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Pegada total osasunista

Por José Mª Esparza 13 octubre, 2018 - 21:12

Partido fácil, demasiado fácil, tanto por la superioridad sobre el equipo cordobés como por el acierto rojillo ante la portería andaluza. Dos ocasiones y media saldadas con tres goles.

Partido entre Osasuna y Numancia disputado en el estadio de El Sadar correspondiente a la 8ª jornada de la Liga123. MIGUEL OSÉS.
Partido entre Osasuna y Numancia disputado en el estadio de El Sadar correspondiente a la 8ª jornada de la Liga123. MIGUEL OSÉS.

En condiciones normales, de estos partidos debería haber al menos una docena a lo largo de una temporada. Es decir, un equipo visiblemente más competitivo, al menos a priori, con diferencias estratosféricas de presupuesto, o de potencial deportivo, que viene a  ser lo mismo, debe ganar con relativa facilidad a otro que, viene a hacer lo que puede, a empatar en el caso cordobés. No hay más historias ocultas.

En el 99,99 por ciento de las veces, Goliat siempre puede con David. Si no, la excepción confirma la regla o el hecho alcanza la categoría de historia bíblica de transcendencia universal. Dos y dos son cuatro, a no ser que surja otro Einstein que demuestre lo contrario. En El Sadar ocurrió lo que debía ocurrir. Nada más.

Por otra parte, Osasuna mostró una pegada letal. Hay partidos en los que no hay manera de hacer algo pese a disfrutar de cien mil ocasiones, sin embargo ante los cordobeses entraron las tres que hubo. Incluso anotó y sentenció Roberto Torres cuando parecía que ya se había quedado sin el balón parado. Borrachera de goles podría titularse, si bien con cierta exageración. Y con cierta nota nostálgica, ya que en las filas andaluzas figuraba Miguel De las Cuevas, que saltó al césped en el tramo final. Carne de gallina al saborear de nuevo a semejante pedazo de jugador. ¡Si el físico le hubiese acompañado un pelín más en su carrera…!

Por lo demás, Jagoba Arrasate no hizo filigranas. Tiró de lo clásico, de lo segurola. Sin Iñigo Pérez, lo que significa que con Fran Mérida de titular obligado, volvió al esquema clásico de 4-2-3-1. Obvió a Perea, de perfil más defensivo, para apostar por el doble pivote Oier-Mérida. No dio lugar al triple pivote, al que deberá echar mano si quiere volver a juntar por justicia a los dos citados junto a Iñigo Pérez, y más en un partido a domicilio, en Oviedo. A no ser que quiera dar pábulo a la rumorología que le achaca malas vibraciones con Fran Mérida. Él sabrá.

La otra novedad vino adelante, con Juan Villar, quizás el hombre más inteligente y habilidoso de la plantilla, pero también el más débil. De plastilina. O de cerámica, por ser más exacto. Con él pudo establecer una línea de tres junto a Rubén García, que recuperó así su libertad absoluta de media punta, por delante del medio pivote, y Kike Barja, que pese a su asistencia y su gol debe replanteárselo. O se queda ahí, justico justico, o pega un salto hacia adelante, pero ya. Él sabrá. En cuanto respecta al extremeño, en sus pies tiene erigirse en figura, como ya lo es Rubén, o seguir por ahí.

Poco más. Tarde de fútbol de las más clásicas de tiempo primaveral. Con victoria ante un equipo notablemente inferior (las estadísticas son de sonrojo), que no obstante puso la nota picante con un cabezazo libre de marca trajo el empate y trasladó a la grada augurios de posibles tablas finales Vano espejismo. Al final, hasta resultó grata la igualada por lo que significó de incertidumbre. Llevó una cierta emoción, fundamental para vivir un partido con la intensidad que merece el paso por taquilla. Ni uno ni otro aportaron fútbol de alta escuela, ni nadie se los pidió.

Se trataba de una tarde de fútbol más, pese a jugarse a un horario de Regional en invierno, de los de pueblo sin focos, que ya resulta absolutamente intempestivo y pertinaz para El Sadar. Que el ‘factotum’ que presume de tener tantos contactos en la LFP, remedie el desaguisado. Imposible llegar a tiempo desde Lodosa, por ejemplo, a no ser con el desayuno en la garganta. Una asistencia de trece mil espectadores desprestigia a El Sadar. Pero volviendo a lo deportivo, tres puntos ante un rival inferior, pero victoria, que es lo importante. Ante el Elche no sucedió lo mismo. Al equipo se le ve más hecho.

Partido entretenido, sin aprietos, con ritmo, nada espectacular, pero tampoco sin preocupaciones mayores, ni pequeñas. Goliat pudo con David, porque la lógica suele imponerse a la casualidad, suerte u otros factores incontrolables que han engrandecido al fútbol y lo seguirán haciendo. No es el caso. El Córdoba vino a hacer lo que pudiera, a defenderse, a cerrar líneas con cuantos efectivos hiciera falta, cinco por detrás, cuatro por delante, y abandonando a su suerte por delante al carcamal de Piovaccari, italiano de 34 años. Si empataba, a celebrarlo con cava. Si no, a resignarse  y esperar a la próxima. Sin más historia. No hubo lugar.

Osasuna sigue a lo suyo, pese al ‘factotum’. Eso es bueno.


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