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Opinión / osasuNAvarra

Poco que reprochar

Por José Mª Esparza 06 marzo, 2016 - 0:08

Osasuna volvió a poner casi todo para ganar, pero el rival supo taparle y encontró la fisura por donde más la buscó, a balón parado, y remató después a contragolpe.

Repetir entraña sus riesgos, disminuye la capacidad de sorpresa. El nuevo técnico lucense, José Antonio Durán, repasó mil veces la victoria de Osasuna en Córdoba, y vio clara tanto su frescura en la medular como el desborde que aplicó en las bandas. Así que para impedir el mismo desenlace debería cortocircuitar la conexión creativa rojilla en una y otra demarcación. Es decir, acumuló hombres en el centro del campo y colocó continuamente otros dos encima de Alex Berenguer.

En cuanto a su ofensiva,  el Lugo no se complicó mucho la vida. Trató de buscar saques de esquina, diversificando estrategia en cada uno de ellos, así como pillarle la espalda a la defensa rojilla, casi siempre en rápidos contragolpes con balón controlado. Así llegaron los dos goles, si bien el segundo de regaliz con los rojillos volcados en ataque. No pasa nada, estas cosas pueden suceder.

Salir derrotado es una de las tres posibilidades matemáticas que ofrece el fútbol, y tampoco hay que darle más vueltas cuando se han puesto los medios para impedirlo, cuando se ha hecho más por ganar que por mantener la puerta a cero. El técnico navarro salió decidido a sumar otros tres. Hubo detalles que delataron ciertas precauciones como las posiciones retrasadas de Pucko en la primera parte, lógico teniendo en cuenta las necesidades lucenses, que también cuentan.

En cualquier caso, decíamos, Osasuna salió decididamente a ganar, con las cautelas acostumbradas en la primera parte, y dando un paso al frente en la segunda.  Como ya ha apuntado, repitió la receta del Arcángel cordobés con el mismo dibujo en el centro del campo (Merino con Torres y Otegui a los lados), si bien la tripleta ofensiva no resultó tan diáfana en el Anxo Carro.

Tanto Pucko y Berenguer como Urko Vera tuvieron que realizar trabajo más sucio, y consecuentemente no se movieron en las posiciones avanzadas para crear ocasiones de peligro. Además, el Lugo mantuvo intacto el sistema defensivo que le funcionó con su técnico recientemente destituido, Luis Milla, de tal forma que entre la contención lucense y los lógicos temores rojillos, la primer parte terminó sin goles. Como era de esperar, la segunda definiría y en ella los dos equipos rompieron ataduras, si bien el local partía con el terreno que tenía ganado previamente. Y le resultó, entre otras cosas porque la propuesta gallega resultaba más simple y contaba con jugadores más veteranos para ejecutarla.

No es casualidad que un central curtido en mil batallas como Dealbert desplazara de un empujón a Merino para rematar a placer el primer gol, o que Otegui tuviera que abandonar el campo después de pasar tumbado más tiempo que en pie. La veteranía es un grado, y más en una categoría tan rocosa como la Segunda. Además, la capacidad de maniobra del técnico de Campanas quedó reducida por la temprana lesión de Unai García y el cambio cantado de Otegui por De las Cuevas, un jugador que está llamado a dar poso al juego y abrir variables en el juego de este equipo una vez que reciba la alternativa desde el inicio.

Por el contrario, Urko Vera jugó su primer partido completo en el Anxo Carro, algo positivo para el futuro del barakaldés, que necesita consumir minutos para abrir la lata. Deberá dar mucho en los momentos decisivos, pero necesita buenas dosis de paciencia para llegar a ese tramo final con entendimiento con sus compañeros, ritmo de competición y, sobre todo, confiado ante el gol.

Decíamos que en fútbol se puede ganar, empatar o perder… pero que lo importante es hacerlo con la cabeza bien alta. Quizás se mostrara Osasuna un tanto romo en cuanto a su propuesta ofensiva, donde no terminó de quemar naves, pero tampoco se le puede reprochar el afán especulador o el excesivo sentido táctico de otras ocasiones. Demostró estar concienciado con lo mucho que hay en juego, y la importancia de cada detalle mínimo  para el desenlace final del campeonato. Y los jugadores acabaron vaciados físicamente. En estos momentos no se puede pedir más. Hay que verlas venir partido a partido, que todavía quedan unos cuantos.


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