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Opinión / osasuNAvarra

Osasuna reconduce su destino

Por José Mª Esparza 28 febrero, 2016 - 0:24

El equipo de Martín Monreal ha cuajado en Córdoba su partido más completo de la temporada. Los tres puntos logrados en la prolongación le catapultan en la tabla y cierran con nota la crisis vivida en la directiva. 

Pese a los malos prolegómenos de visitar un campo maldito, el Arcángel cordobés, allí Osasuna cuajó uno de sus mejores partidos por juego, intensidad y avaricia. El empate que ya se cantaba como resultado final no premiaba la propuesta futbolística de uno y otro equipo.

El de Martín Monreal mantuvo el balón con más sentido, buscó la portería rival, elaboró más y mejor, leyó adecuadamente los tiempos del partido, y gozó de más oportunidades, y más claras. Por tanto, el empate no hacía justicia. Los cordobeses propusieron un fútbol más plano, más directo, es decir, menos elaborado, confiado en el juego a balón parado de Ríos y el poderío de Andone, y poco más.

Fue Osasuna quien puso el ritmo y marcó los tiempos. Solo en el inicio de la primera parte, en sendas jugadas de estrategia, y en una ráfaga base de empuje en la segunda, impidió hacer su juego al equipo navarro.

Osasuna enseñó de salida en Córdoba sus intenciones de ganar. El técnico siguió con una defensa de cuatro, y sobre todo escoltó la batuta de Merino con el peso de Roberto Torres y la frescura de Otegui

Además jugó con tres atacantes claros, dos extremos (Pucko y Berenguer) y un punta (Urko Vera). Controló el partido, pero se le resistía el gol, pese a casi cantarlo cuando Torres igualó el poste cordobés o Pucko gozó de otro uno contra  uno…

El juego rojillo daba la impresión de corregir lagunas vistas frente al Zaragoza en el partido anterior, donde el planteamiento y la mejoría resultaron muy similares. La imagen de equipo resultó más contundente en el Arcángel cordobés. El bloque funcionó de forma más compacta, sin apenas fisuras, y a Alex Berenguer correspondió esta vez capitalizar los méritos del triunfo.

Claro que hacen falta limar detalles. De la misma forma que Pucko no acaba de ensamblar con sus compañeros, parece que éstos no se han enterado de que ha llegado Urko Vera. Metieron más balones a la olla una vez sustituido que con el barakaldés en el campo.

En fin, detalles sin importancia a la hora de saborear tres puntos tan importantes, fruto de una apuesta más ofensiva y ambiciosa, de un fútbol más alegre, y  especialmente de subir tres peldaños en intensidad. Es difícil transmitir la misma idea de presión cuando se ahoga al rival que creando juego propio, pero no es menos cierto que el equipo había perdido una buena parte de la intensidad con que deslumbró en el inicio de campeonato.

La temporada pesa, lógico, pero también se había bajado el pistón. Ante el Zaragoza la semana anterior, hubo ganas y juego, pero no la misma intensidad que en Córdoba, donde los jugadores acabaron sencillamente reventados. Merecieron merodear la Mezquita de noche para relajar la mente después de cenar.  

Evidentemente, la propuesta futbolística de Martín tenía que cambiar y ha cambiado. No es lo mismo jugar a defender que a atacar, a buscar la permanencia o el ascenso, o jugar con un equipo por hacer o con un bloque que parece consolidado, con refuerzos de auténtico lujo como en Córdoba volvió a dejar bien claro Miguel de las Cuevas.

El técnico de Campanas salió con nota de la primera parte del campeonato, cuando jugó a lo mejor define su estilo. Sin embargo, ahora tiene ante sí un nuevo reto.

Ya ante el Zaragoza dijo de forma diáfana que de acuerdo, que va a por ello, que cambia el ‘chip’, y en el Arcángel encontró el premio. La forma de firmar la victoria, pese a llegar en la prolongación, no tuvo casi nada que ver con las de la primera vuelta a base de contención y algún arreón aislado. El equipo juega a otra cosa. Ha dado un salto de calidad.

Ha sido una semana dura para Osasuna. La comenzó mal, perdiendo unas elecciones por las que posiblemente apostó más de la cuenta, mucho más de lo que debía. Siguió con su particular crisis institucional, dinamitadora también del fracaso en las urnas.

Además, los augurios deportivos tampoco aventuraban excesivas alegrías. El equipo transmitió sensaciones muy positivas por su juego frente al Zaragoza, pero sin pasar del enésimo empate en casa. En fin, en el mundo del fútbol mandan los resultados y un traspié en Córdoba ponía a Osasuna contra las cuerdas.

La directiva movió ficha primero con una decisión del presidente Sabalza que seguramente debió tomar hace tiempo. No es ahora momento de analizar la razón y las razones por las que los ex directivos Blanco y Lafont tenían que salir de la Junta, pero sí de constatar al menos que en ella sobraban.

Y si de coherencia se trataba, la decisión de dejarlo tenía que haber sido suya. Quizás les pesaron más otros intereses. Ahora, por el bien del club, solo queda desear lo mejor a los recién llegados. Lo mismo que felicitar a Martín Monreal después de lograr tres puntos vitales para el futuro del equipo, y en estos momentos también para la institución.


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