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El síndrome del líder, ganar por inercia

Por José Mª Esparza 31 Marzo, 2019 - 20:26

Quizás la victoria ante el Extremadura haya sido uno de los peores partidos de la temporada, sin embargo dejó sensaciones a considerar, como que el liderato ayuda a ganar porque sí, pero también que a la suerte no se la debe tentar demasiado.

Partido de la Liga 123 entre Osasuna y Extremadura disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido de la Liga 123 entre Osasuna y Extremadura disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Si el partido hubiera acabado en empate, a nadie le habría podido extrañar. Al principio parecía que el Extremadura vino a jugar más con las urgencias de Osasuna que con las suyas propias, pero no. Ni siquiera sabía cómo hacer ninguna de las dos cosas. El problema estaba en los rojillos, que salieron al campo con los deberes ya hechos, es decir, con el partido ganado, como olvidados  en su madeja mental de que necesitaban al menos un gol para que esto ocurriera realmente así. Felizmente así sucedió, olvidando entonces que los de Almendralejo también podían hacer lo propio, aunque fuera por insistir, por encontrar un fallo del rival o encontrar la jugada propia que parecía imposible.

Partido malo, espeso, sin ideas, ni ritmo, jugado a ráfagas, con demasiados descuidos, pérdidas de balón innecesarias, pases imprecisos, falta de presión. Cuando una parte del conjunto de Arrasate parecía reaccionar se dormía la otra, y viceversa. Hubo momentos en que algunos parecían jugar a gustarse a sí mismo en lugar de a sentenciar un partido vital la para las altas aspiraciones que ahora urgen al club. La grada se hizo eco de cómo el empaque de equipo líder se diluía en la vulgaridad a medida que avanzaban los minutos, como si a los protagonistas del espectáculo se vieran incapaces de volver a apretar los puños y empezar de cero para terminar de resolver.

Solo la salida de Brandon en la segunda, jaleada por la grada como si se trata del regreso de Messi tras dos meses de ausencia, despertó al partido de su letargo, de la mediocridad en que había caído el desarrollo del juego. Incluso hubo un cierto desconcierto táctico, con pérdida de posiciones incluida. Además del acostumbrado cambio de la dinámica en ataque con Barja-Brandon por Róber-Villar, el técnico rojillo se vio obligado a reforzar el centro del campo con la entrada de Luis Perea. Los pacenses habían aprovechado el desconcierto local para llegar arriba en los pasillos que les concedió el desorden. No es que peligraran los tres puntos, sino simplemente de reconducir para evitar una desgracia.

Quizás los jugadores sintieran el mal de altura, o el de bajura ante un rival tan justico. Quizás el balneario les ablandó excesivamente los músculos, o quizás se nota el desgaste físico de una temporada tan exigente. Lo cierto es que el stage de Elgorriaga ha resultado insuficiente para reponer las ideas en su justo punto. No hace falta liarse más de la cuenta para resolver las diez jornadas restantes. No se trata de solventarlas de golpe, sino partido a partido, minuto tras minuto. Como hasta ahora. Hay que volver a las esencias que han hecho grande a este equipo, caso de hilvanar las jugadas desde el principio buscando la eficacia en lugar del taconazo efectista, o de robar el balón con presión en vez de esperar que el rival lo pierda por su ineptitud.

Hasta ayer Osasuna ha fraguado sus éxitos en contener con más efectivos que la ofensiva rival, y, con transiciones de ritmo endiablado,  atacar con más delanteros que defensores contrarios. En Tenerife el equipo se partió en dos  y el precio a pagar resultó carísimo. Ante el Extremadura hubo fases en que la historia quería repetirse, y ahora esto es jugar con fuego.

Ciertamente, es importante ganar estos partidos donde el buen juego brilla por su ausencia. La inercia del liderato y el apoyo de la grada resultan suficientes para sacarlos adelante. Pero esto no siempre será igual. Las diez jornadas restantes suman 30 puntos, margen suficiente para minimizar los seis de ventaja sobre el tercer clasificado. De momento, 12 pueden bastar para que el play-off no se escape, pero éste no es ahora el objetivo. Hoy solo importa el ascenso directo.

POST DATA. El partido comenzó con un recuerdo al ex presidente Javier Miranda, fallecido esta semana. Afloraron recuerdos personales, derivados de su relación de amor y odio con la prensa. A pesar de las más que convulsas relaciones, nunca vetó a un periodista a una rueda de prensa y, gracias a él, puedo presumir de que un presidente de Osasuna me impuso la insignia de oro del club. Ocurrió en las viejas oficinas de la Plaza del Castillo. Buscó una al verme y, mientras me la imponía, dijo: “Tú la mereces”.


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