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Reñidos con el fútbol, pero menos que el Alavés

Por José Mª Esparza 24 junio, 2020 - 23:32

Los rojillos dejaron prácticamente sellada la permanencia en Mendizorroza en un partido reñido con el fútbol, con un único tiro a puerta en todo el partido, el del gol, y ni una sola parada de un guardameta.

El centrocampista del Deportivo Alavés, Tomás Pina (i), disputa un balón con José Arnaiz, delantero del Club Atlético Osasuna, durante su encuentro correspondiente a la 31ª jornada de LaLiga Santander que se disputa este miércoles en el estadio de Mendizorroza, en Vitoria. EFE/ David Aguilar
El centrocampista del Deportivo Alavés, Tomás Pina (i), disputa un balón con José Arnaiz, delantero del Club Atlético Osasuna, durante su encuentro correspondiente a la 31ª jornada de LaLiga Santander que se disputa este miércoles en el estadio de Mendizorroza, en Vitoria. EFE/ David Aguilar

Bienvenida sea la permanencia a falta de siete partidos. Tendría que darse algo así como la cuadratura del círculo para que Osasuna no disfrute la próxima temporada en Primera División. La pena es que esta alegría tan grande llegara en un partido tan pequeño, tanto que resulta raro hablar de fútbol en él. Sería más apropiado explicar su ausencia. La primera hora de juego (?) durmió al más entusiasta. A partir de ahí, el partido fue otro. Durante la media hora final los rojillos despertaron, amagaron primero, marcó Lato a continuación, y hasta se gustaron los hombres de Arrasate. Eso sí, sin exquisitez alguna. No tocaba.

El fútbol también tiene su lado humano y, aunque el ‘factotum’ y su comisario político nos lo cieguen en tantas ocasiones, la visita al Alavés habría quedado más que justificada en la alegría desbordante de Lato, el autor del gol. Vino aquí para triunfar, apenas ha tenido oportunidades, se topa por delante con uno de los tres imprescindibles de este Osasuna, nada menos que con Pervis ‘Coloso’ Estupiñán, tampoco le fue nada bien en el desastre frente al Atlético… Increible lo que puede llegar a sufrir un futbolista en tales circunstancias.

En fin, en Vitoria se vio más seguro a Toni Lato. Subió banda, creó, participó y anotó ese trallazo que casi rompe la red. Precisamente concretó en ese punto más débil en el debe del ecuatoriano: el disparo final. Los abrazos de los compañeros y las lágrimas finales del valenciano reflejan la emoción desbordada. En estos siete partidos que restan, donde Jagoba Arrasate dispondrá de todas las comodidades para realizar probatinas de riesgo controlado, habría que ensayar con Lato-Estupiñán para agrandar la banda izquierda. A ver.

Por lo demás, si el Alavés llega a anotar en la primera parte uno de los tres fallos que cometió la defensa rojilla, ahora nos preguntaríamos ¿a qué jugó Osasuna en la capital de Euskadi? Difícil respuesta. A la media hora de juego distaba de alcanzar la mitad de pases acertados. Dato revelador, ciertamente. Ahora bien, los vitorianos tampoco hicieron nada más. Planos absolutamente en la primera mitad y menos todavía, cóncavos hacia abajo, en la segunda. Cualquier espectador que presenciara los primeros sesenta minutos aseguraría que ambos conjuntos habían pactado el empate a nada.

Hay que pensar también en la acumulación de partidos, la ausencia de ambiente, las fechas inadecuadas por el calor, el atropello del calendario, en fin, tantos factores que poco ayudan a saborear un partido de fútbol. Además, tampoco puede discutirse las ganas de los jugadores de ambos equipos. No les salió casi nada, pero tampoco puede negarse que lo intentaron, especialmente los vitorianos, que obligatoriamente asumieron la iniciativa en forma de un pelín más de posesión y empuje, pero poco más. Un partido para olvidar.

¿Qué ocurrió para romperse el atasco en la media hora final? Torres apareció, Osasuna se despertó con su primera ocasión, un rebote en el muslo de Aridane que de milagro no acabó en gol. Dos minutos después llegó el enésimo intento de Gallego de hacer algo en el área, menos mal que el balón lo aprovechó Toni Lato… y Osasuna tocó la gloria. Atrás quedaban la hora para el olvido o la falta de brillo de unos cuantos jugadores como el mismo Torres, Rubén García, ¡Arnaiz!. Por delante llegaron minutos de control, pases verticales cortos y precisos, endiablados, o un dominio casi total sobre el cansado e impotente equipo vitoriano, que ya no llegó a campo navarro.

Pudo haber más goles, pero no hay que ser avaricioso. El partido no daba para más. Bastó con el de Lato ¡Tres puntos de oro en el estertor! La salvación se palpa. Es lo que importa.


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