Opinión / osasuNAvarra

Otro punto, pero con sabor especial, riquísimo

Por José Mª Esparza 09 enero, 2021 - 23:46

El balón fue del Madrid, lógico, y el poco peligro lo puso Osasuna, prodigioso en defensa. El empate, justo, sabe mejor a los rojillos que a los blancos.

Partido entre Osasuna y Real Madrid correspondiente a la jornada número 18 de La Liga jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Real Madrid correspondiente a la jornada número 18 de La Liga jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Un punto vale lo mismo ante el Sauquillo de Boñices que contra el Real Madrid, pero no es lo mismo. Empatar con el club blanco regala regusto de victoria. La situación agónica de Osasuna demanda victorias con urgencia, pero no perder con el equipo de Zidane no puede dejar descontento a nadie. De hecho, Jagoba Arrasate planteó el partido para no dejarse ganar, con una defensa stajanovista, numantina, en bloque, disciplinada. En la segunda parte subió la presión más arriba y se hizo algo más con la pelota, pero con resultados prácticamente idénticos.

El planteamiento recordó al de Anoeta y, como ante la Real, confirma también un cambio a mejor de Arrasate con los equipos grandes, ante quienes ha ofrecido propuestas que mejor olvidar. Ni hay que tirar el partido ni jugarles a campo abierto. Es preciso medir las propias fuerzas y, sobre todo, tratar de cosechar algo por pequeño que sea, en la situación de penuria total que viven los rojillos. Aún así, sin ir a por todas, hay que hacerlo francamente bien para frenar a la Erreala a domicilio o al Madrid en casa.

Una línea de cuatro con otra paralela y bien próxima de cinco, con apenas un jugador por delante, el incansable Calleri, quien a final de curso merecerá un monumento por su incansable trabajo. Dentro de ese esquema absolutamente innegociable, Rubén García, que merece el monumento ya, gozó de cierta libertad en ataque. Con esas dos líneas Osasuna cortocircuitó los ataques blancos. Dejó sin espacios al equipo de Zidane, muy plano en la primera mitad, en la que no tiró a puerta, y sin peligro en la segunda.

La mayor movilidad que gozó el Madrid tras el descanso también fue debida al paso adelante que Osasuna dio en la presión. Si en los primeros 45 minutos esperó en su campo, después fue a robarlo en terreno ajeno, como en San Sebastián. El partido entró en una fase más dinámica, y relativamente abierta, en la que el Madrid siguió dueño y señor de la situación, pero siguió sin crear peligro. De hecho, el escaso que hubo estuvo más cerca de Courtois que de Sergio Herrera o, a todo lo más, equidistante.

Mal el Real Madrid. Salió congelado, al paso, y cuando quiso espabilar, también se le habían congelado las ideas. En cambio, Osasuna, dentro de su limitación de recursos, tuvo claro que su zona de ataque era la anda derecha blanca, donde un currela llamado Lucas Vázquez suele pifiarla con demasiada frecuencia. Los rojillos le buscaron las cosquillas bien por lo nervioso que suele ponerse fruto de sus limitaciones, por lo desenfocada que a veces muestra en la puntería al combinar, o por lo tarde que recupera la posición. Efectivamente, la banda derecha visitante resultó una autopista para Osasuna.

Lógicamente, Osasuna no cuajó un partido vistoso sino eficaz, con una labor defensiva sobresaliente, más que meritoria de todo el equipo, del bloque, y sobre todo de los dos centrales (los laterales también van cogiendo tono) y un imponente Oier. El capitán estuvo en todas las partes y en todas bien. En fin, empatar con el Madrid tiene mucho más valor que el mero punto. Este no es un punto como, por ejemplo, el de Elche o Huesca. Incluso posiblemente sume menos valor en la tabla clasificatoria, porque el club blanco no es un rival directo. Sin embargo, la confianza que regala para sentirse capaz de todo, el plus de motivación anímica para el futuro no tiene precio.


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Otro punto, pero con sabor especial, riquísimo