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Osasuna no pudo con el Athletic, ni puede consigo mismo

Por José Mª Esparza 01 abril, 2017 - 20:21

Raúl García tuvo el 0-3 a bocajarro. Con solo disparar al frente le valía, pero tras unas décimas de segundo, quizás, de confusión mental, lanzó el balón fuera. A los pocos minutos le sustituyó Valverde.

Partido entre Osasuna y Athletic Club disputado en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido entre Osasuna y Athletic Club disputado en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Así tituló en 2005 su crónica Jesús Riaño tras un 1-6 ante el Málaga: “Club Patético Osasuna”, y así podría titularse la derrota que dejó el Athletic, a la postre maquillada tras la salida final de Sergio León al campo, que le costó un nuevo abucheo a Petar Vasiljevic. El titular levantó entonces polémica, porque “patéticos” pueden resultar los directivos, técnicos o jugadores, pero nunca el club, argumentaban los indignados con el calificativo. Uno de ellos fue el entonces presidente, Francisco José Izco Ilundain, quien como acostumbraba hizo llegar su acostumbrado enfado. En fin, así fueron las cosas, y así son también una docena de años después, aunque por diferentes motivos, en nuestro querido Club Atlético Osasuna.

Con directiva provisional, sin capacidad de comprometer a futuro a posibles terceros; sin planificación pura y dura para la próxima campaña en Segunda; sin saber todavía qué va a pasar en ésta, porque nadie ofrece explicaciones al respecto; sin conocer a ciencia cierta quién manda en el club, si Luis Sabalza, si Fran Canal o su acólito Alfonso Ramírez; y sin dar la cara el equipo ante su afición nada menos que ante el Athletic Club, porque tampoco existe el orden y concierto sobre el césped, así claro que Osasuna merece recuperarse el calificativo de “patético”. El Bilbao de toda la vida se llevó de Pamplona una de sus victorias más cómodas de la temporada. Osasuna no pudo con el Athletic, pero el problema realmente grave es que tampoco puede consigo mismo.

Podrían hablarse de muchas facetas que ofrece Osasuna tras la infinita derrota de la temporada, hasta de la Ley de Símbolos derogada esta semana. Curiosamente hubo más ikurriñas que banderas de Navarra en El Sadar, pero solo una en la grada del Athletic, por cierto con la tela pegada a otra del club. Sin embargo la visita del equipo bilbaíno, la última en no se sabe cuánto tiempo, invita a un paréntesis en los comentarios sobre por qué el Club Atlético Osasuna merece en estos momentos el calificativo de “patético”, y obliga a centrarse en el partido, aunque sea para repetir la historia contada en cualquiera de las infinitas derrotas precedentes.

El partido duró once minutos, el tiempo en que tardó en llegar la jugada en la que Williams mareó en la banda a David García y centró el balón que inconcebiblemente Aduriz remató a placer a la red tras el enésimo fallo defensivo en cadena. El gol sentenció la superioridad táctica, física, técnica y anímica de los bilbaínos. Parecía que por tratarse del Athletic habría un paréntesis en la desastrosa marcha de la temporada para lograr la primera victoria en casa. Vana ilusión. Los bilbaínos presionaron desde el principio, cada uno hizo el doble de kilómetros que cualquier rival, llegaban antes a todos los balones divididos y los sacaban controlados, creaban peligro, eran dueños del juego. Los rojillos no sabían por dónde les daba el aire.

No merece la pena entrar en la enésima revolución en el once, que no hace sino ahondar en el despiste general con que los jugadores saltan al campo, y que enseguida se convierte en impotencia, en un “patético” deambular por el campo. Pueden salvarse el cumplimiento de Aitor Buñuel, las subidas de Clerc, el trabajo de Oier, o el despliegue de De Las Cuevas, quien más peligro creó tratando de cubrir una zona desatendida, la más en punta. Hasta podrían salvarse más detalles, pocos, porque con el gol en el bolsillo el Athletic redujo una velocidad y esto permitió coger algo de aire al cuadro navarro, por lo demás sin posibilidades de inquietar a Kepa. Sin embargo, un nuevo error defensivo clamoroso permitió a Williams, desequilibrado, regatear y sentenciar sin oposición al filo del descanso.

El equipo de Bilbao, muy cómodo, demasiado tranquilo, bajó otras dos marchas y el partido no tuvo por dónde cogerse durante la segunda parte. Uno de los rojiblancos que más bajó el pistón fue Raúl García, quien tuvo el 0-3 en una jugada de las que no falla, pero que falló vaya usted a saber por qué. El caso es que Valverde le sustituyó por Iturraspe a falta de media vuelta. A cambio se llevó la ovación de la tarde. El Sadar le quiere. Todo lo contrario que a Iker Muniain, abucheado en todo momento. El sopor se alargó hasta el cuarto de hora final. La salida de Sergio León propició el gol rojillo y reanimó a la grada, ilusionada con la posibilidad de privar de dos puntos a los bilbaínos. Otra ilusión vana, como todas en esta temporada. Y lo que queda todavía, con elecciones o sin ellas. 


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