. Algo falla entonces. El vademécum del fútbol asegura que eso se paga caro.

Sin embargo, la superioridad de Osasuna era tal que ignoró ese plus que nunca pensó necesitar. Fu el principio de su muerte. Le sobraron ocasiones para apuntillar, pero… no pasa nada. Perder es uno de los tres resultados posibles, y algún día debía llegar la derrota. Después de semejante varapalo, el que supone verte bajado del infinito al cero en un plisplás, lo mejor fue palpar la reacción del equipo, buscando insistentemente su remontada particular. Hay vida, un mundo de sensaciones por delante, de ilusiones y esperanzas. Duele perder así tres puntos, pero también regala argumentos precisamente el hecho de haberlos perdido así.

Las ‘Islas Afortunadas’ vuelven a dar la espalda a Osasuna en esta temporada. Sin embargo, con el margen tan generoso que suponen once jornadas para el final, igual regalan la mejor enseñanza de todas las posibles. Y es que en los diez partidos que restan a Osasuna hay que buscar la victoria de todas las maneras posibles, no solo de una.


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