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El Sadar y Osasuna, la conjunción perfecta

Por José Mª Esparza 23 febrero, 2019 - 23:48

Si sigue así, Osasuna agotará todo tipo de calificativos elogiosos, por juego y carácter. Y allí, donde no llega el equipo, cuando parece que las piernas no llegan o el balón se escapa, aparece El Sadar para poner el resto. El Sadar forever.

La grada de El Sadar durante el partido contra el Zaragoza. MIGUEL OSÉS
La grada de El Sadar durante el partido contra el Zaragoza. MIGUEL OSÉS

Partido táctico pero vibrante, intenso, con ritmo, y tres merecidos puntos que consolidan a Osasuna en las nubes de la clasificación. Sin duda, el antes y el después que marcó la autoexpulsión de Eguaras, con toda la segunda mitad por delante, hecho que no resta mérito alguno a la victoria. Los rojillos fueron en todo momento a lo suyo, sin descomponerse cuando los maños impusieron su ley en el centro del campo, en el control del juego, ni perdiendo la seriedad táctica cuando se vieron en superioridad numérica. Que Cristian Álvarez, el portero, resultara el mejor jugador zaragocista dice que el resultado pudo ser mayor.

El cuadro de Jagoba Arrasate siempre tuvo las ideas claras, llegó con más peligro, y ganó también a los puntos, es decir, en número de ocasiones claras. De hecho, el Zaragoza creó muy poco peligro más allá del arreón final a la desesperada. Ya en la primera parte mereció adelantarse el equipo navarro, que dejó detalles de gran altura, caso del intentó de gol a lo Pelé de Roberto Torres, o su primer disparo al palo. Si Juan Villar hubiera tenido su noche, el resultado habría sido más claro. El gol premió su insistencia, olfato e inteligencia para colocarse y habilidad en el remate. Necesitaba ganar en confianza y también lo logró.

Quien vio la semana anterior el empate sin goles en La Romareda entre Zaragoza y Albacete, no se extrañó del choque de trenes de la primera parte. Con un planteamiento muy similar a los rojillos, el equipo de Víctor Fernández plantea un choque de bloques por el control del juego, ocupa todos los espacios, no se deja sorprender en defensa y nunca renuncia a la presencia ofensiva, presiona y abre el juego. Todos atacan y defienden con un despliegue táctico disciplinado y solidario. Quizás les falte un pelín de confianza para ser más agresivos en ataque, algo lógico dado de donde vienen.

En tal sentido, el equipo de Jagoba Arrasate volvió a echar en falta a Rubén García, por su presión y juego entre líneas que siempre aporta soluciones inesperadas. Trató de aferrarse al desborde por las bandas, abriendo campo para crear espacios, y confió su suerte a los detalles de calidad de Roberto Torres, la brega de Brandon Thomas, y a la pillería de Juan Villar, determinante a la postre. El cuadro técnico rojillo ha dado con un conjunto compensado y que juega de memoria. Lleva razón Víctor Fernández al calificarlo de mejor de la categoría.

Efectivamente, Osasuna puede ser el equipo que mejor fútbol realiza. Cuenta con una defensa resolutiva liderada por Unai García, en la que Clerc ha sacrificado muchas de sus correrías por banda para no mermar la solidez. El centro del campo, intocable, escenifica las dos facetas del equipo con el carácter de Oier y la poderosa batuta de Fran Mérida, también básico en la contención. Hasta aquí, cualquiera puede repetir de memoria la alineación. Es adelante donde Jagoba Arrasate acostumbra a introducir las variables tácticas de un partido a otro, y dentro del desarrollo de cada uno.

No obstante, ese fútbol agresivo, vertical, compensado y de ideas claras, reconocido en la clasificación, contrasta el hecho de que Osasuna no posee la mejor plantilla, ni mucho menos, de la categoría. Su teórico potencial puede andar por debajo de hasta media docena de equipos, carencia que compensa con una gran confianza en sí mismos y en el despliegue táctico.

Nadie pierde la cara al partido hasta final, aún con el marcador adverso. El Zaragoza acusó cierto complejo ante la racha brutal del cuadro navarro. Desde la salida al césped se vio que las dosis de confianza entre uno y otro plantel se sitúan en las antípodas. Esto resulta válido a domicilio, y sobre todo en casa, donde hay que reconocer a El Sadar su determinación en la resolución de un montón de encuentros. El Sadar forever.


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