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Osasuna, una olla a presión

Por José Mª Esparza 05 noviembre, 2022 - 21:48

Partido completo de los rojillos, sea aguantando, al ir a por todas o buscando el control. Una victoria de mérito, valiosa, de tres puntos de calidad. Para mirar alto.

El Chimy Ávila celebra uno de sus goles. EFE
El Chimy Ávila celebra uno de sus goles. EFE

Dos golazos del Chimy dieron la victoria a Osasuna en Balaídos. El primero con temple, disparo frío, largo, desde el lateral de fuera del área, meditado, racional, colocado, preciso, letal.

El segundo, llegando desde atrás, de pillo, tomando inercia, ensamblando cabeza con balón, dirigiéndolo donde buscaba con fuerza, también letal. Ambos premiaron una labor de equipo, coral, donde todos brillaron y todos pasaron desapercibidos en beneficio del grupo.

Todos jugaban a todo, es verdad. Resulta difícil establecer las demarcaciones de salida de cada jugador. Estaba clara la defensa y la jerarquía de Torró por delante de ella, o la referencia de Budimir en la parte más alta, pero curiosamente, quien aparece delante de Aspas cuando iguala el primero de los golazos de Chimy es precisamente el ‘príncipe’.

La jugada del primer gol también nace en Ante. Peina la pelota en medio campo, pero no a cualquier parte como estamos acostumbrados, sino con un pase preciso a Kike Barja

Decíamos que todos jugaron a todo. Por encima de si Arrasate trazó un 4-1-4-1 o un 4-3-2-1, los once se entendieron en su cometido. Defendían y atacaban o, cuando tocó, durmieron el juego. Presionaron arriba, ahogaron la salida de balón del Celta, tres rojillos quemaban a un celeste al mismo tiempo. En ataque, el rojillo que conducía nunca miró atrás, siempre encontró opciones de pase a un compañero desmarcado, con espacio.

Entre las estadísticas del partido hay una que llama la atención. El Celta realizó 458 pases mientras Osasuna se quedó en 252, pero el dato no refleja la percepción de dominio del juego, del partido.

Además, no jugó Osasuna al pase corto, sino con pases largos, de lado al lado, abriendo espacios. Conseguía con dos pases más que los gallegos con cinco. Además, los celestes cayeron en la trampa, dejaban huecos.

Es cierto que el Celta salió a por todas, que la primera media hora pareció más temible de lo que realmente fue, pero es que Osasuna también saltó al campo con idea de ir a por todas, de que pasaran muchas cosas, de tal forma que durante la primera parte vimos un partido intenso, con mucho ritmo, loco y alocado. Efectivamente pasaron muchas cosas, sobre todo porque los rojillos fueron a más. Se lo creyeron y encontraron el premio.

Tras el descanso cabía esperar a un Celta enrabietado, necesitado, agónico. La orden para contrarrestarlo pareció atar el balón. Es decir, control. La salida temprana de Nacho Vidal confirmó sensaciones.

No renunció al ataque, fundamental si se quiere intimidar al rival, meterle miedo y que no te atosigue. De tal envite, Osasuna salió airoso, obtuvo nota alta, fue muy superior entonces a los celestes, pese a que animaron a lucirse a Aitor Fernández, sobresaliente también.

Las cosas cambiaron con los cambios realizados en el minuto 72. El cambio de Budimir por Kike García sentenció las intenciones. La olla a presión que había sido el comportamiento y juego del equipo asomó la segunda línea y Arrasate la apartó de fuego. 

La tarea no fue otra que conservar el botín. Como es bien sabido, esto tiene su riesgo sea en forma de rebote o de penaltito. Menos mal que primero apareció Aitor Fernández, y se impuso la lógica después.


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