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Osasuna pone el mundo al revés

Por José Mª Esparza 09 abril, 2017 - 22:41

La primera victoria en casa fue celebrada de principio a fin igual que un título. El fútbol le debía una a El Sadar y en el partido 31 de Liga se la pagó con el segundo triunfo consecutivo, tercero de la temporada.

Los jugadores de Osasuna celebran el segundo gol de Sergio león ante el Leganés en El Sadar. PABLO LASAOSA
Los jugadores de Osasuna celebran el segundo gol de Sergio león ante el Leganés en El Sadar. PABLO LASAOSA

Tarde de domingo, fútbol, césped brillante, mecido por el sol, fútbol dominguero, primaveral, Osasuna, cielo transparente, ganas de que el equipo inicie el ballet, toca aplaudirle en la salida a escena, viene de ganar a domicilio y ya es hora de hacerlo en casa, El Sadar efervescente, hierve, esto es fútbol, vida. Saltan los jugadores, cientos de niños les esperan para la foto a enmarcar, la grada les jalea, aplaude, revientan los corazones rojos, esta vez sí, toca, vamooooos. En frente, el Leganés, que marca la línea de la salvación y se juega el futuro. No se trata de un equipo de campanillas, sino de un recién ascendido, como el Alavés, es decir, hay que jugarle sin complejos y… vencer.

Rueda el balón, sorpresas, solo tres defensas, los tres centrales, con sendos carrileros en avanzadilla a los costados: en el derecho Aitor Buñuel, qué pequeño gran jugador, y en el otro Olavide, que se abraza con Fuentes en pro de un necesario entendimiento entre ambos. Hay más novedades, junto a los pivotes Fausto Tienza y Fran Mérida se pegan Kenan Kodro y, por qué no, Riviere, que luchó más que en toda la temporada junta. En punta, el delirio. Vasiljevic se ha dado cuenta que debe alinear a Sergio León, y que debe dejarle libertad, da igual que no defienda, pero ya entrará en ataque cuando quiera y pueda, cuando le lleguen balones. Ésa es la consigna.

No importa el mal comienzo, el enésimo fallo en defensa, en esta ocasión al cuarto de hora a la salida de un córner, Siovas remata en el área pequeña y libre de marca. Imperdonable, pero no pasa nada. Pinta remontada. Los futbolistas aprientan los puños, se animan unos a otros, y pasan consignas al compañero, faceta en el que Fuentes lleva camino de ser entrenador cuando cuelgue las botas. Consejos da … Tampoco faltan ánimos para el que falla, caso de Olavide, que siente al lado a Kenan Kodro y Fausto Tienza para levantarle el ánimo. Esto es un equipo, una piña, dispuesto a la remontada.

A la media hora Sergio León reventó El Sadar, se inventó un penalti y lo marcó. Osasuna resucita en el Domingo de Ramos, abrazos en la grada, ruido ensordecedor, a los madrileños les tiemblan las piernas, ¿dónde estamos? Se preguntan. Esto es El Sadar, esto es Osasuna. Vuelta a empezar, pero la temperatura es roja, y la inercia, y la dinámica, para nada albiazules. Los pepineros ponen más control de balón, y crean ocasiones, pero tampoco es para tanto, carecen de pegada. Los rojillos lo ven claro, se trata de esperar, de templar, de jugar con cabeza, y Vasiljevic les echa una mano ordenando un pelín el esquema plantando a Berenguer por el trabajador Riviere, lo que permite a Olavide adelantarse y ayudar en la creación.

Fuerzas niveladas, un partido con pasión. Los madrileños no quieren morir y Osasuna necesita demostrar que sigue vivo. Increíblemente, a los rojillos no les pesan las botas, son colistas pero con la cabeza liberada, con orgullo. Se nota, hablan entre ellos, se corrigen, juegan juntos, solidarios. Los tres puntos no pueden escapar. Hay que dar otro paso adelante. Del banquillo sale Causic para relevar a Fausto Tienza que no puede más, que ha dado el alma. Un monumento merece el centro campista de Talavera del Real. En cada balón deja todo su ser a la par que los disputa en todas las partes del campo y acompaña al compañero que lo necesite.

Con Causic llegó un nuevo empaque en la creación y Sergio León volvió a inventarse otro gol, seguramente el voleón de la temporada. Todavía andará preguntando Iago Herrerín por dónde entró, y de donde vino. Lo bueno es que el conjunto de Vasiljevic quería más, no se replegó para morir. Continuaba sin encadenar jugadas, pero iba a lo suyo y, por partida doble, a punto estuvo de conseguir matar el marcador antes de detener las postreras ínfulas pepineras, algo que tampoco resultó difícil con la particular megafonía de Graderío Sur a tope. El Sadar no perseguía solo la victoria, sino la gloria, una alegría profunda, enorme, infinitamente esperada.  Los aficionados no abandonaron el campo, ni los futbolistas, unos y otros fundidos en un abrazo eterno jaleando con cánticos el nombre de Osasuna.

Son apenas tres puntos, pero parecen tres Champions. Había muchas ganas acumuladas, y demasiadas frustraciones, infinitas. El segundo triunfo de la temporada, segundo consecutivo, primero en casa, cambia perspectivas. Ahora hay que ir a ganar también al Vicente Calderón, ¿por qué no? Sueñan no pocos aficionados. El mundo al revés, Osasuna le ha dado la vuelta. Ganó al Leganés el partido con remontada y ahora quiere remontarle en la clasificación.  Soñar es libre mientras las matemáticas no lo impidan. No obstante, con los pies en el suelo, el primer objetivo no puede ser otro que terminar sin el farolillo rojo del campeonato, algo ahora posible. Después, allá cada cual.  


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