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Opinión / osasuNAvarra

Partido sobresaliente, pero de 75 minutos

Por José Mª Esparza 02 mayo, 2021 - 9:07

Salir de Madrid con el titular da “dando la cara” suena a tópico. Lo malo es que, aunque sea verdad, suena a que la frase lleva implícita la realidad de que te la han partido.

Encuentro entre Real Madrid y Osasuna correspondiente a la jornada 34 de primera división disputado hoy sábado en el estadio Alfredo Di Stéfano, en Madrid. AFP7/ EUROPA PRESS
Momento del remate de Militao que significó el primer gol del partido entre Real Madrid y Osasuna correspondiente a la jornada 34 de primera división disputado el sábado en el estadio Alfredo Di Stéfano, en Madrid. AFP7/ EUROPA PRESS

Gusta ver a Osasuna tan suelto, alegre, fresco en un campo como el del Real Madrid. Es la ventaja de jugar tranquilo, con libertad, haciendo lo que sabes. Es lo que trató Osasuna en el Alfredo Di Stéfano ante un equipo mucho más poderoso con el título de Liga en juego, pese a no poder alinear su once más representativo. Tampoco lo hizo Osasuna, o sí, porque a estas alturas de Liga da igual la alineación que plantea Jagoba Arrasate. Salte al campo quien sea lo hace de carretilla, con un esquema que lleva interiorizado y sin que el comportamiento del bloque se resienta. Eso es lo importante.

En Madrid salió de titular Ezequiel Ávila, el Chimy. La mejor noticia del partido. No hizo su encuentro soñado, y aún así marcó un golazo que, aunque justamente anulado, dejó un gesto técnico impecable, tanto como el pase medido, de diez, de Manu Sánchez. Ya me gustaría que este jugador siguiera en Pamplona la campaña próxima. Hubo otra nota llamativa, la permuta de posiciones entre diversos jugadores, caso de Rubén, Torres o Moncayola, unas veces en banda, otras de media punta... Al de Garinoain se le vio de extremo.

Y funcionó Osasuna. Ocupó espacios, tuvo el balón y lo jugó, avanzó con velocidad, ritmo. Defendió con la pelota, posicionalmente sin ella, también subió con ella, achicando espacios al rival, obligándole a llegar por donde menos le gusta. Así salió un partido entretenido, de ida y vuelta. Se trataba del pez gordo contra el chico, obvio, pero no careció de emoción, incluso estuvo abierto, pese a que Osasuna apenas contabilizó llegada y media por unas cuantas del cuadro blanco. Para el recuerdo quedará el contragolpe de cuatro rojillos contra dos merengues. De alguna manera, volvieron los indios.

El Madrid salió con ganas, a por todas, enrabietado, pero no pudo. Encontró delante a un equipo serio, con criterio. Contó ocasiones clamorosas abortadas por un inconmensurable Sergio Herrera, pero los blancos fueron de más a menos, cansados física y mentalmente al verse incapaces de concretar. Los de Zidane se quedaron sin ideas. La pena fue que ese partido se murió a los 75 minutos. Le sobró un cuarto de hora. A los blancos siempre les queda el recurso de la genialidad individual, caso del remate perfecto de Militao, que empujó previamente a David García con las manos, quien abrió la lata para cerrarla Casimiro sin querer a los dos minutos. Punto final.

El Madrid ganó justicia, merecidamente. Evidente, obvio. Tuvo más ocasiones, muchas más, etcétera, etcétera. ¡Faltaría más! No obstante, los partidos hay que valorarlos en sus aristas y contextos. No es lo mismo un Madrid-Chelsea que un Madrid-Osasuna, por citar a dos en el mismo escenario, en cuatro días. No se les pueden medir con los mismos baremos bajo ningún aspecto. Cada plantilla tiene los recursos que debe rentabilizar. Nada qué ver los del cuadro londinense que los del navarro, además igual de preocupado en madurar jugadores como Javi Martínez, que en redondear el final de Liga.

Encuentro intenso, sin prolongaciones, donde efectivamente Osasuna dio la cara, aunque se la partieran en el resultado, que no en las sensaciones que dejó. No hizo de sparring al uso, llegó a poner nervioso a Zidane, que celebró el gol de Militao con muchas ganas, como hacía tiempo que no se le veía.  Misión cumplida. Ahora a pensar en Bilbao, partido que será otra historia. No tendrá repercusión en la tabla, pero para Osasuna es una fecha marcada en el calendario. Ganar ese partido resulta tarea irrenunciable.


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