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A Osasuna sólo le faltó golear

Por José Mª Esparza 17 noviembre, 2018 - 22:28

El equipo va para arriba. Es la noticia buena. La pena es que el club apunta hacia abajo. Sin presupuesto, con el presidente reprobado y sus proyectos rechazados uno tras otro, el ‘factótum’, sigue ahí, fuera del orden del día.

Partido de la Liga 123 entre Osasuna y Tenerife disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido de la Liga 123 entre Osasuna y Tenerife disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Bonito partido. Hacía falta gozar en El Sadar, ver a los rojillos lanzados, jugando medio de memoria, yendo a por los tres puntos desde el primer minuto, con buen fútbol. El entrenador Jagoba Arrasate pedía un partido completo por fin y, aunque no lo consiguió, cuajó una primera parte primorosa. En esos primeros tres cuartos de hora que acostumbra a desaprovechar concretó su mejor juego, con ritmo y verticalidad, desbordando al rival. La pena estuvo en no ir a apuntalar después, salir la segunda parte con el encuentro ganado.

Desgraciadamente, rara vez aparecen resultados con cuatro goles. La victoria ante el Tenerife los hubiera merecido. Ocasiones hubo, pero faltó tensión para concretarlas, es decir, el hambre de gol de la primera mitad. A cambio, el equipo isleño gozó también de oportunidades para cambiar la dinámica. Quizás entonces, con el miedo en el cuerpo,  las impresiones habrían sido otras y, en cualquier caso, lamentado la especulación.  En el fútbol actual prima la planificación del minuto a minuto sobre los dictados del corazón. El 4-2-1-3 inicial acabó en un potencial 5-3-2 final.

 La primera mitad, decíamos, resultó primorosa. Con Fran Mérida de director de orquesta Osasuna funcionó como una máquina engrasada que desbordaba por bandas y obliga a correr detrás del balón al rival, en este caso un Tenerife de guante blanco, bravo pero excesivamente noble, sin pegada. Los isleños presionaron, pero dejaron jugar. Los rojillos les cogieron la mano, el pie, y el balón. Además, también hubo un pelín de suerte al pasar del posible 0-1 al 1-0 o por el momento y forma en que llegó el segundo, que en cualquier caso no puede calificarse de excesivo. El triunfo debió ser más generoso.

Por encima del marcador, o del arreón que supone la tercera victoria consecutiva, lo más importante son los tics que asimila el equipo. Queda constatada la autoridad de Fran Mérida, imperial sobre el césped, bien escoltado por Oier y completado por Torres en estado de gracia. Con la recuperación de Iñigo Pérez le vendrá al entrenador un duro problema. Si el chantreano  vuelve al once inicial, allá se las vea Arrasate. Quizás deba recolocar piezas, ya que Oier parece intocable y Mérida se ha ganado los galones que viste.

Adelante, donde Rubén García crece en cada partido con trabajo a destajo, destaca la inteligencia de Juan Villar, hábil e intuitivo como nadie. Responde con goles a la libertad de movimientos que necesita y el técnico le ha prestado. Completó el ataque Kike Barja, cumplidor pero que debe ir a más. Nadie le va a regalar el protagonismo que merece. Lo tiene que buscar él multiplicando su presencia en el juego, arriesgando más.

El talón de Aquiles momentáneo lo sufre la línea defensiva, sobre todo en los pasillos que deja por el centro, o la falta de contundencia que manifiesta dentro del área. El Tenerife creó demasiadas ocasiones para los escasos méritos ofensivos que reúne. Esto acarrea una sensación de fragilidad que ha costado hasta ahora más puntos de los presupuestados.

Tras tres partidos sin poder acudir a la acostumbrada cita con Osasuna, algo que no me sucedía desde el ascenso de Murcia, la mejoría resulta manifiesta. El equipo ha ganado de forma manifiesta en carácter, confianza y sobre todo en juego. Al Tenerife lo desarboló con juego y no con el mero empuje. Sin embargo, estas tres semanas de ausencia también han ahondado en la cuesta abajo por la que se precipita Osasuna como club, ahora sin presupuesto, algo desconocido en la historia rojilla e impensable.

Tiempo habrá de desgranar. De momento llama la atención cómo el ‘factotum’ salvó los muebles de la reprobación solicitada antes y durante la asamblea última, alegando encontrarse fuera del orden del día. Son los modos y maneras que ha traído al club. El presidente, que sí está reprobado, no disfrutó de tal argumento para impedirlo, y sufre además la ingobernabilidad asamblearia, que tumba sus proyectos estrella uno tras otro.  O Luis Sabalza reacciona, gobierna, lidera bien o mal, pero manda, se impone, o el futuro del club resulta impredecible.


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