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Triste despedida del Vicente Calderón

Por José Mª Esparza 15 abril, 2017 - 20:23

El guión de la última visita de la temporada a Madrid, y la despedida para siempre del estadio del Atlético, se saldó con un baño de realidad en el que las carencias se impusieron al corazón 

Vasiljevic durante el partido entre Atlético de Madrid y Osasuna en el Vicente Calderón.
Vasiljevic durante el partido entre Atlético de Madrid y Osasuna en el Vicente Calderón.

Todavía algún entusiasta soñaba con continuar la remontada en el Vicente Calderón. Hay tantas ganas acumuladas para disfrutar, aunque solo sea un poquito, que no resulta difícil confundir la realidad con los sueños.

El escenario de la inolvidable final de Copa no parecía el mejor escenario para  seguir sumando buenas emociones, sino más bien decepciones, pero es que después de haber puesto el mundo al revés ante vitorianos y pepineros, todo se medía posible ante los colchoneros. Y nada más lejos de la realidad. La derrota dejó las cosas en su sitio.

Es preciso aplaudir la actitud del equipo, de los jugadores, su lucha y entrega,  pero las cosas son como son, y la distancia entre Osasuna y Atlético alcanza bastante más lejos de los tres goles que subieron al electrónico.

Si no llega a ser por los dos penaltis consecutivos detenidos por Sirigu, la fotografía habría resultado más realista. Además, esta vez a Petar Vasiljevic tampoco le salió bien la carambola. Tras dos alineaciones con poco menos que toques de surrealismo, con las que logró revertir la dinámica y el ánimo, en la tercera intentona no cuadraron las cuentas.

El equipo de Vasiljevic-Alfredito no disparó a puerta ni una sola vez en los noventa minutos. Tras un cuarto de hora, a la postre engañoso, en el que el Atlético regaló el balón y Osasuna se dedicó a marearlo, los rojiblancos se vieron en la necesidad de controlarlo ellos, porque el juego se perdía en la nada.

A partir de ahí, apenas otros quince minutos tardaron en abrir la puerta de Salvatore.  Mientras tanto, ya no quedaba clara la estrategia del equipo navarro, y desde entonces de ahí menos todavía. Las posiciones, sobre todo las defensivas, variaron tantas veces como el despliegue táctico, pero yendo a parar casi siempre a la misma conclusión.

A Osasuna, con cierta desconexión entre líneas e incapaz de llegar al área contraria, no le quedaba otra que mantener el tipo y no salir humillado del feudo de Simeone. Así terminó la primera parte, con el partido entregado aunque con un resultado digno que poco duraría. El primer minuto de la segunda parte retrató la visión del fútbol del banquillo osasunista. La forma en que Carrasco remató a placer un centro lejano sin que Olavide le  plantara la mínima oposición, retrata al ‘ideólogo’ capaz de alinear al ‘Flaco’ como lateral derecho.

La desafortunada jugada obligó a Vasiljevic-Alfredito a recomponer líneas por enésima vez, ahora con nuevos efectivos, pero el partido ya era otro. La reordenación con Aitor Buñuel y Miguel de Las Cuevas llegó tarde y estaba condenada al fracaso fuera cual fuera su aportación, porque Osasuna entonces un mero convidado de piedra en la fiesta colchonera que festejaba el Vicente Calderón. El partido no cambió un ápice, ni tampoco lo hizo con la puesta en escena de Roberto Torres, que dista mucho de lo que estaba llamado a ser.

Por otra parte, la derrota no escondió por enésima vez las limitaciones con que carga el plantel. A Sergio León, solo en la punta, se le confió toda la estrategia ofensiva, pero Godín se convirtió en su sombra y apenas le dejó tocar bola. Además, contactar en corto con él resultó una tarea imposible para Kenan Kodro. En el otro extremo del campo, en la defensa, ciertamente Fuentes cumple mejor que en el lateral, pierde menos la posición, pero en cuanto debe perseguir a alguien mejor mirar a otra parte… No merece la pena seguir.

Poco más que reseñar de la última visita a Madrid en Primera División, al menos por un tiempo. En cualquier caso, la última al mítico estadio rojiblanco. De hecho, bien mirado el encuentro, será recordado más por estos flecos anecdóticos que por lo estrictamente futbolístico. Mejor mirar al futuro y esperar a disfrutar de nuevo en El Sadar con la visita del Sporting. La esperanza, no en la permanencia sino en alguna alegría más, es lo último que se pierde.


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