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En Segunda División, con todo el merecimiento

Por José Mª Esparza 20 mayo, 2017 - 23:46

Las diez bajas previas al partido dejaban claro lo que iba a suceder en la despedida de Primera División. Como en toda la temporada, Osasuna ni defendió, ni atacó. No compitió.

El banquillo de Osasuna durante el partido de la última jornada de Liga de Primera División que Sevilla y Osasuna han disputado en el Ramón Sánchez-Pizjuán. EFE/Julio Muñoz
El banquillo de Osasuna durante el partido de la última jornada de Liga de Primera División que Sevilla y Osasuna han disputado en el Ramón Sánchez-Pizjuán. EFE/Julio Muñoz

Costará olvidar esta temporada. El fútbol se vive al día, de acuerdo, y cuando ruede el balón dentro de unos meses lo hará con ilusiones renovadas, pero no resultará fácil aparcar las sensaciones que deja esta última campaña. Imposible encontrar un año peor allá hasta donde la memoria recuerda, desde que comenzó la confección de la plantilla hasta la última derrota en Sevilla, pasando por cualquiera de las desafortunadas decisiones tomadas a lo largo de estos meses.

Desde la primera jornada a la última Osasuna ha repetido los mismos errores, y mostrado idénticas limitaciones, la misma impotencia, dentro y fuera del terreno de juego. Podríamos hacer ahora un análisis global del campeonato, y no aportaríamos prácticamente nada a lo escrito en cada una de las 37 citas anteriores a la del Sánchez Pizjuán.

Quizás el factótum Fran Canal podría (debería) ofrecer explicaciones de por qué Osasuna no ha competido durante la Liga 2016-2017. El equipo ha acudido puntualmente a cada señalamiento de la LFP, pero sin competir, arrastrando la camiseta hasta el ridículo final. Sonroja la convocatoria postrera, con diez jugadores caídos de la lista. El último, Riviere, el más caro del plantel. Y el entrenador presumiendo que aquí nadie se baja. Habrá que creerle.

Imposible recordar algo semejante, y aquí no pasa nada. Reseteo total y, dentro de tres meses, vuelta a empezar, desde cero. El Sadar disfrutando con ilusión renovada. A ver si es verdad, porque a día de hoy parece tan imposible como ganar un partido durante los últimos nueve meses. Costará olvidar esta temporada.

¿Quién pensó aunque solo fuera una fracción de segundo, que Osasuna podría lograr algo positivo en el Sánchez Pizjuán? Nadie en su sano juicio, y desde luego ni el entrenador, ni cualquiera de sus técnicos o jugadores. La última goleada recibida no demostró otra cosa. La entente Vasiljevic-Alfredo planteó esta vez un 5-3-2, con las dos primeras líneas bien pegadas para evitar goles, y los dos en punta abandonados a su suerte, y nunca mejor dicho.

No obstante, en ese error de concepto que ha sido Osasuna a lo largo de la competición, todo da igual, porque los sistemas hacen aguas inevitablemente cuando sus agentes no son capaces de concretarlos. Como en Mestalla, hubo cambio de esquema con el 4-0 hispalense, pasando a un 5-4-1, pero dio igual. El equipo de Sampaoli siguió disfrutando en la despedida de su afición. Osasuna ni ataca ni defiende.

Osasuna ha resultado a lo largo de las 38 jornadas, decíamos, un continuado error de concepto. No analizó donde debía competir, ni definió cuál era su objetivo, ni puso los medios necesarios.  No supo calibrar la falta potencialidad de sus jugadores, ni de sus técnicos. Además, como la dirección deportiva tampoco ha sido la exigida por la máxima categoría, ni a la hora de proyectar, y menos todavía en los momentos de reconducir, Osasuna ha cuajado una de las peores campañas de su historia, dando una imagen de fragilidad física, técnica y mental que nada se corresponde con su casi secular historia. Ha faltado calidad, por supuesto, pero también estilo, carácter, personalidad.

El ascenso a Primera División colocó a la directiva de Luis Sabalza en el punto de salida para emular la gestión de Fermín Ezcurra. Hoy parece una entelequia aquella aseveración. Una utopía. El presidente debería mirarse hacia adentro con un mínimo espíritu crítico, apuntar uno por uno los defectos de gestión con los que ha dilapidado el extraordinario potencial que tuvo en sus manos, y aplicar medicina dura. Sin embargo, no parece que vaya a ocurrir.

En el interinato donde Sabalza ha metido al club, con la junta directiva de nuevo partida, y el factótum campando a sus anchas, tampoco resulta fácil adivinar hacia dónde camina Osasuna. De momento sólo sabemos dónde está, que ya se encuentra en Segunda División. Obviamente, con todo merecimiento.


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