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Opinión / osasuNAvarra

La primera de tres, agua

Por José Mª Esparza 13 marzo, 2021 - 22:43

Osasuna no fue capaz de superar al Valladolid en un encuentro de mucho centrocampismo, en el que propuso más pero fue de más a menos.

Partido entre Osasuna y Valladolid correspondiente a la jornada número 27 disputado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Valladolid correspondiente a la jornada número 27 disputado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Valladolid, Huesca, Getafe, las tres citas decisorias previas a encarar el tramo final del campeonato. Pues bien, la primera en la frente. A Osasuna le dieron de su medicina los pucelanos, que arrancaron un justo empate sin goles de El Sadar, en un partido de mucho centrocampismo, demasiado, en el que el cuadro navarro quiso proponer más variables que los castellanos, pero se apagó poco a poco, más mental que físicamente, dada da la insistencia sin fruto. Los de Jagoba Arrasate fueron de más a menos, mientras que los de Sergio González aguantaron una hora para madurar su juego y dar un paso adelante después. Al final trabajadas y merecidas tablas en el cómputo final.

En un envite donde los dos equipos se conocen al dedillo, Arrasate apostó por los dos delanteros y, a la vista salta, no obtuvo resultado. Sobró centrocampismo y faltó claridad adelante. ¿Lo hicieron mal Budimir o Calleri? No se trata de eso. Alternaron en el papel de hombre trabajador, que se le da mejor al argentino, y de delantero de referencia, donde acostumbra el ‘príncipe’.

Sin embargo, hubo más confusión que resolución en la punta del ataque. El gol anulado a Calleri por fuera de juego de Budimir, que además tocó balón, es un buen reflejo de lo dicho. Al final juegan ambos a lo mismo. Unas veces se complementan y otras se estorban.

Cumplió, y bien, el doble pivote Brasanac-Moncayola. Una apuesta consistente, sólida, eficaz en defensa y valiente en ataque, sin que esto se interprete en detrimento de Torró, con quien formarían un trivote tan espectacular como polifuncional. De todas formas, el problema no estuvo ahí.

El equipo funcionó desde atrás, sujetó al Valladolid, y pisó el área pucelana. Llegados ahí el control lo sufrieron los rojillos, que insistían más pero sin la claridad suficiente para abrir pasillo e inquietar a Roberto. En ocasiones, trataron de entrar por el centro Barja o Rubén, que además intercambiaron de bandas, en busca de variantes ofensivas, pero sin suerte.

A la media hora se vio con meridiana claridad que el partido caminó hacia el cero-cero, porque tampoco el Valladolid jugó a algo más. Quiso madurar el partido, primero conteniendo y después buscando el zarpazo. De hecho, estuvo a punto de lograrlo en tres ocasiones consecutivas, pero se contentó con apagar las ínfulas rojillas.

El punto en casa ajena y ante uno de los equipos de su Liga no resultaba malo, porque el objetivo fundamental nunca fue otro que evitar la derrota. Lo más importante es sumar, aunque sea de poco en poco. En una Liga tan irregular y con tantísimas distancias entre la parte de arriba y la de abajo, un punto vale oro en la parte baja. En la zona alta suman casi todo, mientras que en la baja casi nada.

Tampoco le resulta dañino este punto a Osasuna. Lo deseable era ganar al menos dos de estos tres partidos consecutivos, y el conjunto de Jagoba Arrasate nos deja la sensación de hacer agua en el primero de los tres disparos. El pleno, que habría dejado prácticamente sellada la permanencia, queda ahora inalcanzable.

Restan otros dos intentos para completar el balance, mientras tanto deberemos contentarnos con detalles como la presencia y desparpajo de Javi Martínez en los minutos que estuvo en el césped. De todas formas, el sino de Osasuna no es que vivir el filo de la navaja hasta el final, tener el alma en un puño para saborear la alegría de existir.

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La primera de tres, agua