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La permanencia y los once fichajes

Por José Mª Esparza 03 septiembre, 2016 - 18:39

Osasuna cierra el proyecto de la permanencia con once incorporaciones que buscan completar una plantilla compensada y competitiva. El reto se llama ahora hacerla funcionar.

En un mercado veraniego con casi doscientas altas en los equipos de Primera División, las once de Osasuna no parecen excesivas, pese a que once equipos han incorporado menos jugadores, y media docena de ellos cinco o por debajo. Dicho de otro modo, aunque solo cinco equipos suman más caras nuevas que Osasuna (otros tres contabilizan las mismas), once fichajes no resultan per se un rasgo determinante en el global de una categoría caracterizada por incorporaciones de perfil medio/bajo. Los otros dos equipos ascendidos, por ejemplo, superan ampliamente al equipo navarro: 14 el Leganés, y 18 el Alavés, que además sube a ocho el número de clubes con nuevo entrenador.

La temporada determinará quien ha fichado mejor, sea por rentabilizar el dinero invertido, o simplemente por sus aciertos entre las 188 incorporaciones realizadas. No obstante, existe un sentimiento de satisfacción generalizada con lo que a cada uno le ha tocado. Puede haber clubes más dolidos por la calidad de las bajas que satisfechos por la cantidad de altas, pero todos manifiestan adecuación a los objetivos marcados. En el caso de Osasuna, también. Evidentemente, hay más altas de las esperadas, pero ése no es ahora el problema. El problema se llama conjuntar un equipo, hacerlo jugar de memoria, y mantenerlo competitivo durante los ocho meses próximos.

No importa la cantidad, que pesa lo suyo, tanto como la calidad. A Osasuna le urgía suplir la baja de Merino y recuperar el gol adelante. Después, mucho después, tocaría reforzar y compensar el resto de las líneas. Salta a la vista que Petar Vasiljevic y Martín Monreal, al alimón, han marcado ritmo y tomado decisiones en la forma y número de fichajes. Se trata de dos hombres de club que se han ajustado a las circunstancias obligadas y pautas marcadas por la filosofía rojilla, pero que asumen haber hecho y deshecho dentro de ese margen casi a su antojo. Eso es bueno, porque han gozado de libertad por parte de la Directiva. Por tanto, suya será la responsabilidad.

La cantera deja paso a la veteranía. Decíamos que el número de once fichajes no quiere decir nada, siempre que funcionen y consigan el objetivo de la permanencia. A partir de ahí, lógicamente entrañan sus riesgos. Si llegan once y son ocho las bajas, las matemáticas dicen que sobran tres, que en principio son Olavide, Buñuel y Otegui, además de la trayectoria interrupida de Imanol. Si de verdad cuentan estos cuatro, hablamos de 29 en la plantilla, número ya alarmante, cercano a los 35 que Martín llegó a contar en su segunda etapa en el primer equipo.

La permanencia justifica todo, y cierto es que algunos de esos cuatro canteranos no han explotado como la afición desea, pero postergarlos corta todavía más su trayectoria. Todo apunta a que durante esta temporada los valores contrastados primarán en las alineaciones, es decir, la apuesta más segura. Ahí es donde tocará valorar el acierto en las once incorporaciones. Sabremos si los fichajes mejoran lo presente o se le ha ido la olla al cuerpo técnico en su afán de refuerzos.

Osasuna ha vivido de su cantera, se ha hundida cuando le ha dado la espalda y, básicamente, con ella ha ascendido a Primera. Más aún, si las cosas vienen torcidas dentro de unos meses, habrá que volver a tirar de la casa como tabla de salvación junto a los tres o cuatro de identificación o profesionalidad contrastadas. En principio, once incorporaciones no dejan en entredicho la política de cantera, simplemente alertan de la utilización que Martín Monreal quiera hacer de ella más allá de un oportuno golpe de efecto puntual.  

