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Un punto de confianza y seguridad

Por José Mª Esparza 15 junio, 2020 - 1:30

La primera parte fue de Osasuna, y también un buen tramo de la segunda, que terminó con la Real acorralada. De todas formas, el empate es bueno, sobre todo por las sensaciones que deja.

El delantero de Osasuna Adrián López (d) marca gol de penalti ante la Real Socuedad, durante el encuentro de la jornada 28 de LaLiga que se disputa este domingo en el Reale Arena de San Sebastián. EFE/ Javier Etxezarreta
El delantero de Osasuna Adrián López (d) marca gol de penalti ante la Real Socuedad, durante el encuentro de la jornada 28 de LaLiga que se disputa este domingo en el Reale Arena de San Sebastián. EFE/ Javier Etxezarreta

El empate de Osasuna en el Reale Arena hasta puede saber a poco. Dio una lección de fútbol en cuanto a posicionamiento táctico, primer toque e intensidad, que quizás pudo merecer más premio. Sufrió mucho la Real, demasiado. Pasó la primera parte en su campo, salió a por todas en la segunda, donde encontró petróleo en una pérdida de balón rojilla, y de nuevo terminó acorralado en el tramo final. Sencillamente, le desconcertó el cuadro de Jagoba Arrasate, sobre todo por su planteamiento y osadía.

Todo inicio, en este caso reinicio, de Liga resulta incierto, pero es que éste ha desbordado la capacidad de dudar por tantas razones. El fútbol está hecho un lío, el osasunismo no adivinaba la respuesta rojilla en un escenario tan atípico. Ahora, tras lo visto el feudo donostiarra, puede dormir tranquilo. El punto vale oro, pero pesa mucho más el comportamiento del grupo, el fútbol que desplegó el equipo a pesar de las ausencias. Ciertamente, el punto sabe a poco, pero la confianza que regala empacha.

Arrasate volvió a la defensa de cinco, pero con matices. Durante la primera mitad resultó una defensa de tres, con los dos laterales Nacho Vidal y Estupiñán de comodines en la zona del campo que se terciara. En cualquier caso, actuaron más de extremos que de defensores, y sobre todo colapsaron toda incursión realista en la parcela central junto a Oier, Brasanac e Iñigo Pérez. Ahí estuvo una de las claves donde se ahogó el cuadro donostiarra.

También hay que destacar el fútbol a primer toque, la facilidad con que los rojillos sorteaban sus recorridos sobre el césped a velocidad de vértigo, con el balón continuamente en movimiento, de pie a pie, sobre todo de lado a lado hasta descolocar al rival y encontrar pasillo libre por uno de los carriles, casi siempre por el del incombustible Pervis Estupiñán, que bien merece un homenaje. Podría decirse que es el mejor delantero rojillo hasta llegar al área y ha mejorado lo suyo en el aspecto defensivo.

La tercera clave es la intensidad, el bloque, la precisión y ritmo constante de la maquinaria en funcionamiento. Los albiazules se cansaban más, obligados a correr tras el balón, sin que sus cerebros, especialmente Odegaard, pudieran pensar o tocar la pelota, menos aún en terreno diáfano. Tapar así al rival requiere un altísimo nivel de exigencia física y mental para que el motor no gripe. De hecho, cuando la Real se adueñó de la pelota en la segunda mitad, bastó una pérdida de balón, quizás por la lentitud derivada del lógico cansancio, para que se esfumaran dos puntos. Un fallo, un gol. Así es la Primera.

Además, Osasuna recuperó tono con los cambios. Mientras Imanol Alguacil descompuso su grupo, perdió garra y generó dudas sobre a qué jugaba al final, el conjunto navarro se recompuso con las sustituciones, compactó la zona ancha, volvió a mirar adelante, y a punto estuvo de encontrar su premio. Confirmó que ha vuelto fresco, principalmente de cabeza, y quiere continuar el camino que abrió antes de la crisis. A falta de encontrar acierto para rematar las ocasiones, en Anoeta hay que destacar la labor de Adrián López, a quien quizás le puede beneficiar jugar sin público, es decir, sin presión externa, a su bola, para sacar lo que lleva dentro.

Quedan muchos puntos en disputa, la friolera de treinta. Objetivamente, puede pasar de todo. Sin embargo, hoy la sorpresa carece de espacio. Los diez puntos de ventaja sobre el peligro parecen más que suficientes, evidentemente no por las leyes matemáticas, sino por la confianza generada por el equipo tras el empate de San Sebastián. Ahora viene el Atlético, puede pasar de todo, derrota incluida. Sin embargo, tras el paso por Anoeta la confianza para la permanencia resulta tan amplia como el margen objetivo para lograrla.


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