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Osasuna pierde iniciativa e identidad

Por José Mª Esparza 21 junio, 2020 - 23:32

Con el mismo once y teórico planteamiento de Anoeta el comportamiento quedó muy lejos en la primera parte, y después, al Osasuna más clásico de Jagoba, se le acumuló su mayor carencia, la falta de gol.

Oier Sanjurjo se lamenta de un cabezazo que ha salido fuera de portería ante el Valencia. CA Osasuna.
Oier Sanjurjo se lamenta de un cabezazo que ha salido fuera de portería ante el Valencia. CA Osasuna.

Alavés, Leganés y Eibar son los tres próximos compromisos. Malo será. Parecen asequibles, incluso aptos para allanar el camino hacia la rampa final. Hay que mirar al futuro, no queda otra. El presente resulta poco halagüeño, más ahora que vivimos en un hoy y ahora que atropellan. Las ilusiones de Anoeta ocurrieron hace una semana y ya se pierden en el olvido. Duele más el último desastre de El Sadar, que Mestalla no pudo arreglar. En tierras levantinas, Osasuna ofreció algo más en la segunda parte, pero lejos de arreglar el desaguisado de la primera.

Además, imposible despejar la pregunta del millón ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Dicho de otra forma, ¿cuándo se repliega un equipo por estrategia premeditada o por presión del rival? Opiniones las hay para todos los gustos, también según lo visto en Valencia. Tengo clara la mía. Visto al conjunto ché ante el Levante y Real Madrid, constatado su bajonazo estructural en la segunda mitad, empezar ésta con dos goles a favor resulta un escenario de ensueño, y más ante un equipo con alarmante carencia de gol.

El cuadro de Jagoba Arrasate salió teóricamente con el mismo once y estrategia de San Sebastián. Lo primero resulta fácilmente constatable. Lo segundo no pasa de mera entelequia. Nunca tuvo la iniciativa. En Anoeta apreciamos de manera diáfana a qué quería jugar y jugó Arrasate, en cambio en Mestalla no nos enteramos durante toda la primera mitad, en la que no lanzó una sola vez a puerta contraria. Ocurrió como ante el Atlético. Nunca sabremos de las intenciones del míster a tenor de lo visto sobre el césped. Hay que jugar a adivinos.

Ciertamente, el escenario cambió tras la reanudación. El técnico rojillo tiró de urgencias durante el descanso. Alineó su esquema y once más clásicos con la permuta obligada del Chimy por su antípoda Enric Gallego. Mejoraron las prestaciones, hubo llegadas, el Valencia se replegó, incluso pudo llegar algún golito, pero lo cierto es que los ché, a pesar de su sufrimiento relativo, nunca vieron peligrar el marcador. No se plantearon si el huevo o la gallina. No lo necesitaron para nada.

Es la cruda realidad. En cambio, a este Osasuna le urge mejorar en la presión, en el trabajo a destajo sin balón frente al rival, y debe aclarar sus ideas en las tres líneas. No es lo mismo defender con cuatro defensores que con tres centrales como en Mestalla, sobre todo si esta línea defensiva se enroca en posiciones muy adelantadas. Los huecos a sus espaldas abren autopistas para el rival.  La inseguridad afecta a todo el conjunto y genera al conjunto falta de confianza en sus posibilidades.

Pero pese a los evidentes problemas defensivos, más preocupantes resultan en el centro del campo, donde la confusión acaba cegando la propia iniciativa y regala alas al adversario a poco avispado que sea, y el Valencia lo es mucho. Tiene hombres para serlo. Los carrileros no defienden ni atacan, alargan su confusión al ´trivote’, por llamar de la alguna forma al centro del campo real, y los incomunicados y solitarios delanteros quedan sumidos en una lucha imposible, máxime si tampoco tienen su día.

En fin, es lo que más o menos pudo suceder en Mestalla. A pesar del mismo once y teórico planteamiento, a diferencia de Anoeta, el cuadro rojillo no logró sorprender ni hacer su juego hasta que el Valencia cambió sus parámetros durante la segunda mitad para gestionar la ventaja de dos goles ante un rival que encuentra serias dificultades en lograrlos. De todas formas, hay que destacar que el equipo compitió en ese segundo tiempo, no se descompuso todavía más como frente al Atlético.  Algo es algo.

Como apuntábamos al principio, es ahora frente a Alavés, Leganés y Eibar donde los rojillos deben solucionar esta mini temporada que tampoco debe plantearles problemas mayores. La zona de nervios y peligro todavía hay que mirarla con prismáticos, es decir, con un margen que sigue pareciendo más que suficiente pese a la velocidad estratosférica con que avanza el calendario. Osasuna debe reencontrar su orden, contundencia y fortaleza defensiva. Su identidad.


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