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Osasuna desespera otra jornada más

Por José Mª Esparza 08 abril, 2018 - 10:13

Osasuna se adelanta por medio de un regalo del portero rival, a partir de ahí tiene dos opciones: aguantar la ventaja o aumentarla. Como siempre, optó por lo primero y se dejó dos puntos.

Encuentro entre Osasuna y Granada en Los Cármenes. LALIGA123
Encuentro entre Osasuna y Granada en Los Cármenes. LALIGA123

Diego Martínez es incorregible. Tropieza y vuelve a tropezar en las mismas actitudes, conceptos, situaciones. Pertinaz como la sequía. Así le va. Esta semana le ha confirmado Luis Sabalza en el puesto, algo que normalmente resulta la antesala de la destitución, pero no caerá esa breva.

Si el presidente hablara por sí mismo, el gallego cagueta tendría los días contados, pero sabiendo que obra al dictado del ‘factotum’, que no deja hablar mal del entrenador ni en junta directiva, toca resignarse. Cumplirá su amenaza y el entrenador continuará hasta final de temporada. Ajo y agua. Nadie pega un golpe encima de la mesa y así nos va.

El que posiblemente sea el proyecto más ambicioso de la historia de Osasuna en Segunda División pende, como volvió a quedar evidente en Granada, de si su juego a pequeña, rácano, especulador, conservacionista, reservón, cicatero, siempre por la mínima, le sale bien como al principio de temporada, o naufraga sin remisión desde hace un montón de jornadas.

En Los Cármenes volvió a repetirse la segunda opción. Tras aprovechar Xisco un regalo impagable del portero Javi Varas, gozando de pleno dominio sobre el cuadro granadino, Diego Martínez ordenó el consabido paso atrás. En el Miniestadi ocurrió exactamente igual. La diferencia estuvo en una mano milagrosa de Sergio Herrera que evitó el empate.

De verse más cerca el 2-0 en un abrir y cerrar de ojos merodeó la sombra del empate, que creció y creció hasta hacerse realidad. Un poema. La cara de impotencia de los jugadores no escondía la frustración que Xisco expresó de forma velada en sus declaraciones tras el partido. La realidad resulta incontestable.

Si con el 1-0 el equipo rojillo se dedicó a especular con la ventaja, con el empate tiró la toalla. Renunció a los dos puntos que terminaba de perder. La sustitución de Kike Barja por Aridane, tercer central y quinto defensa, no admite duda. Mientras tanto, por ejemplo, seguía corriendo Arzurica, el jugador que más kilómetros sumó y menos influyó en el juego.

Osasuna jugó en la primera parte a lo que acostumbra, a dejar pasar los minutos a ser posible sin sufrir apuros. Lo consiguió. Además, así como ante el Tenerife pisó área por primera vez al cuarto de hora, en Granada lo hizo cinco minutos antes. Algo es algo.

La siguiente aproximación intencionada tuvo que esperar al minuto 40. En cambio, tras el descanso pisó el acelerador con más ganas y tuvo premio. El Granada acusó el golpe. Pareció noqueado, algo que impidieron sus cambios más ofensivos y, sobre todo, el consabido repliegue rojillo. Un fiasco. Otros dos puntos tirados a la basura, un punto más regalado a un rival directo.

Así se escapó el ascenso directo, poco a poco, casi de forma imperceptible, pero inexorable, y así se alejan ahora los puestos de promoción. Eso sí, al técnico le volverán a pedir que anime a la grada, el club promocionará entradas a precio de saldo, y la canalizada megafonía de Graderío Sur pondrá los decibelios. Aquí no pasa nada. La vida sigue igual. Y eso sí que es cierto.

El próximo partido nada diferirá de cualquiera de los disputados. Solo el resultado albergará cierta incertidumbre, no porque Osasuna decida hacerse con el marcador sino por ese detalle en forma de acierto o fallo aislados de uno u otro.

Desespera ver a Osasuna así jornada tras jornada. Con otra actitud, otra ambición, simplemente con diferente mentalidad, esta plantilla dependería ahora de sí misma para conquistar una plaza de ascenso directo.

En cambio, dilapida jornada a jornada sus opciones de entrar en promoción. Pero no pasa nada, el presidente sale a la palestra para ilusionarnos con que Diego Martínez terminará la temporada. No cabe otra posibilidad en la mente del factótum.


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