Por otra parte, mal asunto si a los nuevos no se les ajusta un papel donde encajen, o no encuentran un lugar dentro del esquema táctico existente, o no encajan bien con el resto de sus compañeros, antiguos o nuevos. La llegada de once caras nuevas cuestiona también la rigidez del esquema. ¿Los jugadores deben hacer buena la estrategia acostumbrada, o las tácticas dependerán de la tipología de la plantilla existente? Martín responderá a la pregunta.

Dentro de las once incorporaciones, predominan las cesiones (seis)  de jugadores veteranos que vienen a relanzar su carrera. Si lo consiguen, estupendo para todos. Si no, problema a la vista. El jugador veterano que no se encuentra a gusto suele ser fuente de discordias. Si el descontento llega con los resultados a favor, no pasa nada. Si es con los vientos en contra, ojo con el timonel de la nave.

Hacer un equipo nuevo es ahora lo verdaderamente importante. En los dos primeros partidos ya se ha visto que no resultará fácil suplir a Merino. De momento, no lo ha logrado ninguno de los dos que lo han intentado, Fausto Tienza y Fran Mérida. Además, coinciden cuatro potenciales ‘nueves’ dentro de un planteamiento donde tradicionalmente al delantero se le pide más cortar la salida de balón del rival que ser referente de sus compañeros en el área.

Mientras la defensa y los conceptos defensivos funcionan, en los dos primeros partidos ha quedado claro que en la parte creativa y la función ofensiva, es decir, del medio campo hacia adelante, el equipo se encuentra sin asentar ni dispone de conceptos claros. Queda mucha tarea por hacer, y que también afecta a la defensa. Abundan los nuevos laterales, pero ¿subirán o tendrán orden de no entrar en campo rival? De la respuesta dependerá, por ejemplo, el papel de Oier, en si trabaja a destajo en las coberturas o el centro del campo adquiere una función más libre. ¿Cómo organizará la punta del ataque? ¿será el nueve un falso media punta? En fin, veremos.

El discurso de Martín Monreal ha cambiado. Desde el mismo momento del ascenso, Martín se erigió en el entrenador ideal de Osasuna, y no tanto porque se lo ganara y mereciera, algo evidente, como porque sus formas y maneras demostradas la pasada campaña se ajustan como un guante a las nuevas necesidades del club rojillo en ésta. En Segunda División comenzó a competir desde atrás, desde la humildad, desde la consciencia de sus limitaciones. No se perdió, ni se complicó la vida en exceso. No cambió planteamientos hasta cuatro de los cinco últimos partidos de la  temporada, cuando necesitó imperiosamente ese plus. Así cuadró el círculo. ¿Qué hará este año?

En La Rosaleda fue fiel a sí mismo, mientras que ante la Real se perdió. Antes que volverse loco hay que asentarse en lo básico, como el año pasado. Luego, ya veremos. En este caso, en Primera División, no se trata de especular, sino de situarse en lo básico, en no encajar y a ver qué ocurre. En definitiva, ir a lo que interesa, ser prácticos. En primer lugar, hay que buscar un lugar en la Liga que Osasuna disputa, la de la segunda mitad de la tabla, para luego asentarse en ella. Lo importante es la permanencia, concepto en el que, por cierto, sí ha cambiado el discurso del entrenador.

A final de la temporada pasada decía Martín que tocaba disfrutar, y que en caso de descenso no pasaba nada, que se trataba de un ir y venir. Afortunadamente, olvidó aquella idea, o al menos no ha vuelto a repetirla. Si Osasuna desciende será una tragedia. Habrá que rehacerse, no quedará otra que superar el varapalo para recomenzar con la sonrisa en los labios, pero la luz volverá a apagarse y la tierra quedar a oscuras. Todos tenemos claro que la permanencia no resultará fácil, que cada partido será una final agónica para no descolgarse, pero siempre con la esperanza de seguir entre los grandes.

Si la Directiva ha dado el visto bueno a once incorporaciones es con el objetivo claro de lograr la permanencia, de competir para no perder la categoría. Es mucho lo que hay en juego. No se trata solo del nombre de los equipos que pasen por El Sadar, del interés que despierta ver a Osasuna frente a rivales de postín. En juego está que el club navarro vuelva a ser el que fue


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