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Osasuna sube un tono y templa gaitas

Por José Mª Esparza 22 septiembre, 2018 - 20:20

Tras una primera parte de quiero y no puedo ante los de Arrasate dieron un paso adelante, y los de Baraja, hasta entonces mejor plantados, otro atrás. Una jugada a balón parado rompió la igualdad

Partido entre el Osasuna y el Sporting correspondiente a la sexta jornada. MIGUEL OSÉS_8
Partido entre el Osasuna y el Sporting correspondiente a la sexta jornada. MIGUEL OSÉS_8

Importante victoria, por todo. Los abrazos eternos que los jugadores cruzaban tras el pitido final no engañan. Necesitaban ganar para creer en sí mismos, en el proyecto de Arrasate. También la afición merecía una alegría, aunque fuera tan sufrida o llegara a balón parado ante las dificultades para hilvanar jugadas. Además, el aficionado suspiraba por reencontrarse con alguien en quien reconocerse, y parece que Rubén García será su referencia. En todos los partidos ha dado la cara, intentado cosas diferentes, hecho más kilómetros que nadie, y encima marca goles. Al Sporting le derrotó un impecable lanzamiento de falta suyo, y a punto estuvo de sumar el segundo.

Partidos como éste habrá un montón: igualados, sufridos, de tú o yo, más trabajados que brillantes, abiertos, de terminar pidiendo la hora. Lo importante será no perderles la cara, aguantar los noventa minutos sin bajar los brazos como en Tarragona. Es la Segunda División. No se trata de obtener la excelencia, sino de competir los noventa minutos de juego. En tal sentido, la victoria ante los gijoneses con un gol a balón parado deja mejores sensaciones que la firmada ante el Almería con un marcador más abultado. Simplemente porque compitió mejor, supo hacerse dueño de juego ante un conjunto bastante mejor compactado. Como la temporada pasada, posiblemente el triunfo ante los asturianos sea un faro de la primera vuelta.

Osasuna fue de menos a más. Le costó mucho crear. Tiraba más del juego directo, del puntapié hacia adelante, que del pase encadenado. El balón le quema en los pies, no había forma de desbordar a los gijoneses, mejor plantados, más solventes en toda la primera mitad, en la que los rojillos apenas anotaron un remate de peligro en el tercer minuto, en el que Mariño sacó una mano milagrosa al cabezazo de  David Rodriguez, al final de nuevo en la punta de ataque. El técnico tiene un cuestionable idilio con él, una fe ciega a la que el talaverano no termina de corresponder. Ante el Sporting dio un paso adelante en el sentido de que luchó lo indecible o se mostró más activo y participativo, pero no acaba de entrar en la dinámica del juego, carece de pegada y desaparece sin darse cuenta.

Hay un problema adelante, y otro en el centro del campo, donde Iñigo Pérez echa en falta un acompañante en la creación. Si el contrario le tapa, Osasuna sufre auténticos problemas. Se queda sin salida de balón, y no le queda otra que abusar de pase horizontal o del balón dividido hacia adelante. El centrocampista navarro compitió en inferioridad de condiciones con Cristián Salvador, que siempre encontraba más apoyos y, por tanto, variables en el juego. Nada que objetar al carácter, entrega, mando o implicación en el juego de Oier, pero cada uno es como es. En tal sentido, la libertad que goza Rubén García en la media punta resulta una ayuda importante para Iñigo Pérez, pero estamos hablando de otra cosa.

El partido llevaba camino de atascarse cuando Rubén Baraja cambió su guión. Dio un paso atrás táctico en la segunda parte, quizás buscando el contragolpe, y Osasuna aprovechó para volcarse en la ofensiva. Subió un tono y al menos templó gaitas. Ganó en intensidad, algo clave para encontrar el éxito. Deberá superara sus limitaciones con pulsaciones más altas, revolucionando su ritmo de juego. No queda otra. Así Kike Barja encontró mayor acierto, Clerc recordó algo más al que fue, y apareció Rubén García en todo su esplendor.

La grada también se creció y poco a poco la unión hizo la fuerza. No obstante, todo hay que decirlo, sin la genialidad aislada del libre directo, el marcador llevaba camino del empate a cero, resultado con el que el Sporting daba muestras de sentirse cómodo. Ahí encontró su perdición. El gol, y más en Segunda, suele llegar de la manera más inesperada, y además Rubén Baraja careció de plan B cuando lo encajó. El previsible empuje del histórico club asturiano, que contaba con un cuarto de hora de margen para intentar la heroica, lo contrarrestó Arrasate reforzando el centro del campo con Perea y la defensa con Lillo.  Amarró.

En el cómputo del encuentro, Osasuna ganó ajustada pero merecidamente. Creyó más en la victoria, la buscó con más insistencia, y la encontró cuando los gijoneses dormían en sus laureles. Suele ocurrir, ejemplos sobran. Los tres puntos regalarán tranquilidad para preparar la visita del Numancia con menor carga de ansiedad. Dejan más tranquilidad, por lo menos la necesaria para seguir solucionando carencias.


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