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Osasuna supera el estado de alarma

Por José Mª Esparza 09 mayo, 2021 - 9:58

Osasuna logró un merecido empate en San Mamés, al remontar con por partida doble gracias a un posicionamiento y juego más hilvanado que los bilbaínos.

Ante Budimirdurante el encuentro entre Athletic de Bilbao y Osasuna correspondiente a la jornada 35 de primera división que han disputado en el estadio de San Mamés. AFP7 / Europa Press.
Ante Budimirdurante el encuentro entre Athletic de Bilbao y Osasuna correspondiente a la jornada 35 de primera división que han disputado en el estadio de San Mamés. AFP7 / Europa Press.

Cada cual con sus armas. El Bilbao con empuje, presión, juego directo, velocidad, brega. Por su parte, Osasuna con su mejor fútbol, más trenzado, con los hombres desplegados con mayor lógica, ocupando espacios, centrando al pie, avanzando. Hubo fases, las menos, en que los bilbaínos se fueron más arriba, pudieron imponer su ley, rompiendo el partido. No obstante, en el cómputo global abundaron los momentos en que los rojillos impusieron su juego más hilvanado, su ritmo, si bien sin crear el peligro que demandaba su mejor fútbol. Empate justo. Con la permanencia matemáticamente firmada antes del partido, es decir, superado todo estado de alarma posible, los rojillos pudieron disfrutar por momentos con su juego.

Osasuna se impone en su particular liga de ida y vuelta con los bilbaínos, a los que además aleja de Europa en un encuentro entretenido, de rivalidad, con una intensidad mayor que la exigida por la tabla. De hecho, los rojillos pudieron desplegar mejor su juego sin la presión de la exigencia de puntos, algo que guarda una contrapartida. Con necesidad de ganar sí o sí, puede que el resultado habría favorecido más a los rojillos. No muchos Athletics han tenido enfrente más limitados. Juegan a defender y mandar balones adelante, y si logran descontrolar el partido para abrir espacios, mejor. Solo Berenguer resulta diferente.

Arrasate cambió esta vez los laterales, y por uno comenzaron las jugadas de los goles vizcaínos, ambas conducidas por Berenguer, y por el otro culminaron. Toco remontar por partida doble, la primera con la entente Juan Cruz-Brasanac, y la segunda con un genial remate de cabeza del príncipe Budimir, a meritorio pase de, ¡quién lo iba a decir!, Enric Gallego en el primer balón que tocó, que salió a falta de un minuto. Enhorabuena. En esos instantes finales Arrasate quemó las naves. Primero pasó de 4-1-4-1 al 4-4-2 al romper el trivote sustituyendo a Torró con el Chimy, y después sacó a un tercer ariete que, esta vez sí, justificó su entrada.

La clave de la superioridad rojilla en el juego, es decir, cuando supo contener las ínfulas vizcaínas, estuvo en el trivote formado por Torró escoltado por los multifuncionales Moncayola y Brasanac. Los tres se erigieron en dueños y señores de un centro del campo del que carecen los bilbaínos. No tienen nivel ahí, por eso les interesa el juego directo o alocar los partidos. La visita de Osasuna volvió a evidenciar esta cruda realidad que les obliga a poner su mirada en Moncayola y, como también ha dicho Marcelino, en Javi Martinez. Hoy carecen de alguien que sepa gestionar el balón en la sala de máquinas, en la línea de creación.

Cualquiera de los dos equipos, no obstante, pudo ganar. Cada cual supo rentabilizar las características de su juego, pero sin imponerlas a lo largo de los noventa minutos, pudiendo pasar de todo en cada una de las fases de dominio. Y si bien el fútbol rojillo se hace más acreedor del premio final por su estilo más elaborado, el rojiblanco sabe imponer su contundencia. Además, al equipo de Arrasate le cuesta rentabilizar su trabajo una vez que pisa el área rival. Acumula méritos en la forma de llegar, pero no culmina.

El partido no guarda muchos otros secretos más allá del desarrollo del juego. Los bilbaínos sorprendieron tras el pitido inicial con un gol que pilló descolocada a la retaguardia rojilla, y algo parecido ocurrió también con el segundo rojiblanco. Por su parte, los hombres de Arrasate igualaron en ambas ocasiones a base de bajar el balón y moverlo en corto, al pie (en el área a la cabeza). Una pena que Osasuna no se pusiera por encima en el marcador, porque los bilbaínos habrían resultado mucho más controlables. Sabiendo a que saben jugar resultan más fácilesde controlar. Basta con ponerles el capote.


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