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Pasó el trago del Bernabéu

Por José Mª Esparza 10 septiembre, 2016 - 18:52

Osasuna fue de menos a más, al menos en cuanto a hacer buenas sus intenciones, y logró maquillar el resultado (5-3 si no le anulan un gol injustamente), pero para entonces el Madrid ya sumaba cinco y tampoco era cuestión de esforzarse más.

El delantero francés del Real Madrid Karim Benzema ante los jugadores del Osasuna Unai García y Nauzet Pérez (d) durante el partido de la tercera jornada de Liga que disputan frente al Osasuna en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. EFE/ Sergio Barrenechea
El delantero francés del Real Madrid Karim Benzema ante los jugadores del Osasuna Unai García y Nauzet Pérez (d) durante el partido de la tercera jornada de Liga que disputan frente al Osasuna en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. EFE/ Sergio Barrenechea

Demasiado fácil lo tuvo el Madrid. Jugando casi al paso, sin forzar la máquina, sin apenas crear ocasiones solo con aprovechar los regalos, sentenció en la primera parte con tres goles perfectamente evitables los tres. Dejó jugar a Osasuna, y hasta le entregó el balón en varias fases, pero los rojillos, con más corazón que cabeza, se mostraron muy blandos y, a la hora de la verdad, a merced de los blancos. A los de Zidane les bastó con estar bien posicionados y esperar para imponer su clase. Si realmente pisan el acelerador, la goleada habría podido ser de escándalo.

Quizás a Osasuna le ha llegado demasiado pronto la visita al Bernabéu. Le pudo pesar el escenario, pero sobre todo su falta de convicción y de ideas. Tuvo el balón, pero con demasiada ingenuidad. Cayó con excesiva bisoñez en el planteamiento que le iba al Madrid de Zidane, y con la defensa adelantada. Posiblemente, el balón pasó más tiempo en el terreno blanco, pero poca relación guarda el dato con la contundencia del resultado, más allá de una declaración de intenciones rojillos por competir. Eso es cierto, Osasuna quiso jugar, dejar buena imagen, hacer goles... todo ello muy plausible, y hasta se puede asegurar que lo consiguió, pero claro, siempre al margen del resultado.

Cada subida blanca fue una ocasión de gol. Faltó tensión y urgencia para materializarlas. No se pueden regalar goles tan fácilmente, y con el balón hay que tener malicia, y más ante el Madrid. Lo cierto es que los primeros minutos Osasuna tuvo más la pelota, pero la primera del Madrid entró sin conmiseraciones.

Ni siquiera se planteó él línea un posible fuera de juego. Bale aprovechó un clamoroso fallo táctico por falta de entendimiento entre central y lateral, que dejaron un pasillo más ancho que el río Ebro a su paso por Lodosa. El Madrid solo necesitaba esperar. Defendía cómodo con más hombres, y atacaba así también. Pese a que los rojillos salieron con cinco defensas con Oier y Tienza por delante, se fueron arriba con excesiva facilidad, dejando huecos sobre todo por su lateral izquierdo, el de Fuentes. Una autopista de tres carriles dejó el lateral.

Además, el Madrid, que lógicamente es mejor en tantas cosas, superó a Osasuna en dos aspectos evitables, en lo físico, donde mostraron más velocidad cuando tuvieron necesidad, y en el ensamblaje como equipo, donde los rojillos siguen mostrando serias carencias de compenetración con los nuevos. Dejó detalles Tienza en cuanto a presencia y mando, pero a cambio muchos aficionados seguirán preguntando si jugó Riviere.

No hay que dejar de destacar el trabajo del equipo o la labor de Miguel de las Cuevas. En fin, tampoco es un partido para sacar excesivas consecuencias en cuanto a hombres y nombres. No es la Liga de Osasuna, que debe rendir en otros partidos en los que sí se jugará la vida. Todos los partidos valen los mismos tres puntos, pero el equipo de Martín compite en la segunda mitad de la tabla. Ya vendrán tiempos mejores. 


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