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También ante el Elche, un equipo muy justico

Por José Mª Esparza 27 agosto, 2018 - 8:15

Es la impresión que Osasuna dejó en Mallorca y ha repetido en su estreno en El Sadar, donde ya no se estilan presentaciones previas. Por cierto, el club debería aclarar qué ocurre con Fran Mérida. Si son “molestias musculares” o algo más.

Partido entre Osasuna y Elche en El Sadar LALIGA.
Partido entre Osasuna y Elche en El Sadar LALIGA.

Sigue la pretemporada, con un equipo alborotado, que bulle lo suyo y quiere morder, pero que no pasa del intento, porque ni parece cuajado ni le sobran mimbres. Anda muy justico, demasiado. No arranca. Un punto de seis. Lucha, trabaja, presiona, corre, es otro, en nada recuerda al de la campaña pasada, pero le falta poderío. Posiblemente esto sea lo que hay, o quizás haya que esperar para que las piezas engrasen mejor y aumenten sus prestaciones. El tiempo dirá. Gustan la verticalidad o la viveza en el juego, el ritmo, pero al final quedan en nada sin llegar al área rival o hacerlo sin peligro.

Tanto Osasuna como el Elche dieron la cara, ofrecieron un partido vivo, de los de pelea asegurada, que satisfizo de alguna forma al espectador, pero no tanto por el fútbol desplegado, demasiado a trompicones, como por las ganas. A partir de ahí llegan las penurias. La ilicitana consistió, afortunadamente, en la falta de fe en sus posibilidades. En cuanto a la rojilla, es preciso un análisis más exhaustivo. El equipo de Jagoba Arrasate volvió a salir a por todas, y eso es bueno, pero volvió a desinflarse al cuarto de hora de partido, a raíz del paradón de José Juan a Juan Villar.

Respecto al partido de Mallorca, no son tan relevantes las bajas (Olabide y Barja), como las presencias (especialmente de David Rodríguez) y las ausencias (Miguel Flaño o Fran Mérida, por citar dos casos). El técnico osasunista trata de ir haciendo un bloque y para ello también  evolucionó del 4-3-3 isleño al 4-4-2, con Oier-Iñigo Pérez  en el doble pivote, acompañados de Juan Villar y Torres. No obstante, línea por línea las tres sufrieron. En defensa, la sensación de fragilidad la culminó la incalificable doble amarilla de David García que dejó vendido al equipo.

En el centro del campo todos los galones son para Iñigo Pérez, pero está muy solo en la creación, y si el rival logra taparlo, el juego colectivo lo paga. El ex numantino tiene una visión de juego llamativa, además de toque y lucha, pero él solo no puede mover a todo el equipo, y menos si el rival logra taparlo. Le falta, por ejemplo, el oxígeno de Fran Mérida. Dicen que el catalán sufre problemas musculares, pero lo cierto es que el club debería informar claramente qué ocurre realmente con este jugador fundamental.

Adelante se repartieron roles entre Rubén García, que corre más que Susaeta y Toquero juntos en sus buenos tiempos,  y triunfará si sigue así, y David Rodríguez que fracasará si no cambia. El talaverano sigue igual que con Diego Martínez, sin apercibirse que el paisaje es otro. Quizás debería haber refrescado la mente cambiando de aires como Quique González, tras la despersonalización que sufrieron ambos con el anterior técnico. El caso es que la grada magullaba su cambio, y tanto Xisco como Brandon la llenaron de razones.

Si Osasuna anda un tanto justico de potencial y juego con once jugadores, mucho más apuros está obligado a sufrir con diez durante casi toda la segunda  mitad. Reaccionó pronto Jagoba Arrasate al sacrificar un punta, retrasar a Oier de central, y supliéndole con Imanol en la medular. El conjunto quedó más compensado, e incluso ganó en poder ofensivo con las entradas de Brandon y Xisco, pero el contrario, que también juega, hurgó en la herida rojilla y menos mal que no profundizó más en ella.

Evidentemente, el equipo está sin hacer. Quizás habría apurado más la puesta a punto con una exigente presentación en Pamplona durante la pretemporada,  hurtada al socio. El caso es que al cambio drástico de partitura del nuevo técnico se unen las abundantes incorporaciones de Braulio, tantas que ni siquiera permiten trabajar sobre el bloque de la pasada temporada, máxime si tampoco cuentan piezas tan básicas en aquel engranaje como Fran Mérida o el orden y seguridad que aportó Miguel Flaño al final de campaña. Tiene tarea Jagoba Arrasate. Entre tanto, resulta difícil calibrar si la visita del Elche empieza a trazar las coordenadas donde Osasuna se moverá los próximos meses o si los primeros dos puntos que vuelan desde El Sadar no pasan de mero accidente.


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